La escritora bonaerense Sofía Balbuena, premio Ribera del Duero de cuentos por su libro «Personaje secundario»
CULTURA
El jurado reconoce a la autora argentina afincada en Madrid por ser dueña «de un universo moralmente complejo y literariamente arriesgado»
19 mar 2026 . Actualizado a las 13:05 h.La escritora argentina afincada en Madrid Sofía Balbuena (Salto, Buenos Aires, 1984) se impuso en la novena edición del premio Ribera del Duero de cuentos, promovido por la denominación de origen vitícola y el sello Páginas de Espuma, con su libro Personaje secundario, del que el jurado elogia su «prosa acerada» y la «mirada implacable» sobre sus criaturas. Los relatos del volumen, señala el fallo, pergeñan «un universo moralmente complejo y literariamente arriesgado», que le sirve a la autora para explorar —«con ironía y aun con un punto de subversión»— las convenciones afectivas del mundo contemporáneo, «las formas del amor, la amistad y todo lo que hay en medio», subraya el jurado presidido por el escritor Juan Gabriel Vásquez e integrado además por las escritoras Nuria Barrios y Paulina Flores.
Balbuena se mostró feliz por este importante reconocimiento recibido por su primera obra estrictamente de ficción, terreno en el que se considera «una arribista», ya que su ecosistema de trabajo habitual es el ensayo e incluso, matiza, su primera novela, Sutura (Seix Barral, 2025), está levantada sobre un importante ejercicio de autoficción.
Vásquez ensalzó la «arquitectura astuta de este extraordinario libro en que los cuentos dialogan entre sí, se enriquecen, haciendo honor a lo que aconsejaba el autor estadounidense Tobias Wolff sobre un buen libro de relatos: ‘‘Debe ser como una novela en la que los personajes no se conocen entre sí''». Son los de Personaje secundario cuentos que «giran alrededor de criaturas vulnerables, sorprendidas en un momento de revelación, de epifanía», como, recuerda Vásquez, explicaba Joyce sus cuentos. Los retrata Balbuena en un instante en que alcanzan a comprender algo, emociones breves, efímeras pero ricas en importancia para la vida. «Decía Julio Ramón Ribeyro —prosigue— que sus cuentos eran la historia privada de una decisión humana, los de Balbuena son la historia privada de una emoción», arguye para aludir a cómo se inserta esta obra en la tradición latinoamericano, y apela a Borges y el Cortázar de la última época, y, sobre todo, a Manuel Puig, en el caso de la quinta pieza, erigida sobre diálogos, «un pequeño acto de virtuosismo de la autora vertebrado a través del oído y del modo en que habla la gente».
Para Barrios, en esta obra de Balbuena emerge una voz novedosa, critica, inteligente y muy íntima sobre las mujeres del siglo XXI. «Saben donde están, quienes son —ahonda—, y sin embargo se ven atrapadas en narrativas que no deben ser la suya, sino la de sus madres y sus abuelas». Uno de los grandes aciertos de la autora, concede, es que trata este tema con «una luz fatalista y al tiempo esperanzada que sobrevuela sutilmente el texto».
En esa veta incide Flores, que valora el libro como un tránsito por una especie de desolación protagonizado por mujeres muy inteligentes, impulsivas, que van dando volantazos, y que conduce felizmente hacia la risa, el humor, la ironía, la sororidad. Y erige así de alguna manera una crítica a cómo funciona la vida real, «contra el exitismo trumpista, ese que transformó el conformarse en perder, en el fracaso».
Balbuena asume que hay en ella una mirada «con tendencia hacia lo chiquito», a la que se presta naturalmente el cuento. Y en esa línea menciona referentes de la narrativa norteamericana como Munro y Carver.
«Leyendo aprendí a estar sola, a cultivar el silencio»
Sofía Balbuena recordó cómo había llegado tarde al oficio de escribir, pese a que trabaja en la enseñanza de la escritura creativa, la lectura y la edición. «Esta carrera me sigue pareciendo extraña. Y es que escribir es un privilegio y un premio de este calibre, un suceso extraordinario». Continuó haciendo memoria familiar: «En mi casa no había biblioteca, en mi pueblo no había librería. Pero tengo grabada la imagen de mi madre leyendo bajo la luz blanca de la cocina, cuando aún todos duermen, muy temprano, cebando mates. Era aquello como un escudo, un secreto, que la protege del mundo, que no accedía a compartir. Y yo copié de lejos su ejemplo, leyendo. Fue así como aprendí a estar sola, a cultivar el silencio, como un regalo. Estaba en esa inclinación del cuerpo de mi mamá sobre un libro, aunque en mi caso no como forma de contención ante el ruido de una casa llena de gente, de protegerse. Quizá yo, con mi escritura, le esté pidiendo que me preste atención. Muchas gracias por enseñarme a leer, mamá», concluyó su emocionado discurso de recepción del premio.
Un galardón, dijo Juan Gabriel Vásquez, que ha contribuido a afianzar el género del cuento en la península Ibérica, conectándolo con la gran tradición latinoamericana. Y es que el concurso batido su récord de participación con los 1.929 manuscritos recibidos, un 73% más que en el 2025, que proceden de 36 países.