Oscars 2013: Seth MacFarlane, chistes desafortunados y oportunidad perdida

El presentador de la 85 gala de los grandes premios del cine Cayó en groserías que serán recordadas como el chiste sobre el asesino de Lincoln


A Coruña

Los Oscars 2013 esperaban a Seth MacFarlane con una mezcla de inquietud nerviosa y renovada ilusión. El estilo irreverente y el humor gamberro del creador de Padre de Familia podía o bien ser una metedura de pata de varias horas o la bocanada de aire fresco que la gala de los Oscars necesitaba. Al final, ni una cosa ni la otra: MacFarlane salió derrotado en el aspecto del humor y en el musical. Cayó en groserías que serán recordadas durante un tiempo, como el chiste sobre el asesino de Lincoln, y en su homenaje al cine musical no pudo competir con el recuerdo de la gala conducida por Hugh Jackman en el 2008.

No comenzó mal Seth MacFarlane. Su montaje con un capitán Kirk del futuro dio paso a sus mejores momentos, sobre todo, al número musical We saw your boobs (Te vimos las tetas), un jingle en toda regla que recordó a los mejores momentos de su afamada serie de animación. En el aranque de la gala de los Oscars, MacFarlane avanzó que iba a dar una de cal y otra de arena: ligeros números de baile con chistes ofensivos, más o menos afortunados. Parecía difícil de superar el referente a Rihanna y Chris Brown, una pareja con historial de violencia doméstica, a la que MacFarlane comparó con la narración de Django Desencadenado.

Dicen crónicas sobre la gala de los Oscars, como la de Los Ángeles Times, que MacFarlane escuchó algún abucheo cuando quiso hacer una broma confundiendo a Denzel Washington con Eddie Murphy (poco después de un gracioso montaje sobre la película El vuelo, que convertía a los personajes en calcetines y el avión en una lavadora). Se recibió con cierta indignación el chiste sobre Mel Gibson, al que atribuyó la autoría del guión de Django desencadenado por la transcripción de su mensaje de bienvenida en el contestador y el número de veces que aparecía la palabra «negro».

Y hubo un silencio sepulcral en la platea del Dolby Theatre cuando MacFarlane, hablando de los actores que se metieron la mente de Lincoln para hacer el papel del presidente estadounidense, dijo que ninguno como John Wilkes Booth. A la sazón, el que disparó en la cabeza del mítico mandatario. Un humorista que hace bromas sobre el asesino de un presidente. Quizás demasiado incluso para Estados Unidos, aunque un comentario que no aguanta la comparación con la polémica en España por las críticas a los recortes de los actores en los Goya

No hubo mucho más que destacar en MacFarlane en la gala de los Oscars, aparte de los previsibles chistes étnicos (sobre Penélope Cruz, Banderas y Salma Hayek, «tan guapos que no nos importa no entender lo que dicen») y sobre el poder de los judíos en Hollywood (aunque para hacerlo recurriera a Ted, el oso que protagoniza en la película que MacFarlane dirigió). 

Autor de un disco melódico en el 2011 en la línea de un Sinatra de andar por casa, los números musicales de MacFarlane estuvieron bien, pero el recuerdo de la prestancia y la difícilmente igualable presencia de Hugh Jackman en el 2008 hizo que también perdiera esa batalla. Como quedó demostrado en la presentación de Los Miserables como mejor película y el reparto cantando en el escenario. El efecto Ricky Gervais que pretendía esta gala de los Oscars se quedó en un quiero y no puedo.

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