Boldini, entre Proust y Paganini

La Fundación Mapfre ofrece en Madrid la primera retrospectiva en España del relegado maestro de la elegancia burguesa y mundana


madrid / colpisa

Nunca antes se había celebrado en España una retrospectiva sobre la elegante, amable y solvente pintura de Giovanni Boldini (Ferrara, 1842-París, 1931). Una carencia que suple la Fundación Mapfre, que con una muestra inédita descubre a través de un centenar largo de piezas el trabajo del maestro que retrató el espíritu despreocupado de la bélle époque. Relaciona la obra del italiano (menospreciado por su desenfadado y preciosista estilo tan del gustó burgués, pero que vuelve a estar de moda) con colegas españoles que convivieron con él en París, como Madrazo, Fortuny, Zamacios, Casas, Sorolla o Zuloaga.

Con sus retratos de melancólicas y sofisticadas damas en suntuosos salones, de aristócratas, mecenas y potentados en los cafés y paisajes urbanos del aquel París bullicioso feliz, «fue el pintor italiano más influyente y prolífico de la segunda mitad de siglo XIX en la capital francesa». Lo asegura Francesca Dini, comisaria junto a la española Leyre Bozal de una muestra que estará en cartel hasta enero.

La especialista italiana, responsable del catálogo razonado de Boldini, se felicita de la cambiante suerte crítica del artista, que ha dado un giro sustancial en los últimos años. Sin complejos, sitúa a Boldini entre Marcel Proust y Nicolo Paganini. «Su esplendorosa técnica y su don de la perfección le convierten en el Paganini de la pintura, mientras que su temática le aproxima a Marcel Proust, con quien iba al teatro», rememora. «Como el escritor, Boldini interpreta la sociedad decadente en esa búsqueda de un tiempo perdido y lo fija en sus pinturas», asegura la experta. Para la comisaria, la obra de Boldini es la demostración de que «el pasado no es un tiempo perdido, es un tiempo que puede ser recobrado a través de la literatura y el arte», tal como escribe Proust en El tiempo recobrado, el último volumen de En busca del tiempo perdido.

Liberado de tópicos

«Por fin se ha liberado del lastre de ser el pintor de la superficialidad y se reconoce su habilidad y su técnica prodigiosa», se felicita la comisaria. Y es que sobre Boldini pesó siempre el tópico de ser el pintor de la felicidad, de la alegría, de las ganas de vivir y de la elegancia en el París que embriagó a tantos y tantos artistas a principios del siglo XX.

Estructurada en seis secciones, Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX. (El espíritu de la época) reúne 121 obras para dar cuenta de la evolución del pintor «que cambió de piel como una serpiente y acabó su días casi ciego y desencantado tras el horror de I Guerra Mundial», según Dini. Leyre Bozal se encarga de la parte española, que explora las conexiones e intercambios de Boldini con colegas como Mariano Fortuny, Raimundo de Madrazo, Joaquín Sorolla, Ignacio Zuologa, Eduardo Zamacois, Ramón Casas o el menos conocido Román Ribera, cuya obra es tan próxima a la del italiano «que en muchos casos se atribuyó a Boldini».

Instalado en París en 1871 tras formarse en Milán, Boldini fue conocido como uno de los primeros pintores de Montmartre, el barrio que acogería a la bohemia nacional e internacional. Pero Boldini no fue ni quiso ser jamás bohemio «y está en las antípodas de esa manera de vivir y de pintar». Apodado The Little Italian, quería vivir dignamente de su trabajo y no ser «ni siervo ni cortesano ni bufón, ni ser considerado un artista loco».

Un planteamiento moderno y antitético de la figura del artista típico del cambio de siglo. Una manera de ser pintor que comparte con varios de sus colegas españoles a la busca de fortuna plástica en el efervescente París de la belle époque. Todos los «antibohemios» reflejaron a través de su obra y su modo de vida una imagen de sí mismos que se aleja de la del pintor bohemio por antonomasia. Integrados en la sociedad parisina cosmopolita y elegante de su tiempo, trabajaron para los grandes marchantes como Adolph Goupil, que transformó el poder de la imagen vendiendo cuadros en pequeño y medio formato con escenas amables y a menudo pintorescas que hacen las delicias de la burguesía y la nueva clase en alza.

El retrato

«Boldini llegó a una nueva concepción del retrato», dice la comisaria, destacando piezas como el retrato de Cléo de Merode pintado en 1901, cartel de la muestra e icono del elegante y optimista estilo de Boldini «y que algunos llaman la Gioconda del siglo XX», aventuró la comisaria.

La familia Cambó pone a la venta un Botticelli protegido que estuvo doce años en el Prado

M.L

«El último Botticelli en manos privadas» promete una venta multimillonaria

Retrato de Michele Marullo Tarcaniota, un portentoso retrato del poeta-soldado realizado hacia 1490 por Sandro Botticelli (1445-1510), sale a la venta en el mercado internacional tras haber pasado doce años en el Museo del Prado. Propiedad de la familia Guardans-Cambó, el cuadro fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1988. Eso supone que «no podrá desvincularse de España», es decir, nunca podrá salir del país permanentemente, según del Ministerio del Cultura. Con todo, se anuncia como la pieza estelar de la galería Trinity Fine Art para la feria Frieze Masters, que se celebra en Londres en octubre. La galería se ufana de poner a la venta «el último Botticelli en manos privadas». Una circunstancia que promete una venta multimillonaria, por más que, con la ley en la mano, la pintura no podría salir de España sin la autorización de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico.

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