Qué ocultan sus ojos azules o sus labios fruncidos. Ese gesto que no sabes cuánto tiene de actuación y cuánto de propio. Qué pensará delante de su imagen como Venus de las pieles
22 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.Parece que nos hemos acostumbrado a que los guapos oficiales Eugenia Silva y Jon Kortajarena se paseen por la ciudad una vez al año para acudir a la inauguración de la exposición de Marta Ortega. Nos hemos acostumbrado también a llamarla así, la exposición de Marta Ortega, mientras el agresivo tacón fotografiado por Helmut Newton ondea en los carteles que anuncian una muestra que poca publicidad necesita, porque se vende sola.
Y sin embargo, una que es peliculera, ¿cómo se acostumbra a que de repente aparezca alguien como Charlotte Rampling en O Parrote? Posa delante de uno de los maravillosos retratos que Newton le hizo en los años 70 y es como asistir a un tratado hecho carne de lo que significa envejecer. Ni bien ni mal, ni con dignidad o sin ella (hay una crítica muy injusta a quienes lo hacen de cierta manera, fundamentalmente a las mujeres, claro, como si cada uno de nosotros no aceptáramos el paso del tiempo como buenamente podemos).
Así que Charlotte Rampling se ha hecho mayor y es maravillosa, como lo era cuando comenzaba en el mundo del cine, y posa sonriente saliendo del Finisterre a sus 77 años y ya no es el mito erótico de Portero de noche, sino que se parece más a la mujer que celebra su casi medio siglo de matrimonio en 45 años. En sus películas, nunca sabes qué piensan sus personajes. Qué ocultan sus ojos azules o sus labios fruncidos. Ese gesto que no sabes cuánto tiene de actuación y cuánto de propio. Qué pensará delante de su imagen como Venus de las pieles. Cuánto hay de verdad o ficción en las imágenes, como dice el título de la exposición, es una de las cuestiones mágicas del cine... y de las grandes y enigmáticas actrices que lo habitan.