Juan Hernández Rey, impulsor de la Escuela de Tenis Marineda: «Vivimos de nuestra pasión y eso a día de hoy es un lujo»

Tamara Rivas Núñez
T. Rivas A CORUÑA

A CORUÑA

Juan Hernández Rey, en las instalaciones de la Escuela de Tenis Marineda
Juan Hernández Rey, en las instalaciones de la Escuela de Tenis Marineda MARCOS MÍGUEZ

El club que puso en marcha con sus hermanos hace casi tres décadas cuenta con más de 600 alumnos y es un ejemplo de inclusión

11 dic 2025 . Actualizado a las 12:54 h.

Juan Hernández Rey (A Coruña, 1967) decidió junto a sus hermanos, Miguel  y Lorenzo, romper en 1997 con el modelo tradicional de los clubes privados y apostar con un tenis más accesible, familiar e inclusivo. Fue así como nació la Escuela de Tenis Marineda, un club que va más allá de los resultados y la competición y que se ha convertido en un referente de integración. 

—¿Qué les llevó a impulsar la Escuela de Tenis Marineda?

—Mis dos hermanos y yo llevamos toda la vida vinculados al tenis y dando clases durante décadas. A finales de los 90 vimos que cada vez había más gente que quería jugar o aprender fuera de ese ámbito exclusivo de los clubes de socios tradicionales y nos lanzamos. Primero en unas pistas en el hotel Santa Cristina, después en Santa Cruz en lo que era Las Tinajas y al final le echamos un par de narices y nos hipotecamos para comprar un terreno en A Barcala par poner en marcha nuestra propia escuela de tenis.  

—¿Cómo fueron esos inicios? Arrancar de cero no suele ser sencillo.

—Ni te imaginas. Llevábamos toda la vida vinculados al mundo del tenis, pero sin experiencia en un proyecto así y con una hipoteca de por vida. Veníamos por la mañana, dábamos clases, preparábamos el terreno… Empezamos con tres pistas, una carpa que nos pagó Canal+, el baño era una caseta de obra y el bar un kiosko de la Coca-cola. Y poco a poco hemos ido construyendo el club que somos hoy. Vivimos de nuestra pasión y eso es un lujo. Hay días en los que trabajas hasta catorce horas, pero soy dueño de mi propio tiempo y así me va bien.  

—De esos primeros pasos complicados hasta llegar a ser un club con más de 600 alumnos. 

—Somos, si no la más, una de las escuelas más numerosas de Galicia. EN el 2010 llegamos al tope de alumnos, que fue 864. Nuestro objetivo era hacer el tenis accesible a todo el mundo y creo que lo conseguimos. No fue una mal idea.  

—A pesar de esas cifras, es un club muy familiar.

—Nos gusta que la gente venga y esté cómoda. Intentamos trasladar lo que vivimos desde pequeños. Mis padres fueron socios del Casino y del Club de Tenis y fue cómo empezamos a jugar. ¡Estábamos todo el día jugando! Y al final, ese entorno en el que te mueves crea lazos, haces pandilla y es un ambiente deportivo muy sano y es lo que queríamos también para aquí.. Nuestra cultura de club es muy familiar.  

—Familiar y para todas las edades. 

—Totalmente. Desde los 4 años hasta más de 70. Hay un montón de personas jubiladas, pero los niños son mayoría. Es un club accesible a todo el mundo y a todo tipo de condiciones físicas, intelectuales y sociales.  

—¿Y a nivel competitivo?

—Los resultados están en un segundo plano, pero no nos va mal. Tenemos a mi hermano Lorenzo, que es el mejor entrenador de Galicia. Está en el comité de docencia de la Federación Española de Tenis. Con el equipo absoluto estamos en Primera División de Galicia y con los infantiles acabamos de ascender a División de Honor. Pero el objetivo es que jueguen todos, los que son muy buenos y los que no lo son tanto. 

—En el 2014 añadieron también el pádel. ¿Cómo va?

—Es un deporte que está súper extendido y las pistas siempre están llenas. Hay competencia por todos lados, pero la filosofía es la misma. Hace nada nos embarcamos también el el pickleball. Le damos a todo, pero lo nuestro es el tenis.  

—Otro de los pilares clave del club es la escuela adaptada para personas con discapacidad intelectual y sensorial. ¿Cómo nace este proyecto?

—En el 2004 apareció por aquí un chico al que le faltaba una pierna y que quería jugar al tenis, pero no teníamos ni idea de por dónde empezar o qué era eso del tenis en silla de ruedas. A los pocos meses me rompí la rodilla por cuatro sitios y, cuando estaba haciendo rehabilitación en el hospital, pensé que había que hacer algo, empezamos a indagar y nos metimos de lleno. El chaval llegó a ser campeón de España y Lorenzo seleccionador olímpico de tenis en silla de ruedas.  

—Pero no se limitan solo a discapacidades físicas.

—Empezamos así, pero pronto ampliamos el alcance y empezamos a hablar con asociaciones de discapacitados sensoriales, sin recurso… y había una gran demanda. Gente de Aspronaga, de Cogami, de APEM… Sobre el 2012 la Fundación Emalcsa se puso en contacto con nosotros para promover el deporte y la inclusión. Son unas ayudas directas al proyecto, no una subvención al uso, y hace que todo sea más sencillo. A día de hoy tenemos cerca de una veintena de asociaciones que colaboran con nosotros. 

—¿Cómo resultan esas clases?

—Quien se acerque, puedo verlo con sus propios ojos. Es alucinante y muy satisfactorio. Los de Aspace, por ejemplo, son grandes discapacitados y en muchos casos con poca movilidad. Las cuidadoras nos dicen que vienen encantados. Para ellos recoger una simple pelota es todo un hito y les aporta una habilidad coordinativa espectacular. ¡Tienes que ver sus caras! Lo dicen todo. Y quieren venir aquí, sonde se sienten como uno más. El objetivo es la inclusión real.  

—¿Con qué apoyos cuentan?

—Lo que nos ayuda la Fundación Emalcsa y nosotros mismos y nuestro trabajo. Las Administraciones a veces lo ponen tan complicado y enrevesado que no me compensa el tiempo que se pierde en toda esa gestión burocrática.  

—A nivel personal, ¿qué es lo que más le llena de orgullo?

—¿Aparte de pagar la hipoteca? (Ríe). Ver las caras de felicidad de los miembros de estas asociaciones cuando vienen y que hablen de nosotros y nos reconozcan como una entidad ejemplar en la promoción e inclusión en el deporte.