Fernando Márquez «El Zurdo»: «Mi encuentro con Alaska fue una casualidad, más que predestinación»

El fundador de Kaka de Luxe y La Mode sigue vinculado a la música cuarenta años después del inicio de la movida


redacción / la voz

«Una mañana dominical en el Rastro nos lanzamos Olvido y yo a la caza y captura de bajo y batería». Así narra Fernando Márquez El Zurdo (Madrid, 1957) en su libro Música moderna el nacimiento de Kaka de Luxe, el grupo seminal de la movida, cuyos integrantes nutrirían después bandas míticas como Alaska y los Pegamoides, Parálisis Permanente, Radio Futura o La Mode. Con esta última, Márquez alcanzó sus mayores éxitos como cantante y compositor, y cuatro décadas después sigue vinculado a la música. Junto a Clara Collantes y Antonio Zancajo (guitarrista de La Mode) forma ahora El Día Después.

-Acaba de morir Bowie y hasta el diario del Vaticano, «L' Osservatore Romano», ha elogiado su carrera. ¿Qué le parece?

-Bowie era lo bastante complejo como para permitirse ese detalle obituario.

-Si teclea «El Día Después» en Google aparece solo un programa de fútbol. ¿Es un síntoma de cómo va el país?

-Uno de los rasgos terminales clásicos de una sociedad es la ceguera para el futuro entendido como preocupación categórica. Ortega gustaba de recordar que, en vísperas de la revolución, en la Francia de Luis XVI se publicó como primera plana en la gaceta de entonces una poesía titulada A los manes de mi canario...

-¿Qué espera de su nuevo grupo?

-Todo lo que pueden aportar Clara Collantes y Antonio Zancajo: es decir, la conjunción perfecta de lo mejor de mi pasado musical, el más lejano y el más reciente.

-Tocó el cielo con La Mode, pero sus proyectos posteriores no tuvieron tanta repercusión. ¿Se considera un autor maldito?

-Sí. Pero eso se compensa con la inasequibilidad al desaliento (cuanto más funcional, mejor).

-¿Le gusta hablar de la movida o reniega de esa época?

-Ya he dicho todo lo que tenía que decir. No reniego, pero cansa que te obliguen a repetir las mismas cosas. Solo tiene sentido la recuperación imaginativa de la memoria con amigos, caso de Antonio o Paco, el batería de Paraíso, a quien no había vuelto a ver desde marzo del 81. Pero el ritual de carnaza a los especuladores me resulta cada día más desagradable.

-En 1977 usted y Alaska crearon Kaka de Luxe, el principio de todo. Llama la atención lo diferentes que han sido sus respectivas trayectorias desde entonces.

-Aquel encuentro fue una casualidad, más que una predestinación. Nos permitió despegar a los dos y, después, cada cual siguió su camino.

-La heterogeneidad era algo habitual: ¿cómo se juntaban perfiles tan diferentes como el suyo y los de Carlos Berlanga, Nacho Canut, Alaska, Enrique Sierra...?

-Pues por imperativo de necesidad coyuntural. Lo que acabo de decir hace un momento.

-Es curioso también que, pese a la diversidad, Roxy Music fuera una influencia común a muchos de ustedes.

-Ferry, Eno, Manzanera y McKay, en su diversidad, definen esa comunión. Tal vez sea La Mode quienes más introyectamos esto, incluso en los respectivos finales: Explorers y La Mode sin mí.

-Algunos críticos dicen que eran «niños bien»... Sorprende la libertad que tenían para reunirse, implicarse en proyectos, pese a que algunos eran menores y la mayoría vivían con sus familias.

-Eramos atípicos en familias no pocas veces atípicas, caso de Olvido o de Carlos. Disfrutamos de un vacío de poder, tanto en el entorno como en nuestras casas: fin de los estudios y/o dudas ante un futuro profesional en una situación histórica profundamente incierta.

-En su libro «Música moderna» dedica un capítulo a los grupos de provincias. Pero de Galicia, nada de nada.

-Hasta Golpes Bajos, lo que venía del noroeste o no me interesaba, como Siniestro Total, o lo desconocía. Del País Vasco ya tenía alguna referencia por mi afición a Brakaman, el grupo del hermano de Iván Zulueta, y con Cataluña llevaba ya mucho vinculado a través de unos cuantos nombres (Sisa, Clúa y Batiste, la Bonet, Música Dispersa, Máquina...), además de que la prensa musical de entonces toda provenía de Barcelona.

-Una cantautora francesa, Stephanie Cadel, ha versionado su «Para ti». ¿Satisfecho con el resultado?

-La mejor versión jamás hecha de un tema mío. De hecho, en plan Orlando woolfiano, me encantaría amanecer hecho toda una Estefanía y cantando con esa voz como sacada de una película de Jacques Demy.

-Una curiosidad: el dibujo con el título de «Paraíso. Pop de los 80», que aparece en el sencillo de Zafiro, ¿de quién era?

-De Carlos Berlanga.

-Dentro de su trabajo como letrista destaca el mini-LP de Kikí d'Akí, otra artista que no ha tenido el reconocimiento que merecía.

-Como letrista y compositor (cuatro de las cinco músicas son mías) es de las cosas de las que me siento más satisfecho. De trabajos para otros, también destacaría Más al Sur (cara b del segundo single de Azúcar Moreno) y las letras para Micky (su LP Octubre, de 1989).

-Usted tuvo en su juventud algunos flirteos con la ideología fascista. ¿Qué le parece el actual auge de la extrema derecha en Europa?

-Lo que está surgiendo actualmente en Europa es rechazo a la burocracia de la UE, a la rusofobia, al expansionismo de la OTAN, y, desde luego, a las dos muestras más radicales de extrema derecha (estas sí que sí) promovidas y alimentadas por Washington, el neonazismo ucraniano y el Daesh. Lo que está en auge en Europa es la resurrección de los rassemblements y del soberanismo de las patrias, esto es, del general De Gaulle, reencarnado inicialmente en la Rusia Unida de Putin. Si a eso se le quiere llamar extrema derecha, allá cada cual.

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