DEPORTIVO
18 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La megafonía no pidió durante el encuentro que el público se contuviese de saltar al césped de Riazor al final del encuentro. Por un lado, no se esperaban que un subcampeonato provocase la invasión del estadio y, por otro, la experiencia del año pasado decía que no por mucho avisar... Además, la carencia de vallas era como una invitación a probar el verde del estadio blanquiazul una vez más. El público más joven se adelantó al pitido final de Pérez Lasa y corrió hacia los jugadores deportivistas. Éstos se habían arrimado poco a poco al túnel de vestuario, y los aficionados no pudieron pescar ninguna codiciada prenda. Tampoco tenían placet para dejarlos en calzoncillos, rito extendido desde la liga peruana, pero que también se vivió ayer en los campos del Roma y del Juventus de Turín. La invasión al campo fue el colofón a una tarde en la que, si bien el lleno no fue absoluto, sí se presentó un ambiente animoso y en el que la afición respondió como una misma voz a todas las acciones de sus jugadores. En cada aplauso, en cada grito de ánimo, la hinchada evaluaba el comportamiento de toda la temporada, los errores del momento se negaban, y los aciertos se ponderaban. Además de los aplausos a Djalminha y Makaay en los cambios de la segunda parte, la mayor y más emotiva ovación fue para el portero camerunés Jacques Songo''o. En cuanto salió a calentar, el respetable se olvidó del choque y sólo estuvo pendiente para homenajear en su despedida «al portero titular del año de la Liga». Y Songo''o se fue del campo como entró: diciendo adiós con ambas manos. Las pancartas que se dirigían a Lendoiro ya no eran para solicitarle la renovación de tal o cual jugador, sino para felicitarle. Todos los nombres de los participantes de ayer fueron coreados, rito sólo interrumpido cada vez que el Barcelona marcaba en el Camp Nou a los de Cúper: la Liga frustrada es una herida que sique abierta (incluso muchos no se enteraron de la derrota final de los chés al coincidir el gol de Rivaldo con el pitido final en A Coruña). Después de montar guardia durante muchos minutos en Manuel Murguía, esperando la salida de los jugadores, algunos aficionados fueron a tomar posición en la fuente de Cuatro Caminos, de las que los responsables municipales ya habían dado orden de no suministrar agua «para evitar males mayores». Pasadas las once y media de la noche, los aledaños de la fuente se poblaron de deportivistas, bocinas constantes, camisetas de Dreamcast y añejas de Feiraco, y niños que no pudieron evitar mojarse con el agua residual. Todos con una conclusión emotiva. El calendario de Liga del Dépor habrá sido bueno o malo, pero es una suerte que el campeonato termine en casa.