Un ara de As Pontes revela que la peste romana llegó al fin del mundo conocido

E. V. Pita VIGO / LA VOZ

SOBRADO

Historiadores británicos la vinculan con la petición de auxilio en la epidemia del año 165

13 may 2019 . Actualizado a las 19:45 h.

La misma inscripción de petición de auxilio al oráculo de Apolo de Claros apareció diseminada por los confines del Imperio Romano: en un fortín del muro de Adriano en Britania, a las puertas del desierto del Sáhara, en Volubilis, en la costa balcánica de Dalmacia, en la frontera africana de Numidia... y en As Pontes, en la región de Brigantium, en el norte de Hispania. Un grupo de historiadores anglosajones creen que ese misterioso mensaje de socorro que invocó una cohorte de legionarios en Britania o quizás los soldados del campamento de Sobrado dos Monxes, a 40 kilómetros de As Pontes, tenía relación con la peste antonina, el primer brote letal de viruela que devastó el Imperio romano a partir del año 165 y aterrorizó a Galeno, el más famoso médico de la Antigüedad, que huyó de Roma por miedo al contagio.

Las diez inscripciones están dedicadas a Apolo porque la leyenda dice que la plaga antonina se originó cuando, durante una guerra lejana, un legionario romano entró a saquear un templo de Asia Menor dedicado a Apolo y abrió un cofre del que salió un gas venenoso que diseminó dicha enfermedad por todo el orbe.

Un reciente libro sobre la caída de Roma a causa de las enfermedades sitúa a As Pontes como uno de los indicios que revelan la gravedad de la plaga de Antonino. El historiador estadounidense Kyle Harper, en su libro El fatal destino de Roma sostiene que el cambio climático y la enfermedad arrasaron el Imperio. Su tesis es que en el año 165 se desató una pandemia global que arrasó ciudades enteras del Imperio romano, justo cuando ocupaba su máxima extensión en tres continentes. La viruela era una enfermedad desconocida y Galeno no sabía cómo luchar contra ella, pero logró sanar a muchos. El ara de As Pontes sería un indicio de que los patógenos llegaron a los confines del mundo conocido.