«Las ratas trepan por la fachada del edificio y me entran en casa»

Lucía Cancela BETANZOS / LA VOZ

BETANZOS

EDUARDO PEREZ

Una vecina de Betanzos reclama una solución: «Vivo en una porquería»

13 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La situación de esta vecina de Betanzos es «desesperante». Vaya por delante que prefiere no dar su nombre, pero hablar con este periódico dice «es la última vía que me queda para que me escuchen» porque está harta de tener que convivir con ratas. «Ratas grandes. Grandes como conejos». El problema con los roedores se produce en la calle Rollo, a la altura del número 62, en el conocido municipio de la provincia de A Coruña. Los animales, que «no son uno, ni dos, ni tres», viven en el antiguo campón, tal y como se llama en la zona y donde antes se celebraba la fiesta de San Antonio.

Ahora es un solar descuidado, abandonado, lleno de maleza y basura. Y ratas que campan a sus anchas por la finca. «Como este espacio no les es suficiente, suben a mi casa», relata esta vecina. Ella vive en un primero, justo enfrente de este terreno. Tiene una terraza que da acceso a su cocina y parece que es el sitio perfecto para que los animales se asienten. «Suben por la fachada, desde la calle», cuenta, «trepan y se cuelan por la puerta de la terraza». Por eso, ahora apenas abre sus ventanas. Si friega el suelo tiene que tenerlas cerradas, si quiere ventilar la casa, mejor abrir otras. Y si cocina, solo utiliza la campana extractora. «Pero esto es insostenible, dice, yo no puedo vivir encerrada en una cárcel sin aire fresco».

«Llevo con este problema desde el 13 de agosto y nadie me da una solución. Ni el Ayuntamiento, ni la Xunta», lamenta la vecina. El solar es un terreno privado y son los propietarios quienes se deben hacer cargo de su mantenimiento. Mientras tanto, cuenta, «yo casi no puedo ni entrar a la cocina». Fue a mediados del mes pasado cuando la mujer se encontró con una rata detrás de su nevera. «Estaba en descomposición. Putrefacta». Unos días antes la había visto correr por el suelo de su cocina, «pero pensé que se había marchado por la tubería del calentador». Nada más lejos de la realidad, «vivía por ahí. Sabía hasta nuestros ritmos y solo salía cuando no había nadie en la cocina», detalla.