Stoker, más allá de «Drácula»

Un volumen reúne, por primera vez en cualquier idioma, todos los cuentos del escritor, oscurecidos por su célebre personaje


redacción / la voz

Al irlandés Bram Stoker (Dublín, 1847-Londres, 1912) le bastó un libro para alcanzar la inmortalidad literaria. Un éxito postrero en el sentido más literal del término, ya que Stoker no llegó a ver -ni mucho menos beneficiarse- el impacto de su contribución al imaginario popular: Drácula. El cine impulsó el auge del personaje y fijó para siempre un mito al que el escritor había dado forma literaria a partir de mitos, leyendas e historias.

La celebridad del vampiro ha acabado por oscurecer el resto de la obra de Stoker. «Es como si Drácula le hubiera chupado la sangre», dice, muy gráficamente, Antonio Sanz Egea, responsable de compilar, por primera vez -incluso en el idioma original del autor-, la obra breve de Stoker. Cuentos completos (Páginas de Espuma), presenta, en la traducción de Jon Bilbao, los dos volúmenes de narrativa breve que el escritor dio a la imprenta en vida, un tercero que editó su viuda, Florence Balcome, y un conjunto de piezas que se hallaban dispersas en publicaciones periódicas.

Se trata, por tanto, de un esfuerzo notable por situar a Stoker bajo otra luz y no a la sombra de Drácula. «Hay muchísimas ediciones de Drácula, pero en lo que respecta a sus cuentos, la mayoría eran inaccesibles o se repetían apenas unos pocos títulos en antologías», explica Sanz Egea. Algunas de estas narraciones, aparecidas en periódicos o revistas, se habían atribuido a Stoker, pero en realidad eran anónimos o habían sido escritos por otras personas: todo un trabajo detectivesco por clarificar autorías y comprender mejor la obra de Stoker en su conjunto.

A la altura de Poe y Chéjov

Porque, según Sanz Egea, más allá de Drácula, la lectura de los cuentos de Stoker depara no pocas sorpresas y placeres lectores. «Para mí, son de una calidad indudable. No tienen nada que envidiar a maestros del género como Poe o Chéjov. Es versátil, bueno, no se va por las ramas, toca muchos palos y de forma muy directa», describe. Hay misterio, claro, e intriga, pero sería un error reducirlo a maestro de lo fantástico. «Un cuento como El trapo amarillo, por ejemplo, es de los mejores relatos de amor que haya leído», subraya el compilador del volumen.

Otros méritos de Stoker, en su opinión, lo trasladan a hoy en día. Su segundo libro de cuentos publicado en vida, Atrapados en la nieve, se nutre de forma formidable de experiencias propias de Stoker, «muy en la línea de eso que ahora se llama autoficción», destaca Sanz Egea. Y, para los fans de Drácula, Cuentos completos incluye El invitado de Drácula y otros relatos inquietantes, que muestra cómo Stoker trató de sacar partido a la popularidad incipiente de su personaje, aunque sería su viuda la que finalmente publicaría el libro.

Los últimos años fueron duros en lo económico para Stoker. El teatro que gestionaba en Londres se quemó en un incendio y, a la falta de ingresos, se sumó una interminable pelea con los seguros. Contrajo una enfermedad que lo incapacitó y, cuando murió, su mujer heredó sus deudas. Fue ella quien protegió y promovió su legado, tan celebrado por Drácula como, hasta ahora, desconocido en su conjunto.

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