«¿Te sobra alguna entrada?»

Pablo Gómez Cundíns
PABLO GÓMEZ A CORUÑA

DEPORTES

Kopa

DEPORTIVO La ocasión lo requería. Los soportales de La Marina hicieron honor a su historia y soportaron estoicamente a la marea blanquiazul, ávida de manosear el preciado boleto que daba derecho a vivir en el Santiago Bernabéu durante un par de horas el próximo miércoles.

25 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Las largas filas bajo las galerías acercan al pensamiento tres tabús: el dopaje (no se aguanta tanto sin ayudas), la reventa (haberla, hayla), y la superstición (se comentaba que cuando las oficinas del Dépor compiten con las del Inem, la victoria es segura). Sólo quedan cuatro días para retirar las entradas. Pasar uno sumergido en las colas de la Copa es un ejercicio espiritual de incalculables efectos: Madrugón y tentetieso. Cuando no estaban puestas ni las calles, en La Marina había un deportivista al quite. Seis menos cuarto de la mañana, más de tres horas antes de la apertura de las taquillas. Cuatro horitas de tertulia. Ya con la luz del sol, a las nueve de la mañana, llegó otro aficionado. Por su rostro, ahora parece un hombre feliz. Pero lo cierto es que diez minutos antes nadie lo hubiese apostado. Esperó cuatro horas, amenizadas, eso sí, por una apasionante tertulia futbolística. Se abren las taquillas, llegan los refuerzos. A las nueve y media llegan a las oficinas los empleados del club. Las taquillas se abrirán a las diez de la mañana. Será una semana dura. Llegan refuerzos. Dos empleados más colaboran en la puerta. Se encargarán de~ verificar los datos personales de los aficionados. Alucinan con las largas filas. «Ni que la gente tuviese miedo de quedarse sin entrada, je», dicen a dúo. ¿Huele a premonición, quizás? Padre e hijo (1). Máximo Vázquez hijo llega a las 11. Ejecuta sus cuatro reservas de grada baja fondo norte. Pero no puede hacer lo mismo con las cuatro de preferencia de su padre. «Ya no hay entradas de esa grada», le dicen. «¡Pero ya las he pagado y aquí está el resguardo!», protesta. No sirve de nada. Se va a las 15 horas. Mañana y tarde; día y noche. En la sesión vespertina ya no hay colas. Alguno se acerca a recoger entradas para el Juventus. Todos miran de reojo a la acera de enfrente, y a los municipales. Hay demasiados coches en doble fila. «¿Te sobra una entrada?». Era la pregunta del millón. O, mejor dicho, de los noventa euros (14.975 pesetas) que se pagaban ayer por un billete de cuarenta (suele pasar en las vísperas de partidos tan importantes como el del Bernabéu). Insistencia. Demasiada. «Pero, ¿cuántas quieres?». «Las que tú me puedas conseguir». «Espera, tengo que preguntar un poco». La pasión por el Deportivo tiene estas cosas, aunque a unas avispadas niñas que están a la cola les huele a reventa. Inevitable. Padre e hijo (2). Vuelve Máximo Vázquez. Esta vez acompañado de su padre. Son las 17:15 horas, pero no hay tutía. Se van. Planea la sombra de la denuncia. Padre e hijo (y 3). Los dos Máximo Vázquez no desisten. Llegan a la plaza de Pontevedra. El cuartel general del Dépor se quema a llamadas. Pero esta vez todo son buenas maneras. El consejero Francisco Dopico pide y da. Pide disculpas y da cuatro entradas. Menudo disgusto. Ahora el que sospecha es el socio. En buena hora consultó su problema en la sede blanquiazul. La clave. ¿Ha respondido el deportivismo, o es ruido sin nueces? ¿Se habrán despachado muchas entradas reales, con respecto a las reservas? «El club dispone de esos datos, pero no se van a hacer públicos», dice el Dépor. Mañana, más. De diez a una, y de cinco a siete y media: fondo norte grada alta y tribuna.