La compañía del ganador del Premio Max de Honor inicia mañana la gira gallega ?de «Coppélia», un clásico que ha sido robotizado para situarlo en el siglo XXI
23 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El 2008 es el año de Víctor Ullate (Zaragoza, 1947). Su compañía cumple dos decenios de vida, a él le acaban de otorgar el Premio Max de Honor por su brillante trayectoria profesional y Beethoven , su nuevo espectáculo de danza, ha conseguido abarrotar durante diez días seguidos el Teatro Albéniz de Madrid. Podría afirmarse entonces que el 2008 es su año. Pero él no lo ve así. «El éxito no viene de repente; lo que ocurre es que ahora estoy recogiendo los frutos de los últimos veinte años», advierte el coreógrafo. Todo ese talento y experiencia que transmite día a día a sus bailarines aflorará mañana en el Teatro Jofre de Ferrol, donde su compañía pondrá en escena Coppélia . El día 26 visitará Ourense y el 29 estará en Vigo.
-Con «Coppélia» se ha atrevido a revisitar un clásico, pero lo ha hecho con una visión muy futurista, ¿no?
-Ante todo debo decir que estoy muy contento, porque nosotros siempre hemos abarcado los clásicos y siempre hemos hecho nuestras propias versiones, como hacen todas las compañías de alto nivel. Coppélia es un ballet en el que siempre ha pesado más la música que la danza y por eso nunca ha sido tan valorado como Giselle o El lago de los cines . No terminaba de cuajar. Sin embargo, yo tenía muchas ganas de hacer un clásico y pensé que Coppélia era perfecto. Al público español le apasiona el ballet de puntas y tutús, y eso lo hemos respetado, pero le hemos dado un aire más actual. Eduardo Lao, el director adjunto, ha sustituido el taller de muñecas del doctor Coppélius por un laboratorio cibernético lleno de androides y, como buen andaluz, ha subrayado el carácter cómico de la obra.
-Usted también ha dicho que es un ballet perfecto para los que se inician como espectadores de ballet. ¿Por qué?
-Pues porque es una obra superdivertida, con la que te lo pasas muy bien. También es muy vistosa y está llena de encanto y fantasía. Desde que se estrenó, ha tenido un éxito arrollador. La hemos llevado a Francia y allí ha ocurrido lo mismo.
-Ahora acaba de estrenar el programa «Beethoven» y se ha topado otra vez con los aplausos. ¿Se esperaba esa respuesta por parte del público?
-La verdad es que ha sido algo impresionante. Un éxito tremendo durante diez días seguidos. Las entradas se vendieron de la noche a la mañana y hubo muchísima gente que se quedó sin ver la obra.
-Eso demuestra que, a pesar de la falta de apoyos, la danza sí gusta al público....
-Es que yo no creo que no esté apoyada. A veces nos quejamos por quejarnos. Es cierto que no tenemos teatros que alberguen compañías de ballet de forma estable, como sí ocurre en Europa, pero yo creo que el Ministerio de Cultura y la Comunidad de Madrid están haciendo todo lo posible para valorar a las personas que tienen talento. Hace treinta años, cuando yo empecé en el Ballet Nacional, sí que no había nada. No había bailarines, no había infraestructuras, no había programación. Por no haber, no había ni ganas. Ahora se están dando ayudas y cada vez se está programando más danza. Pero no queramos que todo se haga de la noche a la mañana.
-¿Piensa entonces que la Administración está comprometida?
-Es que siempre tiramos los trastos contra la Administración y nos olvidamos de lo que es el mecenazgo, que es algo que no tenemos en España. En otros países, como Estados Unidos o Inglaterra, hay personas con mucho dinero que apoyan al ballet. En España no hay instituciones privadas que den dinero para fomentar la danza.
-A su hijo lo podemos ver todos los días en «Fama». ¿Cree que estos programas animan a la gente a bailar?
-Por supuesto. Hay muchísima gente que está enganchada. No es porque esté mi hijo, pero creo que estos programas ayudan a que la gente se dé cuenta del esfuerzo que tienen que hacer los bailarines para conseguir su sueño. Y también contribuyen a que se respete más a los profesionales de la danza. El bailarín es un ser privilegiado, que trabaja y se esfuerza, y no se puede consentir que de buenas a primeras alguien lo insulte por el mero hecho de bailar. Eso de poner motes y etiquetas no es propio de un país civilizado.
-¿Usted se ha sentido también privilegiado?
-Por supuesto. Un bailarín es un ser privilegiado porque no todo el mundo tiene la suerte de poseer las condiciones para poder bailar. También porque hace lo que le gusta, y eso es un punto de partida muy importante para ser feliz. Y porque ser capaz de transmitir sentimientos con tu cuerpo, sin decir una sola palabra, es algo fantástico.
-Usted tiene una fundación para ayudar a niños de centros de acogida a través del baile. ¿Qué les da la danza?
-La danza te da muchísimo. Es lo mejor. Cada vez que bailas es como si entrases en otra dimensión y llegases a un estado de gracia. Es un estado muy diferente, mucho más elevado que el nuestro. Es algo muy espiritual y muy difícil de explicar con palabras.