«Casi imposible»: La sirena presidenciable y la bestia del chándal

eduardo galán blanco

CULTURA

La química entre los actores protagonistas no es suficiente para remontar el rosario de despropósitos del guion del filme

26 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Las parejas antitéticas han dado muy buenos momentos al cine cómico americano: Sucedió una noche, La fiera de mi niña, La costilla de Adán, La reina de África, Cuando Harry encontró a Sally, Annie Hall y muchas otras películas fiaron buena parte de su encanto a la enfrentada pareja de actores protagonistas. Es una vieja fórmula que el lobotomizado nuevo Hollywood sigue utilizando, casi siempre sin criterio.

Ya sabemos que la maravillosa todoterreno Charlize Theron es capaz de cualquier cosa; no olvidemos que, en sus comienzos, hace algo más de dos décadas, ya se lo advertía al paparazi Kenneth Branagh de Celebrity: «Soy polimorfamente perversa». Theron tiene una gran vis cómica y su química con el chico Apatow Seth Rogen funciona bien en Casi imposible. Pero estos dos no son Katherine Hepburn y Spencer Tracy. Aquellos podrían soportar, incluso, el peor de los guiones, pero el rosario de despropósitos de Casi imposible es, cumpliendo los temores de su título español, algo prácticamente insuperable.

Lo curioso es que, durante la primera mitad de la película, todo parecía bien encarrilado y la historia funcionaba, con Rogen como periodista que pierde su trabajo de investigador en el periódico El defensor de Brooklyn porque un malvado magnate de la comunicación parecido a Trump -genial baboso acosador Andy Serkis, Gollum y simio César, aquí también oculto bajo la parafernalia prostética- compra el periódico y lo aggiorna. El rebelde ecologista encuentra nuevo trabajo escribiéndole discursos a la presidenciable secretaria de Estado encarnada por Charlize. Los dos se conocían desde adolescentes pero no se habían vuelto a ver, una situación que propicia que la Bella vestida de Dior -«conocerla es como encontrar una sirena», se dice- y la Bestia con chándal crucen diálogos screwball chispeantes, hasta que el timón de la historia da un giro execrable, camino de una conferencia medioambiental sobre la salvación del Planeta.