La resistencia de los cines independientes en Galicia: «Asistir a unha sala é diferente e transformador»
CULTURA
Un público fidelizado, una programación cuidada y la oportunidad de hablar con elenco y directores son los ingredientes de su continuidad
17 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La pandemia, la irrupción y popularización de las plataformas de streaming, el precio de las entradas, el cambio de hábitos culturales... Y con todo, ayer por la mañana, la sala Numax se había llenado de niños para ver cine. «Seguramente as salas independentes resistimos algo mellor as oscilacións do mercado», dice Xan Gómez Viñas, programador de la compostelana sala Numax, sentado en una butaca minutos antes de ser ocupada por un escolar. Salas como esta tienen menos dependencia de los grandes blockbuster y de la crisis de la industria de Hollywood y además cuentan con un público «bastante fidelizado» que asegura una continuidad. Y tanto. El proyecto acaba de cumplir diez años en la ciudad, donde ya es una referencia. Numax arrancó en el 2015, en un momento en el que cerraban otras salas míticas de Santiago, como los Valle-Inclán o los Multicines Compostela. Estos últimos han vuelto a la vida con una programación que también da mucho espacio al cine independiente. De los primeros ya solo queda el recuerdo común de una ciudad.
En el centro de A Estrada, los Minicines Central proyectan estos días La asistenta y Rondallas, ejemplos claros de una filosofía que combina títulos blockbuster con una clara apuesta por el cine gallego, europeo y de autor. «Funciona moi ben, é que fixemos unha clientela que tamén hai que facer», dice Luis Rivadulla, que gestiona estos minicines desde el 2004 y al que acuden personas de ayuntamientos limítrofes. Lo cuenta el mismo día que se hace público el cierre de los multicines de Viveiro y poco después de que se anunciase la desaparición de Yelmo en A Coruña, donde todavía quedan grandes salas, como los Cinesa Marineda City. Allí acuden asiduamente Merchi Fraguela y sus amigas, que gracias al programa Unlimited tienen una tarifa plana de películas.
«En este tiempo hemos vuelto a constatar que el público siempre tiene hambre de cine», dice Ramón Biarnés, managing director Norte y Sur de Europa de Cinesa, cadena que cuenta con salas en Santiago y A Coruña y que cuenta con una oferta variada que incluye las principales novedades, reestrenos de títulos y clásicos y populares. «Los grandes estrenos reúnen a muchos cinéfilos, pero cada contenido tiene su público», remarca Biarnés.
Lo cierto es que entre el público hay un poco de todo. Una encuesta rápida por A Coruña deja a espectadores que van hasta 5 veces al mes y personas que llevan diez años sin pisar una sala de cine. Entre los que dicen sí a la pantalla grande son mayoría mujeres. Lo confirman tanto en Numax como en Minicines Central.
Eso, y que el cine gallego tiene tirón. Las tres películas más vistas el año pasado en Numax tienen factura galaica: Sirât, Romería y Antes de nós, por ese orden. «Agora temos Rondallas e está funcionando moi ben», afirma Rivadulla. Su cine tiene una sensibilidad especial con la producción audiovisual propia y además, eso permite que, a veces, el elenco o la dirección del proyecto se acerquen a la sala para hacer presentaciones y coloquios. «Nós defendemos que asistir a unha sala de cine é algo diferente e transformador. Ten unha función social», sostiene Gómez Viñas.
También Numax cuenta con presentaciones, ciclos como O ollos verdes (donde se pueden ver películas más experimentales), funciones escolares como la que se desarrollaba ayer por la mañana y coloquios. «Intentamos que a xente perciba que hai un coidado e un amor polo cine, porque é real». Ocurre algo semejante en Minicines Central. Todos los meses celebran cine coloquios, en los que se proyecta una película que tenga que ver con algún tema de actualidad y se invita a una persona experta. La próxima será Turno de guardia, un filme escandinavo que les servirá para hablar sobre la sanidad pública.
«Os cines nas vilas pequenas teñen que ser sostibles», afirma Luis Rivadulla y eso se consigue «porque todo o traballo o facemos nós». Y lo hacen, subraya, con el objetivo de sostener el negocio y el afán de «democratizar o cine». Sus entradas cuestan seis euros (cinco el día del espectador) y en el ambigú los precios son asequibles. «Así poden ir as familias». O no. Porque otra de las ventajas de unas salas pequeñas como los Minicines Central «é que poden deixar os rapaces e vilos buscar cando remata a película. Iso nun centro comercial non se fai».
Claro que la situación no es fácil. «A saúde do proxecto todos os anos é un traballo moi arduo», matiza Xan Gómez Viñas. Porque han recuperado público, y también mucho mayor de 65 años que con la crisis sanitaria había dejado de ir, pero «hai outras circunstancias a nivel económico, como a suba das subministracións, da enerxía, dos alugamentos...».
Pesan también en la ecuación las ayudas públicas. Han caído con respecto a los últimos cuatro años, pero para la exhibición son mucho más exiguas que para la producción audiovisual.
«Eu sempre digo que somos o primeiro paso e tamén o último —explica Rivadulla— porque cando alguén pensa nunha película pensa en exhibila e porque somos onde o público pode ver os filmes». Es importante, subraya el dueño de Minicines Central proteger la exhibición y que «as pequenas vilas de Galicia que teñen cine non o perdan». Coincide Xan Gómez Viñas: «En Galicia gástanse bastantes cartos, que me parece marabilloso, en produccións, pero a parte da exhibición está moi desatendida».