Mesía tendrá hostelería también en el interior: «Poder abrir é unha axuda, suficiente non, pero é algo»

Desde los concellos vecinos no se podrá ir porque pertenece al área de Santiago


mesía / la voz

Tomar este miércoles un café en Mesía podría servir para hacer una yincana. Puertas cerradas y sin opción para coger una consumición para llevar es el resumen de la nula oferta hostelera estos días junto al consistorio, en Xanceda, en donde hay tres establecimientos hosteleros. Con las restricciones impuestas al sector y una población (2.497 habitantes) muy dispersa, los negocios previsiblemente abrirán el viernes cuando, al situarse en el nivel 3, podrán servir de nuevo en el interior y el exterior. Será el único que lo haga de la comarca de A Coruña, ya que pertenece al área sanitaria de Compostela. Otros bares del municipio comenzaban ayer a prepararse para la reapertura, reconociendo, en privado, que sin barra y sin poder aprovechar las tardes, hasta el momento, no les compensaba abrir.

No todo es un páramo. Las cocineras de Casa Manteiga preparaban al mediodía menús para llevar, aunque el mayor trajín estaba en Casa Zapateiro, un negocio abierto hace 13 años en el empalme de Lanzá y en donde se tomaron de una manera proactiva lo de luchar aún más en tiempos de crisis. Fernando García explica que en un establecimiento con cafetería, panadería y supermercado, además de un despacho en Ordes, trabajan 22 asalariados y 7 autónomos, que no se acogieron a ningún ERTE. «Un ano traballando a perdas e somos esenciais», indica como paradoja de una situación compleja en lo financiero, aunque defienda que hay que arrimar el hombro.

A hostalaría non somos os culpables, pero non somos inocentes

«Xa está ben de chorar, nós temos que sacar as castañas do lume dos nosos negocios», dice, remarcando que no todo debe pasar por rescates de «papá Estado».

En su caso, desde el viernes podrá servir en solo siete mesas, entre interior y exterior, pero es más que en ninguna, como hasta ahora. «Se estou pechado é nada, poder abrir é unha axuda, suficiente non, pero é algo», reconoce un hostelero que también defiende la importancia de prestar servicio en un momento difícil para muchos. «A hostalaría non somos os culpables, pero non somos inocentes, se non deixamos que os clientes se marchen sen pagar non podemos deixar tampouco que estean sen máscara», indica haciendo autocrítica, aunque no guste, y asegurando que la solución depende de todos. «Con responsabilidade a metade das normas que sacan non farían falta», considera.

Curtis espera cambiar de nivel el lunes 

 

Aranga pasó del cierre perimetral a la apertura del área sanitaria en menos de 24 horas, y Curtis, que le tomó el relevo en el nivel más estricto, pretende que los datos lo liberen el lunes. Así, lo espera el alcalde, Javier Caínzos, que reconoce que los 19 positivos que había ayer en el municipio lo sacarían, pero con la incidencia a 14 días habrá que esperar a lo que el comité decida el lunes. «A incidencia do peche na hostalaría e no comercio é moi forte», reconoce con pesar, mientras que señala que si bien en las últimas semanas llegaron al pico de 38 positivos, ahora están en descenso. 

Curtis tiene ahora 1.4129 empadronados y señala que el hecho de no recuperar la normalidad «é un duro golpe porque a hostalaría sigue pechadaagás para os que atenden para levar, e o comercio estalle afectando moitísimo porque o que temos en Teixeiro e Curtis nútrese dos concellos limítrofes que veñen a facer as compras, ou teñen os nenos no colexio ou no instituto e aproveitan para comprar e ao estar confinados hai moitos veciños que non se trasladarán aquí».

Javier Caínzos, alcalde de Curtis, se muestra esperanzado en que cambien de nivel
Javier Caínzos, alcalde de Curtis, se muestra esperanzado en que cambien de nivel

El alcalde reconoce que los vecinos están «angustiados e preocupados por recuperar a normalidade» y que desde el martes se supo que permanecerían cerrados el ánimo decayó. Más cuando el resto de municipios de la comarca continúan abiertos y pueden suponer una competencia en este momento. 

En Curtis hay 36 locales de hostelería y 7 se han mantenido abiertos con comida para llevar en un municipio con mucha demanda por un polígono con un millar de trabajadores. Uno de los locales que da ese servicio es Sabino, con 43 años de historia en Teixeiro. Un local que llegó a atender a más de 200 menús al día durante las obras del polígono. Antes de la pandemia daba entre 130-140 y ayer, por ejemplo, servía 38 para llevar. «Iso non paga oito soldos», admite José Ángel Sánchez, que ahora atiende el negocio con sus dos hermanos. Indica que si bien fluctúan el número de menús que ofrecen, el hecho de que la clientela avise el día antes les permite ajustar la comida. «Agora temos un menú fixo, xa non damos a escoller, hoxe por exemplo hai xiba con fabas, agulla de porco asadas con patacas fritas e pementos, e de doce, brazo de xitano», recitaba este miércoles acostumbrado a informar de las propuestas. Mantienen el precio de 10 euros, este hostelero asegura que le piden rebajas, pero «co tema dos tuppers e os cubertos non che sae máis barato que non coman aquí», comenta.

«Nós temos a sorte de traballar con xente da zona», comenta José Ángel Sánchez, aunque reconoce que el negocio no volverá a ser rentable hasta que puedan atender en la barra. «Pedinmos un ICO dende o comezo da pandemia, e non se pode devolver que non hai con que», apostilla, reconociendo que las cuatro trabajadoras que tienen contratadas las tienen en el ERTE porque «con estes menús non facemos para pagar os seguros». Comenta que es una situación que no pueden soportar mucho tiempo, pero no pone plazos y espera que el cierre no se mantenga mucho más.

No solo la hostelería está preocupada por el cierre, también los comerciantes. Carla Mendes, de la Asociación de Comerciantes de Curtis, que representa a 59 negocios de la localidad, remarca que «máis do 50 % da nosa clientela non é deste concello» y teme la repercusión de la imagen del municipio con este tipo de noticias. «Desánimo, desalento e impotencia» es lo que les causa el anuncio de cierre perimetral al frustrar una nueva campaña de promoción, la del Día del Padre, una más desde la aparición del covid-19 «Nós cumprimos as medidas de xeito estrito, pero de que nos vale?», se pregunta, reconociendo que no considera justificado el cierre anunciado. Ella lleva ocho años al frente de la zapatería Siete Leguas y apunta que «aquí hai negocios de moito tempo» y cree que eso está salvando este temporal. No han contabilizados cierres en el sector, pero hay compañeros que ya lo están pasando mal. «Se isto se prolonga durante tempo o hábito do cliente tamén cambia», indica como uno de sus temores.

María Martín, de la peluquería Darién, asegura que tras un verano perdido sin fiestas y sin eventos, han vivido del día a día, pero «os ingresos non son os mesmos, porque no verán sempre facías o plus para o inverno». Lleva siete años con el negocio y apunta que si bien «cada ano parecía que ías cada vez un pouco máis para arriba, coa pandemia isto caeu en picado, aínda que non me podo queixar da clientela», reconoce agradecida. Cifra la caída entre un 20 y un 30 %, y este nuevo cierre le volverá a restar. «Teño xente de Cesuras, de Mesía, de Boimorto, de Melide...», comenta y al menos hasta que abran los perderá.

Lidia Vilariño, que tiene la mercería y tienda de ropa El hilo rojo, cumple ahora dos años con el negocio y coincide en que el aislamiento de Curtis les perjudicará. «Vivimos das aldeas cercanas e xa se notou que a xente non pode vir», admite

Lucía Sánchez, que atiende desde hace 30 años el negocio familiar, Establecimientos Sánchez, una tienda de moda, puntualiza que la pandemia vino a agravar una economía aún no recuperada de la anterior crisis. «Vimos de épocas duras, da crise de 2008, de que o rural foise pouco despoboando e nós non vivimos só do pobo», comenta remarcando que han perdido ya dos campañas. «A anterior en marzo non puidemos nin empezar, nin Día do Pai, nin Semana Santa, e agora non puidemos acabar unhas rebaixas», comenta, reconociendo que «cando un ven de moito pelear vanse aforros e todo». 

Carmen Iglesias, de Joyería Pérez, un negocio familiar de 70 años, asegura que la falta de clientela desde la aparición del covid «notouse moitísimo, e agora mesmo con este peche é afogar total», pero admite que «temos que aguantar, se ven a vacina poderemos seguir adiante, senón...». «Estannos tratando como apestados, cando onte estabamos ben pola mañá e pola tarde xa nos confinan», asegura refiriéndose a los datos que ofreció la Xunta, que cambió el nivel del Concello el propio martes.

Otro de los integrantes de la entidad de comerciantes es José Antonio Vázquez, de Lourdes Frutería, que reconoce que no sabe cuánto le afectará este cierre perimetral en solitario. Al pertenecer al sector de la alimentación admite que la pandemia no repercutió negativamente a las ventas, sino más bien al contrario. «O comportamento da xente foi moi bo dende o primeiro día», dice a modo de reconocimiento y señala como uno de los efectos de esta nueva normalidad que tienen clientes nuevos por personas de la ciudad que se fueron a vivir a la aldea, sobre todo en el confinamiento.

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