El guarda de seguridad atacado en Oza: «Un paciente me arrancó un lóbulo. Faltan personal y medios de defensa»
A CORUÑA
Profesionales del Chuac reclaman un protocolo y mayor protección para acabar con las agresiones físicas y psíquicas por parte de pacientes
31 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El próximo 3 de febrero se cumplirá un año de la agresión a un enfermero de urgencias del Chuac. La Voz se puso en contacto con él, pero los recuerdos que le vienen a la cabeza le impiden rememorarlos, explicó. Este sanitario fue atacado con una navaja cuando atendía a un paciente. También resultó herido en la cara un guardia de seguridad antes de reducir al agresor. El enfermero se llevó la peor parte debido a que recibió varias cuchilladas en el abdomen y en la cara que le hicieron sangrar abundantemente, por lo que tuvo que ser intervenido en quirófano.
Mordiscos, patadas, golpes, puñetazos y, en el mejor de los casos, insultos. Así tratan a los profesionales algunos pacientes que acuden a la sanidad. Ya sean médicos, administrativos, enfermeros, celadores o vigilantes de seguridad.
Desde aquel ataque de hace un año al enfermero, el problema de las agresiones físicas y verbales a sanitarios «continúa igual. Está a la orden del día», asegura Armando Iglesias, secretario de Saúde Laboral de CC.OO.
Por su parte, Javier Souto, de la sección de vigilantes de seguridad de la USO trabaja de la mano de UGT. Ambos sindicatos exigen al Sergas que adopte «medidas urgentes de seguridad y mejoras sustanciales tras la última grave agresión». Se refiera a la que sufrió Luis Zapata. Es vigilante de seguridad desde el 2001 y podría escribir un libro contando todo lo que le pasó y vio en el ejercicio de su profesión. Es la persona que el pasado 14 de diciembre se encontraba en el interior del Hospital de Oza cuando un paciente de Psiquiatría le mordió y le arrancó el lóbulo y parte del cartílago de la oreja derecha cuando intentaba inmovilizarlo debido a su estado altamente agresivo. «Lo llevo más o menos», contesta al preguntarle cómo se siente un mes después de aquel episodio.
Cuestionado por si se podría haber evitado si hubiese un protocolo estricto, dice que «es imposible saberlo, pero de lo que estoy seguro es de que necesitamos más personal y medios de defensa». Como ejemplo, cuenta que «solo nos dieron un chaleco para los seis vigilantes que trabajamos en Oza». También pide la utilización de gel paralizante como el que disponen sus compañeros de hospitales de Santiago. Aparte de esas demandas, es partidario de que se impartan cursos de actuación y defensa para «los que trabajamos en la sanidad».
«A veces nos encontramos en el hospital de Oza con pacientes que tienen sus problemas y debemos cuidarlos no solo a ellos, sino también al resto de enfermos. En planta deberíamos estar dos vigilantes y no uno solo», concluye Luis Zapata.
USO y UGT recalcan que no se trata de un hecho «ni aislado ni imprevisible, sino la consecuencia directa de la falta de decisiones y de avances efectivos por parte de la administración sanitaria, pese a que la situación había sido advertida previamente».
En octubre del año pasado, los sindicatos presentaron varios escritos ante la administración sanitaria para retomar el diálogo. En ellos se trasladaron propuestas como la revisión y actualización de los protocolos de actuación ante pacientes agresivos, la mejora de la dotación de medios de autoprotección para los vigilantes, una mejor coordinación entre la seguridad privada y el personal sanitario y la apertura de un marco de negociación sobre las condiciones laborales. «A día de hoy, no se han producido avances reales. No se han adoptado medidas efectivas en materia de medios, protocolos, refuerzo de plantillas ni mejoras sustanciales, manteniéndose la misma situación de riesgo», lamenta Javier Souto.
Las agresiones a profesionales sanitarios en España, tanto físicas como verbales graves, son consideradas delito de atentado contra la autoridad, con penas de 1 a 4 años de prisión. Esta protección se aplica al personal sanitario y de gestión en el ejercicio de sus funciones, incluyendo la intimidación, acometimiento o resistencia activa grave.
«Pacientes pierden la cabeza ante la falta de atención urgente por la mala gestión»
«Algún avance houbo, aínda que non o suficiente», sostiene Lucía Peón, presidenta de la comisión del Chuac. «É certo que en setembro se ampliou o número de camas para os enfermos de Psiquiatría no centro. Tamén se instalaron botóns do pánico, pero non están todas as seccións habilitadas». También hay poderosas quejas, como «medidas de seguridade individual non só nos grandes centros, senón tamén en atención primaria». Destaca que «a pesar de que as agresións físicas ou verbais son intolerables, a falta de atención urxente por falta de medios tanto humanos como de xestión, hai pacientes que perden ás veces a paciencia. A poboación está enfadada e son os profesionais os que están en primeira liña para recibir as queixas», concluye.