El banco de los acusadores

Pablo Gómez Cundíns
PABLO GÓMEZ A CORUÑA

DEPORTES

XURXO LOBATO

FÚTBOL / DEPORTIVO

26 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Una original teoría futbolística reserva el éxito a aquellos clubes capaces de construir un equipo sobre dos pilares: once jugadores de lujo y otros tantos que, sin ser unos tuercebotas, garantizan un rendimiento aceptable en caso de necesidad. Con ello, el entrenador de turno se asegura un equipo apañado y una convivencia tranquila. Los suplentes saben que lo son por sus méritos. Las disonancias surgen cuando la plantilla roza la elite dentro y fuera del césped. Los suplentes -rebautizados como no habituales- saben que podrían rendir al mismo nivel que los titulares. La envidia sana pasa a mejor vida. Surgen las voces disonantes. Con la precisión de un reloj suízo, Javier Irureta escucha las quejas de los que no suelen disputar muchos encuentros. El último, César Martín. Internacional sub-21 con el Oviedo, sus comienzos en A Coruña no pudieron ser más prometedores. Una grave lesión, osteopatía de pubis, dio al traste con su futuro inmediato. César dejó de contar para el técnico irundarra y vio cómo su futuro como blanquiazul se oscurecía. Perdió el tren de los Juegos Olímpicos y el de la selección absoluta. Ahora, el ovetense asegura que condiciona su continuidad en el club coruñés a la renovación de Javier Irureta. No está satisfecho con su situación y no espera que vaya a cambiar. Con contrato en vigor hasta el año 2006, puso el grito en el cielo: «Tengo muy claro que no puedo seguir más tiempo en esta situación. Sólo he jugado tres partidos esta temporada y tengo que mirar por mi futuro, que no puede estar de grada en grada. He dicho estas cosas después de un tiempo de descanso y reflexión, no es producto de una calentura», aseguró. Un dato para la reflexión: con Hélder en Portugal y Donato con un pinchazo, las puerta estaba, cuando menos, entreabierta. El Deportivo pre-campeonato era una bomba de relojería fuera del tepe. Irureta supo poner en orden. Sin embargo, el deseo de titularidad -con todo lo que ello conlleva- es un sentimiento más fuerte. El banquillo mueve ficha y acusa ante su descontento. La reiteración es notable. César no fue el primero. Ni será el último. El central dio un aviso. El propio César comentó la pasada temporada que su situación no era la idónea. «Parece que he cometido un crimen al lesionarme», aseguró. Pandiani sufrió los primeros rigores. Irureta consideró que sería el tercer delantero. Walter quiso demostrar lo contrario. Optó por la vía de la concordia: «Makaay, Tristán y yo somos compatibles». Makaay, otra de atacantes. El holandés se lesionó de gravedad en la pretemporada. Nunca hubo temor: «El delantero titular soy yo. El club puede fichar a quien quiera (por Tristán) pero yo no me preocupo». Ramis cumplió años después. El tarraconense lo había anunciado con decenas de meses de antelación. Esta campaña hizo memoria: «La situación es insostenible. Si puedo marcharme, lo haré». Está en el Racing. Turu Flores, casi traspasado. El argentino reconoció: «Tengo los días contados. Quería irme porque quiero jugar. No me llega con actuar un día sí y otro no». Fernando, víctima de una encerrona. El interior madrileño fue grabado cuando criticaba la actitud que Irureta mostraba hacia él. «Ya me buscaré el año que viene equipo o él se irá», llegó a decir.