Qué rico vacilón de «big band»

El cantante Sito Sedes protagoniza el cuarto disco de la orquesta Garufa con un festejo de la música latina clásica. La formación comenzó ayer en Carballo su gira veraniega

Detalle del concierto con que el cantante Sito Sedes y la Garufa Blue Devils Big Band estrenaron «Siboney», el nuevo disco de la orquesta, en la sala coruñesa
Detalle del concierto con que el cantante Sito Sedes y la Garufa Blue Devils Big Band estrenaron «Siboney», el nuevo disco de la orquesta, en la sala coruñesa

Redacción / La Voz

«Fue una sorpresa muy grande. Estoy en las nubes», confiesa Sito Sedes, veterano cantante -voz legendaria de Los Satélites- que protagoniza el nuevo disco de la Garufa Blue Devils Big Band, Siboney, en el que la formación residente de la sala coruñesa celebra por todo lo alto la música hispanoamericana clásica, mayoritariamente de raíz afrocubana, y que evoca el sonido de las grandes bandas de la época dorada que lideraban Xavier Cugat y Benny Moré. El álbum supone un giro de ritmos latinos sobre una trayectoria discográfica construida en torno al swing y el jazz y que se inició en el 2016 con Barrel House, un viaje al Nueva Orleans de los comienzos del siglo XX y al que siguieron That’s Life (2016) y Runnin’ Wild (2017), que homenajeaba el filme Con faldas y a lo loco, magistral comedia del cineasta Billy Wilder y con Marilyn Monroe, Jack Lemmon y Tony Curtis en el elenco.

Bolero, mambo y chachachá nutren las canciones de entre las décadas de los años 20 y 50 que conforman el más reciente proyecto de la Garufa Blue Devils Big Band, que dirige el saxofonista y arreglista Roberto Somoza (Londres, 1971). Un Siboney instrumental, Mambo número 5, Capullito de alelí, Perfidia, Sabor a mí, Piel canela, Se va el caimán, Pachito E’ché, Qué rico vacilón, Cerezo rosa... son algunos de los temas incombustibles seleccionados para la ocasión. Somoza confiesa que ha tratado de «ser fiel al espíritu de las big bands de entonces» y que sus arreglos están inspirados en aquella época, aunque, dice, todo aparece levemente actualizado porque «no puedes abstraerte absolutamente de lo que te rodea».

El saxofonista, arreglista y director de la Garufa Blue Devils Big Band, Roberto Somoza, en plena actuación
El saxofonista, arreglista y director de la Garufa Blue Devils Big Band, Roberto Somoza, en plena actuación

El producto apuesta por la naturalidad, por lo espontáneo, en buena medida gracias a la labor técnica de grabación de Pablo Barreiro, autor también de las mezclas. «Lo que escuchas es lo que se tocó, tomas enteras, registradas como falsos directos en el Garufa, a puerta cerrada», explica Somoza. Solo la voz de Sedes fue grabada aparte posteriormente, en el estudio, como también la colaboración de Paula Pérez, una de las cantantes de la orquesta. 

Carballo, Monforte, Viveiro y A Coruña

La orquesta inicia ahora un tour veraniego que ayer llevó Siboney a Carballo y en los próximos días llegará a Monforte (el domingo), Viveiro (el día 16) y A Coruña (18). Y ya tiene en marcha una gira de invierno por teatros y auditorios de Galicia. Residente en la sala Garufa, la formación sale poco, pero intenta romper esa barrera. Mover 23 personas, entre músicos y cantantes, más el técnico de sonido y el de luces, no es tarea sencilla; ni barato (hay que sumar el importe del alquiler del sonido y el escenario). Tratan de ofrecer un precio competitivo y se esfuerzan en la promoción «para que la gente conozca la orquesta y entienda por qué cuesta lo que cuesta, hacerle saber que paga por lo que paga -insiste Somoza-. Este es un espectáculo distinto a lo que uno encuentra en la verbena gallega, y el público responde bien, se va encantado después de asistir al concierto. Aquí no hay show visual, ni excesos, solo música. Y las luces únicamente buscan presentar a la orquesta con un mínimo de elegancia y que se puedan leer las partituras. Contratar nuestro espectáculo es mucho más barato, en cualquier caso, que las orquestas de baile al uso, cuya máxima expresión pueda ser la Panorama, por ejemplo». Sabe que es un proceso de penetración lento, pero ya piensan en su próximo objetivo: salir fuera de Galicia.

Un paso importante en esa dirección es el acuerdo alcanzado con la distribuidora catalana Discmedi, que llevará sus discos a tiendas e hipermercados, más allá de lo que puedan vender en sus galas y actuaciones. Su quinto álbum, Hello Dolly, saldrá al mercado el 3 de octubre quizá como doble cedé porque han grabado ya 34 temas (ahora está en los procesos de diseño y fábrica).

Por ahora, la big band se sostiene gracias a la buena voluntad de los músicos. «No es rentable, nadie vive de esto. Los escasos ingresos los dedicamos a financiar las grabaciones y la promoción de la orquesta, por eso tratamos de que las salidas al menos no den pérdidas y sirvan para una cierta retribución de los componentes», reseña su director.

«Nunca tanta gente me saludó por la calle como ahora»

Cinco saxos, cuatro trompetas, cuatro trombones, contrabajo, guitarra, batería, piano y dos percusionistas invitados arropan en la orquesta la voz de Sito Sedes (Narón, 1946). «Con la Garufa Blue Devils Big Band, a mis 73 años -confiesa-, me ha tocado la lotería musicalmente. Si cierro los ojos me parece que estoy todavía con Los Satélites y me olvido de que debuté con ellos en abril del 69 en la sala Trébol de Paiosaco». Estuvo con ellos catorce años: «Fue una época muy bonita, tuve mucha suerte, canté en la mejor orquesta de España». Quizá por ello Roberto Somoza le dejó incluir en el repertorio Triste papel, un bolero que interpretó muchas veces en aquella época en que las verbenas y las salas de fiestas lo eran todo. «Los tiempos han cambiado mucho, entonces la visión de la orquesta era que la gente te mirase pero sobre todo que bailase», asegura Sedes, que relata que «se bailaba toda la noche y, desde arriba, en el palco, ver la verbena llena de gente, y todos bailando, era una gozada». Los Satélites -donde coincidió en una segunda época con los hermanos Roberto y José Somoza- era una orquesta que no se regía por las modas, los grandes éxitos: «Seguía su propio camino, construido con los clásicos. Recuerdo un día me dejaron meter una canción de Nicola di Bari como una excepción». El cantante está agradecido de que Roberto lo invitase en el 2017 a cantar, «como amigo», dos canciones con la orquesta. Eso condujo al disco Siboney. «Vamos a hacer música, a cantar canciones que la gente conocerá», le dijo. Hoy, jubilado, apenas canta en su casa, en sus ejercicios diarios..., «pero nunca tanta gente me saludó por la calle como ahora mismo», celebra.

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