Oliver y Benji buscan defensa

DEPORTES

MARK BAKERAN / REUTERS

04 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Veinte minutos eléctricos regalaron Japón y Bélgica para mantener su mano a mano por acompañar a Rusia a la siguiente fase. Cayeron entonces cuatro goles al son de los Oliver y Benji nipones. La chavalada de la selección anfitriona (una alineación con 24 años de media) imprime un ritmo que recuerda al de Campeones . La serie de dibujos triunfó en España a principios de los noventa, gestada en un país aún en pañales para el fútbol. A aquellos chicos que marcaban tantos en de moviola les llegaría ahora este Mundial. Algo de ellos hay en el juego de Japón. Hasta su entrenador, el francés Philippe Troussier, aceptó convertirse en héroe de un superventas manga , que distribuye Big Comics. Ese ritmo acelerado de Japón convirtió el primer tiempo en un tostón. Imposible ver tres pases, con el centro del campo tomado por los fuguillas nipones liderados por Nakata, que sólo dejaron tres defensas atrás. ¡Y vaya tres! Son el principal problema del anfitrión. Cuando fútbol y ritmo coincidieron en la segunda parte, empezaron sus regalos. El primero lo cazó Wilmots al enganchar de chilena un balón caído del cielo tras cuatro toques. A los chicos de ojos rasgados sólo les faltó aplaudir. Respondió Japón con el oportunismo de Suzuki para meter la uña en un pelotazo y empatar. En el frenesí, disfrutaba, porque si en algo supera a Bélgica es en velocidad, mientras que cada balón parado sembraba la zozobra a su zaga, triste y sola. Así que decidió presionar arriba y logró su premio cuando Inamoto, un talentoso medio centro, suplente perpetuo en el Arsenal, enfiló a Peeters y batió a De Vliege con suficiencia para marcar el gol que debería suponer el triunfo. Debía suponerlo si sus colegas de zaga no elevasen un monumento a la descoordinación al tirar un fuera de juego y servir a Van der Heyden el empate. Regalos incluidos, Japón también habría ganado gracias a una preciosa jugada de Inamoto, otra vez, que el árbitro, un tal Williams Mattus, quiso cargarse aún no se sabe muy bien por qué.