«Cabello es peor que Chávez y Maduro»

Sada reúne a una nutrida comunidad venezolana que sigue con preocupación la situación en su país

plaza.Los acontecimientos que suceden en Venezuela se siguen con intranquilidad desde Galicia por parte de la comunidad venezolana
Los acontecimientos que suceden en Venezuela se siguen con intranquilidad desde Galicia por parte de la comunidad venezolana

a coruña / la voz

En el Café Plaza los cafés se sirven acompañados de cachitos, golfeados o caracolas caseras con pasas. Los vecinos de Sada les han cogido el gusto. Para los venezolanos que entran cada mañana, estos bocados los trasladan a su lejano Caribe. Dos hermanos regentan junto a su tía el local situado frente a la céntrica capilla de San Roque. «Dicen que somos como una pequeña familia», comenta Daniel Anido entre servicio y servicio sin perder la sonrisa. Él fue el «rezagado», el último en venirse. «Mis padres son gallegos, en Venezuela montaron un negocio de accesorios para vehículos», cuenta. Toda la familia ha hecho el camino de vuelta. Son emigrantes por partida doble.

«¡Sada es una Venezuela en pequeño!», exclama Olga Núñez, una de las clientas. Llegó en el 2004 desde la ciudad venezolana de Valencia. Su expresión puede sonar a tópico, pero sin moverse de la terraza donde toma un aperitivo con otra gallego-venezolana, Manoli Suárez, señala locales de compatriotas suyos: allí una tienda de abalorios, dos peluquerías, una cervecería, otra cafetería en la calle de atrás... «Era coma as cereixas, unhas detrás doutras, a presadas», escribió la uruguaya Cristina Samuelle sobre la diáspora gallega. Una descripción que bien sirve para la comunidad caribeña de esta localidad coruñesa. 

plaza.El Café Plaza, en la localidad coruñesa de Sada, está regentado por una familia de hispanovenezolanos. Es uno de los epicentros de la comunidad venezonala en el municipio
El Café Plaza, en la localidad coruñesa de Sada, está regentado por una familia de hispanovenezolanos. Es uno de los epicentros de la comunidad venezonala en el municipio

El punto de encuentro

La cafetería es el punto de encuentro. «No salimos de aquí», bromea Manoli Suárez. Se vino en el año 2006. A los 47 años de edad tuvo que empezar de cero en Sada. «Allá me asaltaron tres veces, una estando embarazada. Me pusieron la navaja en la barriga», recuerda. Se rindió y abandonó el país cuando Chávez estaba en el poder. En el bar es inevitable que las conversaciones giren en torno a lo que pasa al otro lado del océano. «Estamos todos muy preocupados por los familiares que tenemos allí», dice Olga. En Venezuela está uno de sus hijos. 

«Mis padres eran de San Pedro de Nós. Tuvieron una librería muy conocida allá, Las Novedades. Yo aquí hago casas, cuido a mayores, es lo que hay para una mujer de mi edad», reconoce Olga, que ya superó los 60. «Asaltaron a una de mis hijas y me quisieron matar a otro hijo. Vivir así, como se vive allá, no vale la pena», lamenta.

Yaryza, de la peluquería Yary, entra a por un café. «El 98 % de los que estamos aquí no queremos a Maduro», asegura. Josefina, que vivía en La Carlota -cerca de la base aérea donde Juan Guaidó y Leopoldo López aparecieron el 30 de abril junto con un grupo de militares-, prefiere no hablar de política, «me enferma». Pero es inevitable.

«Todos somos un poco culpables», confiesa Josefina. Llegó hace un año a Galicia y ahora está buscando trabajo. ¿Define ella como dictador a Maduro? «Dictador, con los códigos que nos enseñaron en la escuela, no es. Pero demócrata tampoco», zanja. «Diosdado Cabello es peor que Chávez y Maduro», afirma Manoli. «Me da miedo lo que pasa en España con Vox. Hugo Chávez llegó al poder porque los partidos clásicos, los adecos (Acción Democrática) y los copeyanos (Copei), lo hicieron muy mal. Queríamos un cambio y Chávez convenció hasta a los ricos, que lo votaron. Mi familia lo votó. Ya sabemos cómo ha acabado todo», resume Olga. «Ni cuatro Guaidós podrán cambiar nada. Eso lo decidirán China, Rusia o Estados Unidos», añade. «¡Y Cuba!», apostilla.

¿Y a quién prefieren de estas potencias? «A los venezolanos. Pero no con un alzamiento ni con violencia, sino con unas elecciones libres», responde Olga. «Pero si allí son una trampa. Siempre va a ganar Maduro», le contesta Manoli. Ambas quedan pensando. «Si las cosas cambiaran, me iría otra vez», desvela la primera. Josefina niega con la cabeza: «No me vuelvo, aquí me siento segura».

Chávez convenció hasta a los ricos, que lo votaron. Ya sabemos cómo ha acabado todo
Marina (con la bandeja) regenta el Café Plaza de Sada, centro de encuentro de la comunidad venezolana. Ella y sus dos sobrinos, Daniel y Alejandro Anido, son de origen gallego. Toda la familia se vino de Venezuela desde la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999
Marina (con la bandeja) regenta el Café Plaza de Sada, centro de encuentro de la comunidad venezolana. Ella y sus dos sobrinos, Daniel y Alejandro Anido, son de origen gallego. Toda la familia se vino de Venezuela desde la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999

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