Marina Mayoral: «Un libro es bueno cuando al final de leerlo te ha aportado algo»

La novela «Recóndita armonía» de la autora lucense entra en la colección Clásicos Castalia

X. F.
Redacción

Recóndita armonía se publicó por primera vez en 1994. Desde entonces, ha sido editada seis veces en castellano y se ha publicado en alemán, italiano, polaco y chino. La novela narra la historia de dos mujeres que viven una de las etapas más turbulentas de nuestra historia, los difíciles años en que España conoce la república, la guerra civil y la larga posguerra. Es, también, el relato de una gran amistad, un sentimiento que, afirma la autora, da sentido a la vida.

Ahora, el libro de Marina Mayoral se consagra una vez más al ser editado en la prestigiosa colección Clásicos Castalia, un catálogo del que forman parte títulos como Fuenteovejuna, de Félix Lope de Vega, y En las orillas del Sar, de Rosalía de Castro. Entre estos autores, la lucense confesó sentirse «en el panteón de los muertos», pero orgullosa de poder cosechar los frutos de su trabajo.

—Han pasado más de 25 años desde la publicación de Recóndita Armonía. ¿Cómo ve el libro ahora, a la distancia?

—Cuando salió el libro, yo estaba en la plenitud creadora. Se publicó en grande, tuvo buena crítica, bastantes traducciones. Es el relato de una gran amistad. Es una de las novelas mías que más le ha gustado a la gente y creo que eso es porque es un libro que deja algo. Una amiga escritora me dijo que Recóndita es una buena novela porque cuando la acabas de leer no eres igual que antes. Un libro que al final de leerlo te ha aportado algo, es un buen libro. Me ha pasado en más de una ocasión que se me acercan personas y me cuentan experiencias similares y eso me da mucha satisfacción, porque me he pasado muchas horas sola escribiendo, trabajando alejada de mis seres queridos, y me alegra que haya servido de algo.

—¿Cómo le llegó la oportunidad de publicar esta edición de la novela en Clásicos Castalia?

—Cuando te sale algo de trabajo es porque te la has currado, por lo tanto, esto fue una sorpresa absoluta. Anteriormente he publicado a Rosalía de Castro en esa colección, con una edición revisada de Las orillas del Sar. Trabajé muchísimo en eso, pero tenía la idea de que era una colección de panteón de los muertos. Son obras que han perdurado a lo largo de siglos. Más de trescientas obras. Después me enteré de que hay autores contemporáneos publicados allí también, por edad y por mérito. Para mí es un honor estar en una colección que está en todas las bibliotecas del mundo y en todas las librerías. Es la satisfacción de que la novela pueda llegar a mucha gente cuando yo ya haya desaparecido. Es una idea muy consoladora.

—¿Qué características tiene esta edición?

—La gran novedad es el estudio introductorio, a cargo de José María Merino, que tiene toda una teoría sobre la generación y el individuo. Es algo curioso, mi generación de escritores nunca se pensó como una generación. Y sin embargo, Merino habla de una «literatura de democracia», caracterizada por una libertad expresiva que genera una riqueza especial en las obras. Por otra parte, considera que esta novela forma parte de la misma literatura «mayor» a la que pertenecen escritoras como María de Zayas, Jane Austen, Emily Brönte, Mary Shelley, Emilia Pardo Bazán, Ana María Matute, Carmen Laforet, Alice Munro, Iris Murdoch o Svetlana Aleksiévich, y que Merino llama «humana por encima del sexo», ya que sería reduccionista pretender encajarla en el género de literatura femenina.

—Volviendo a los autores contemporáneos, ¿qué libros recomienda? ¿Qué está leyendo en este momento?

—Leo mucha novela policíaca, es muy entretenido. Desconfío de los bestsellers, pero este año he encontrado El infinito en un junco, de Irene Vallejo Moreu. Con un gran rigor científico pero con una prosa preciosa describe la historia de los libros. También he leído En mares salvajes: Un viaje al Ártico, de Javier Reverte. Él va al Polo Norte y cuenta con gran habilidad esa expedición. Es la imagen de personas que sacan partido de cualquier detalle que se les cruza en el camino.

—¿Está escribiendo algo?

—Siempre estoy escribiendo. Estoy convencida de que escribir es bueno para la salud. Vale para dos cosas. Primero, si tienes un problema y lo cuentas, te alivias. Luego, tienes la satisfacción de la obra bien hecha. Tengo una novela, pero ahora con el coronavirus y la crisis está todo tan parado que no se pueden hacer presentaciones ni ferias de libros, entonces no me apetece publicarla. Así que no sé cuándo la daré por terminada. También he retomado algunos proyectos antiguos que tenía.

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