El pacificador de la «ONU»

Alfonso Andrade Lago
ALFONSO ANDRADE A CORUÑA

DEPORTES

DEPORTIVO

19 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

«Yo en su lugar empezaría a tomar Valium», debió de pensar José Manuel Corral cuando Irureta lo relevó en la ONU. Así se conocía entonces al Dépor, y no sólo por la procedendia de sus jugadores, sino también por su incontrolable anarquía. Cuando el vestuario llegó a ser un engrudo perfecto de cordero, chorizo criollo, lacón con grelos, feijoada y champán, Lendoiro contrató un pacificador. Para curar la indigestión, el vasco recetó nacionalización, trabajo y humildad, y el enfermo empezó a digerir. Han pasado dos años y medio, y el técnico divisa ya su partido de Liga número cien con el Dépor, escoltado por dos títulos y una lista de récords. Pero el que un día marcó a Pelé no acaba de encajar en A Coruña, sencillamente porque no se siente querido del todo por una afición que empieza a comprobar su eficacia. Carece del gancho de gente más joven, que promete agresivas máquinas de jugar al fútol a base de labia y de retorcer hasta lo irreconocible la estudiadísima teoría de un deporte centenario. El irundarra no vende, porque pasa de audacia arrolladora para quedarse en determinación sosegada, y eso parece impedir que una parte de la grada se identifique con él. Misa, sencillez, paseo, familia y tardes de radio son valores que encajan mal con el perfil del yuppie balompédico, de pelo engominado y curso de italiano bajo el brazo, pero con el libro de Maradona sobre la mesilla. La afabilidad hace de Irureta una persona normal, y eso se lleva poco, aunque Barça y Madrid hayan tomado ejemplo. Los entrenamientos de Irureta no emborronan pizarras. Se basan en la simple compenetración de jugadores en un fútbol en que todo está inventado. Aun así se le sigue achacando una estrategia simplona después del último gol de Víctor en el Camp Nou. Por ahora, sabe que seguirá poniendo el pecho a las balas para conseguir la amalgama entre sus jugadores, que han aprendido a sobrellevar diferencias y a los que da gusto ver disfrutar por fin de un proyecto en común.