Un ara de As Pontes revela que la peste romana llegó al fin del mundo conocido

Historiadores británicos la vinculan con la petición de auxilio en la epidemia del año 165


Vigo / La Voz

La misma inscripción de petición de auxilio al oráculo de Apolo de Claros apareció diseminada por los confines del Imperio Romano: en un fortín del muro de Adriano en Britania, a las puertas del desierto del Sáhara, en Volubilis, en la costa balcánica de Dalmacia, en la frontera africana de Numidia... y en As Pontes, en la región de Brigantium, en el norte de Hispania. Un grupo de historiadores anglosajones creen que ese misterioso mensaje de socorro que invocó una cohorte de legionarios en Britania o quizás los soldados del campamento de Sobrado dos Monxes, a 40 kilómetros de As Pontes, tenía relación con la peste antonina, el primer brote letal de viruela que devastó el Imperio romano a partir del año 165 y aterrorizó a Galeno, el más famoso médico de la Antigüedad, que huyó de Roma por miedo al contagio.

Las diez inscripciones están dedicadas a Apolo porque la leyenda dice que la plaga antonina se originó cuando, durante una guerra lejana, un legionario romano entró a saquear un templo de Asia Menor dedicado a Apolo y abrió un cofre del que salió un gas venenoso que diseminó dicha enfermedad por todo el orbe.

Un reciente libro sobre la caída de Roma a causa de las enfermedades sitúa a As Pontes como uno de los indicios que revelan la gravedad de la plaga de Antonino. El historiador estadounidense Kyle Harper, en su libro El fatal destino de Roma sostiene que el cambio climático y la enfermedad arrasaron el Imperio. Su tesis es que en el año 165 se desató una pandemia global que arrasó ciudades enteras del Imperio romano, justo cuando ocupaba su máxima extensión en tres continentes. La viruela era una enfermedad desconocida y Galeno no sabía cómo luchar contra ella, pero logró sanar a muchos. El ara de As Pontes sería un indicio de que los patógenos llegaron a los confines del mundo conocido.

En el 2003, Santiago Montero, de la Universidad Complutense, relacionó el ara de As Pontes y la otra colección de mensajes idénticos con una invocación promovida en el año 212 por el emperador Caracalla, quien, muy preocupado por su salud, visitó varios santuarios y, se supone, que también el Apolo de Claros, en Asia Menor, en la actual costa turca. Era un mensaje demasiado profesional para ser el azar. Otra teoría es que el propio oráculo de Claros difundiese sus bloques con recetas, previo pago.

Sin embargo, el historiador británico C. P. Jones, de Cambridge, ató cabos y relacionó esta ara gallega de la zona de Brigantium con la plaga antonina en un artículo publicado en papel en el 2005 y on-line en el 2015 en el volumen 18 del Journal of Roman Archaeology y titulado Ten dedications to gods and goddesses and the Antonine Plague (Diez plegarias a los dioses y diosas y la plaga de Antonino). Jones cita un artículo del gallego G. Pereira Menaut de 1991, que da noticia de la inscripción pontesa. El historiador inglés comprueba que el texto de As Pontes, salvo leves variaciones, usa la misma fórmula en latín: «A los dioses y las diosas, según la interpretación del oráculo de Apolo de Claros». No se sabe cómo el ara llegó a As Pontes (situada a medio camino entre el puerto de Bares, Lucus Augusti, el campamento de Sobrado dos Monxes y el faro de Brigantium). Sería reutilizada pocos siglos después como altar de la ermita de Santa Eulalia de Portorroibo. La piedra se descubrió durante unas excavaciones en 1975, antes de derruir el templo para extender la mina. Quedó expuesta a la intemperie en el parque municipal frente a la casa consistorial. La inscripción latina de As Pontes tiene una leve variación: Dis d(eabus)q(ue) / ex /interp / relation (e) / oraculi / Clarii Apo/(l)linis. Añade unas letras más, C / AD SACE, y cambia la palabra secundum (según, en latín) por ex. Curiosamente, 16 siglos después de la peste antonina, la expedición Balmis salió de A Coruña en 1800 para vacunar de la viruela a miles de niños en las colonias americanas.

Más de 40 bienes están en la lista roja del patrimonio gallego en peligro

t. montero

Solo en el área de Santiago se han registrado 16 conjuntos al borde de la desaparición

Solo un puñado de ejemplos: el pazo do Espiño, en el centro mismo de Compostela, y la fábrica do Pego en Villestro; el ara galaico-romana de Lesende, en Lousame, y el cristo dos Pombeiros en Roo (Outes); la rectoral de San Martiño y la fuente romana de Moraime, en Muxía; el castillo de Fontán, en Sada, y el castro de Ans, en Carral; y el castro de Santa Mariña y la mámoa de Montecastelo, ambos en Ferrol. Todos están en serio peligro. Puede ser que haya muchas posibilidades de que sufran algún tipo de alteración. O incluso estén en riesgo de destrucción. Por eso han pasado a engrosar una lista que lleva un color muy elocuente: el rojo. Esa carpeta de patrimonio en peligro, sin embargo, es gruesa. Mucho. Porque solo en la provincia de A Coruña, hay más de 40 bienes en peligro de desaparición.

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