Una carretera intranquila, un tren que no sirve y un bus que no convence


FERROL / LA VOZ

No, la conexión entre Ferrol y A Coruña no es como la que hay entre otras ciudades de Galicia. Porque, en este caso, descartar la autopista no es tan fácil. Para ir en coche, pero sin pasar por los peajes, hay que recorrer una odisea de una hora que parece más bien un peregrinaje: Fene, Cabanas, Pontedeume, Miño, Bergondo y Oleiros, hasta llegar a la ciudad herculina, a través de la N-651, la AC-164 y la N-VI. Curvas y más curvas, kilómetros y más kilómetros, a los que muchos se tuvieron que acostumbrar, sobre todo cuando empezó la crisis, para evitar demasiados gastos. En este momento, a pesar de las continuas retenciones y del mayor riesgo, es una alternativa muy utilizada, incluso por quienes hacen el trayecto a diario.

Por otro lado, está el ferrocarril, del que tanto se habla y en el que tan poco se hace, porque sigue igual que hace un siglo, con el baipás de Betanzos entorpeciendo y la impaciencia de gastar más de una hora y veinte minutos. El precio del billete de ida y vuelta, entre 3,85 y 5,05 euros, es mucho más reducido que la AP-9, pero la escasez de horarios y la lentitud hacen inservible este servicio de otra época. De hecho, es difícil encontrar algún usuario que lo utilice para ir a trabajar.

Y por último, aunque la bicicleta sería más rápida que el tren, queda el bus, gestionado por Arriva. Los horarios están bien estructurados, tanto por carretera como por autopista, pero en este caso, al no haber otra alternativa de transporte público, el coste también se encareció. En la actualidad, la ida está entre 7,70 y 9,15 euros, y solo algunos grupos, como los universitarios, tienen descuento. En definitiva, ciudades prácticamente vecinas, pero cada vez más alejadas.

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