Proa al oeste de A Coruña por mar y también por tierra

CRISTÓBAL RAMÍREZ A CORUÑA

A CORUÑA CIUDAD

xosé castro

Un itinerario en paralelo al que hacían los barcos en la Edad Media cuando los vientos impedían atracar en el puerto herculino

08 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

A Coruña era el puerto ansiado. Desde el sur inglés las embarcaciones con peregrinos ponían proa hacia ese enclave seguro en las por lo general plácidas aguas del golfo Ártabro. Y lo más frecuente era que ahí echaran el ancla. Plena Edad Media e ingleses a miles por O Parrote adelante.

¿Siempre? No. Porque la naturaleza tiene su propia dinámica y los vientos cambiaban cuando cambiaban (¡y lo siguen haciendo!). Así que de repente el barco en cuestión se veía en la obligación de atracar en otra parte.

La mayor frustración debería ser el hecho de tener A Coruña a la vista y verse lanzando al oeste de manera irremisible. Un recorrido desde tierra permite comprender la frustración de la tripulación y los peregrinos. Hoy, siguiendo el paseo marítimo y bordeando el monte San Pedro, el excursionista se imagina a aquellas gentes que quizás pretendieran encontrar refugio en la ensenada de Labañou, cosa harto difícil en aquellos tiempos: los seis islotes de San Pedro ejercerían una labor disuasoria.

Con el barco cerca de la costa, el excursionista imagina cómo los labradores del hoy Arteixo paraban sus labores para observar aquel cascarón de nuez que tendría que meterse algo mar adentro con el fin de evitar escollos tan traicioneros como bellos que aparecen aquí y allá, y que los marineros de Caión conocían y conocen como la palma de la mano.

Cae dentro de lo probable que desde a bordo, más o menos resignados, se asombraran de la cantidad y longitud de las playas, sobre todo, claro, Barrañán. Y alguien habría propuesto meterse en la pequeña pero resguarda ensenada de Sorrizo, hoy con un minúsculo puerto. Seguro que el capitán lo negó enfáticamente: muy pintoresca pero muy estrecha, así que demasiado riesgo.

La última esperanza debieron de ser las playas de Baldaio y Razo. Por supuesto, el gran valor ecológico que se le da hoy en día sobre todo a la primera no figuraba ni en el conocimiento ni en las preocupaciones de los ingleses, pero sabían que si no encontraban la manera de acercarse tendrían que seguir a donde los vientos los llevase, y esto implicaba dejar a popa las Sisargas. Y con los Baixos de Baldaio rompiendo a tres millas de la costa con seguridad nadie quiso arriesgarse.

Paseo marítimo, monte e islotes de San Pedro, ensenada de Labañou, castro de Valcovo, Barrañán, puertecito de Sorrizo, Caión y sus arrecifes, Baldaio y O Razo… sitios en suma para dar un paseo en coche un fin de semana cualquiera. Este, por ejemplo.

LA AVENTURA

Hacer el recorrido en bicicleta.

LA FOTO MÁS PERSONAL

En cualquier punto de la costa con el Atlántico como telón de fondo.