Un retrato de san Vicente Ferrer recuerda el «milagro» del habla

Cristina Viu Gomila
Cristina viu CARBALLO / LA VOZ

CULTURA

Juan Álvarez de Sotomayor en la capilla erigida por su tío abuelo Fernando Álvarez de Sotomayor en Sergude Xornes Ponteceso en honor a san Vicente Ferrer.
Juan Álvarez de Sotomayor en la capilla erigida por su tío abuelo Fernando Álvarez de Sotomayor en Sergude Xornes Ponteceso en honor a san Vicente Ferrer. Ana García

Álvarez de Sotomayor erigió una capilla en Sergude en agradecimiento

12 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La exposición dedicada a Fernando Álvarez de Sotomayor en la Fundación Barrié, que se clausuró ayer, ha removido en la familia cercana y más amplia del pintor viejas historias relacionadas con las tierras de Sergude, en el municipio de Ponteceso. Allí, en aquella residencia de verano, nacieron cuadros tan importantes como Comida de boda en Bergantiños o Procesión en Malpica, que forman parte de la muestra, pero también preparó San Vicente Ferrer predicando el apocalipsis. Donó este óleo de gran formato para recaudar fondos con los que paliar los daños de las inundaciones de Valencia de 1957.

El pintor ferrolano y su esposa eran muy devotos del santo que también era muy popular en Chile. Allí se encontraba la pareja, porque él había sido contratado como director de la Escuela de Bellas Artes de Santiago, cuando su mujer, Pilar de Castro, enfermó. Cerca de su domicilio estaba la iglesia de los dominicos y allí supo de unas aguas consideradas milagrosas que podían curarla y devolverle el habla, una de las principales afecciones que sufría.

Lo que se cuenta en el seno de la familia y que supo su sobrino nieto Juan Álvarez de Sotomayor, es que la mujer recuperó la salud, al menos lo suficiente como para regresar a España, y, por supuesto, la voz. Tuviera o no relación una cosa con la otra, el pintor, que era un ferviente católico, se comprometió a agradecer adecuadamente la ayuda y en la finca de la familia de su esposa, en la parroquia pontecesana de Xornes, decidió levantar una capilla.

Ana García

Así lo hizo. Eligió una parcela próxima a la casa familiar, en el camino viejo a Buño y al pie la edificó. No llegó a ser nunca consagrada, pero para dejar claro cuál era la finalidad de la obra depositó en ella uno de los estudios que realizó de la cabeza de San Vicente Ferrer para el gran cuadro que después acabaría en Valencia.

Álvarez de Sotomayor es especialmente conocido por sus retratos, de personas conocidas y anónimas. Para dar mayor realismo a sus personajes elegía modelos en todas partes, lo mismo familiares que vecinos, y de muchos de sus cuadros hay varias «versiones», en conjunto o por partes. Uno de esos bocetos más elaborados y completos es lo que se encontró Juan Álvarez de Sotomayor cuando se hizo cargo de su herencia, correspondiente a la cuñada del artista.

La coincidencia de los apellidos viene dada porque los hermanos Francisco y Fernando Álvarez de Sotomayor se casaron con las hermanas Teresa y Pilar de Castro, las herederas de las tierras de Sergude. De hecho, el pintor conoció a la que sería su esposa en la boda celebrada en 1905. La suya sería dos años más tarde.

No está nada claro cuándo el pintor depositó el estudio de san Vicente Ferrer en la que debía ser su capilla, pero no fue hasta 1970 que Juan Álvarez de Sotomayor, que de niño también fue retratado por el pintor, tomó posesión de la finca y por tanto de la capilla y de la obra que la presidía. «Creo que la construyó junto a la vereda para incitar al culto», sostiene este oficial de la Armada retirado, al igual que su bisabuelo, Pedro Álvarez de Sotomayor, padre del pintor.