Casi 20.000 vecinos viven en zonas que hace 25 años se escondían entre la maleza. Hoy los habitantes de Novo Mesoiro, Xuxán, Vioño, Someso y Visma son el futuro de una ciudad que se queda pequeña
14 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Los Rosales dio el pistoletazo de salida en los noventa. El barrio que había nacido para ver cómo A Coruña crecía en fondo y forma, pasó rápidamente del complejo al mérito. Concebida como una matrioska, empezó a funcionar como una ciudad dentro de otra ciudad: tenía viviendas modernas y asequibles, zonas verdes, un centro comercial y los servicios suficientes para que solo hubiera que coger el coche o el bus por necesidad. En plena burbuja inmobiliaria a la urbe le brotaron zonas residenciales donde antes solo había matojos. El efecto 2000 puede leerse en clave inmobiliaria. Lo saben en cuatro barrios que echaron a andar con el —ya no tan— nuevo milenio, y que cambiaron la manera de entender una ciudad que sigue en movimiento.
Novo Mesoiro, los bebés que ya son universitarios
Los desafíos que presenta la orografía coruñesa a la hora de urbanizar encontraron parte de sus soluciones en el monte de Feáns. El barrio, para algunos mal llamado Novo Mesoiro —Mesoiro no desapareció, está a unos 600 metros—, se planteó en el PXOM de 1998, y su primer edificio vio la luz en el 2003. Más de veinte años después del nacimiento de una zona que rápidamente se llenó de familias con bebés, se ha convertido en un lugar «plagado de universitarios». Lo cuenta Víctor Lamela, el actual presidente de la asociación de vecinos, que lleva desde el 2007 viviendo en un barrio habitado ya por casi 9.000 ciudadanos.
«Cuando nació, fue un bum. Primero, mucha gente criticó Novo Mesoiro porque estaba lejos y los accesos eran complicados, pero pronto la gente se fue animando a venir y, en la actualidad, casi no hay viviendas a la venta y las que sí lo están tienen precios elevadísimos, vuelan; los anuncios no duran más de cuatro horas en internet», explica Lamela, haciendo hincapié en el caché del barrio.
Novo Mesoiro pronto se convirtió en un área kids friendly, o lo que es lo mismo, un barrio donde los niños no solo eran bienvenidos, sino que locales como peluquerías y cafeterías empezaron a adaptarse a las necesidades de los más pequeños. «Hoy muchos de aquellos bebés estudian en los campus que tiene la UDC aquí al lado, y otros tantos universitarios también viven aquí de alquiler. Hemos convertido Novo Mesoiro en una zona muy dinámica, donde todos nos conocemos y nos preocupamos por lo que pasa en el barrio. Algunas de nuestras redes sociales tienen 5.000 seguidores, estamos muy conectados».
No todo es idílico en este enclave periférico. De hecho, Lamela dice que las distancias siguen siendo el mayor hándicap de esta zona. «Esto nos mata. La línea de bus 21 tiene una frecuencia de 17 minutos, pero el fin de semana es de media hora; es algo que necesitamos que mejore porque dependemos del coche para todo».
Someso, la revolución vecinal
En el 2006 A Coruña miró hacia una zona donde pocas veces se habían puesto los ojos: Someso. Pegado al Coliseum y Expocoruña, un ambicioso proyecto planteaba casi una veintena de edificios, entre los que se encontraban dos torres que con 32 plantas, estaban llamadas a ser las más altas de la ciudad. El plan se desbarató con la crisis del 2008, y el barrio nunca llegó a convertirse en el polo de atracción que se había prometido; de hecho, hay un plan de urbanización desde el 2020 pendiente de finalizar.
«No se nos ha tenido en cuenta hasta el 2023, y ocurrió gracias a un movimiento vecinal. Estuvimos 14 años olvidados, no salíamos en la ruta de barrido manual de la ciudad ni teníamos papeleras», indica Vanessa Rey, presidenta de la asociación Recinto Ferial —así se denominó en origen esta zona—.
El millar de habitantes holgado que vive en estos edificios sigue teniendo «necesidades tan básicas que da hasta vergüenza comentarlas», continúa diciendo Rey, que pasa a enumerar: «Hacen falta desbroces con más frecuencia, limpieza viaria y mantenimiento de las pocas zonas públicas que tenemos». «La ciudad de los quince minutos, para nosotros es prácticamente inexistente en cuanto a centros de salud, centros cívicos, bibliotecas o áreas caninas y zonas deportivas; pero tenemos tal abandono en materias tan básicas que no podemos permitirnos aún pedir estos equipamientos».
Xuxán, el último en llegar y el que más va a crecer
El antiguo parque Ofimático recibió a sus primeros vecinos en el 2019, tras años esperando a poder entrar en sus nuevos hogares. Aquellos residentes tuvieron que tirar de fe para imaginarse que, un día, aquel enclave despoblado y yermo sería un barrio con todas las de ley. Seis años después, Xuxán ha llenado titulares por las polémicas que rodean a varias cooperativas, acusadas de desproteger a sus socios. Pero también por ser, en la actualidad, el barrio más joven de la urbe: la media de edad de los residentes no supera los 40 años.
A día de hoy hay nueve edificios habitados —ocho están en construcción—, y unas 500 familias ya viven en el que pretende ser el nuevo Matogrande.
Con la vivienda como principal preocupación de los ciudadanos, y usada como arma arrojadiza entre administraciones, Xuxán se ha convertido en uno de los enclaves elegidos por la Xunta y el Ayuntamiento para aliviar esta problemática. Este barrio acapara la inversión en vivienda púbica del Gobierno autonómico para el próximo año en A Coruña, y el Ejecutivo local inició este año las obras de construcción de 50 pisos de alquiler social, que se prevé que estén listos en el 2026.
María Dolores Sierra pasó parte de su vida residiendo en el entorno de Matogrande, donde hacía buena parte de sus quehaceres diarios. Así que, en cuanto pudo, optó por iniciar una nueva andadura en una barrio cercano que en el 2019 era más futuro que presente. «Me viene muy bien la zona porque al trabajar en Santiago es perfecto para salir y evitar atascos. Además, opté por Xuxán también por el precio, ya que mi edificio, como casi todos los que están ahora habitados aquí, es una Vivienda de Protección Autonómica (VPA).
Sierra está actualmente al frente de la asociación de vecinos del barrio, que se constituyó hace apenas unos meses. «Hasta el 2023 no llegó un desarrollo más visible del barrio, cuando se inauguró el parque, y después con la consolidación de la conexión con Matogrande. El tejido comercial también ha ido creciendo progresivamente con supermercados, una clínica veterinaria o un gimnasio, pero echamos en falta alguna cafetería y mejores accesos para evitar el aislamiento», mantiene la presidenta.
Vioño, de poblado rural a barrio cómodo
El 23 de enero del 2004, los bomberos tuvieron que desplazarse en dos ocasiones a lo largo de la madrugada para sofocar un incendio en una casa abandonada en Vioño, una de las muchas que había entonces. Aunque la idea del nuevo vecindario y del parque tomó forma con el nuevo milenio, en ese momento el barrio era un terreno rural con casas y alguna chabola.
Fue en el año 2006 cuando se inauguró la zona verde, el corazón del barrio. Ocurrió lo mismo con la parte residencial, que sin embargo no acabó de completarse hasta casi la actualidad: en el 2022 se reactivaron las obras en un esqueleto urbanístico que había quedado detenido tras la crisis del 2008. La entrega de los primeros pisos tuvo lugar durante el pasado año.
José Luis García, de la Asociación Vecinal Independiente Mallos-Vioño, afirma que el cambio del vecindario en los últimos 25 años ha sido increíble. «Es una zona muy buena en todos los sentidos. Al ser edificios modernos, prácticamente todos tienen párking propio. El servicio médico está al lado, al igual que el centro deportivo. Además, está muy bien ubicada: puedes entrar y salir de la ciudad en un momento porque tienes la salida justo al lado. Y dentro de poco habrá una estación intermodal a 250 metros», explica.
Marieta, tesorera de la agrupación y vecina del propio Vioño, comenta que, actualmente, las mayores peticiones de los vecinos se centran en la mejora del cuidado del parque. «Tiene que estar mejor atendido. Hace 15 años, cuando empezamos a vivir aquí, el parque tenía un mantenimiento de jardinería periódico, que considero importante porque se usa tanto en verano como en invierno. No solo limpieza, sino también jardinería y todo lo demás». La tesorera también reclama un mejor cuidado de los árboles de las aceras y de las jardineras en el área de aparcamiento.
Otra de las demandas tiene que ver con la ampliación de servicios del parque. Aunque desde este año cuentan con un espacio para la práctica de calistenia, la asociación reclama también otro para los más mayores, que también los hay entre los 3.500 vecinos.
Visma, de despensa de la ciudad a nuevo barrio cosmopolita
San Pedro de Visma lleva más de 25 años en pie, a diferencia de los barrios anteriores. Sin embargo, tiene entre manos un futuro urbanístico que lo transformará por completo. Este núcleo semirrural de la ciudad evolucionará hacia un vecindario con 3.600 viviendas más, que destacarán por su diseño contemporáneo y calificación energética A. José Ramón Calvete, presidente de la asociación de vecinos, resume este cambio con una frase clara: «Vamos a dejar de ser un núcleo rural y pasaremos a ser más cosmopolitas».
El propio Calvete, de 67 años, es nativo del vecindario, tanto él como sus padres: «San Pedro de Visma y la zona de Bens eran un poco la despensa. Aquí era donde se cultivaban las tierras, donde se tenía la verdura, donde se tenía todo. Nutríamos a la ciudad de A Coruña y también había mucho marinero porque tenemos el puerto de O Portiño», afirma.
Hoy ese entramado rural sigue latente en buena parte del barrio. De hecho, es una de las reivindicaciones que tienen desde la asociación. «Nosotros somos apenas un núcleo de unos 3.000 habitantes y nuestras calles son estrechas, son calles antiguas, con muy pocas dimensiones y el tráfico rodado cada vez se incrementa más». Es una realidad que, además, vaticinan que va a empeorar con el próximo desarrollo. Así, su petición tanto al Gobierno central como al área de Urbanismo del Ayuntamiento es la creación de un nuevo vial de conexión. «Va a ser fundamental crear en muy pocos meses un nuevo tramo que circunvale nuestro barrio», subraya. Su propuesta es iniciar una conexión entre la tercera ronda y la rotonda donde se encuentra una subestación eléctrica, en el camino de O Portiño. «Porque eso ya daría salida directa a los vecinos de los Rosales para esta futura urbanización, se conectaría con la tercera ronda e, incluso, sería útil para el futuro desarrollo de O Portiño», añade.
La postura del presidente de la asociación de vecinos de San Pedro de Visma mira con optimismo al desarrollo urbanístico que va a ver la luz. La previsión es que la entrega de las primeras viviendas se realice durante el cuarto trimestre del 2027. «No hay que ser nostálgico. Nosotros somos un barrio efectivamente semirrural, que vamos a pasar a ser cosmopolita. Y todo tiene sus pros y sus contras», cuenta.
En la parte mala está que van a perder muchas zonas verdes, «de casas aisladas y todo eso», dice. Sin embargo, también van a ganar en otros aspectos. «Vamos a mejorar en tema buses, en servicios, supermercados, pequeño comercio y cafeterías», confía Calvete.
La previsión es que en el nuevo Visma se construyan un total de 3.600 pisos repartidos en 20 bloques. De ese total, casi mil serán de protección oficial. En concreto, el Ayuntamiento prevé levantar unas 250 para destinarlas a alquiler social. El resto se destinará a la venta. Podrán optar las personas inscritas en el registro de demandantes de vivienda pública de la Xunta.