Yo también soy portadora del Coruñavirus

Me parto con ese audio de WhatsApp que anda circulando por nuestros móviles en el que Paco Lodeiro se hace pasar por Paco Vázquez para contarnos los síntomas del Coruñavirus


No hay como echarle humor. Y me parto con ese audio de WhatsApp que anda circulando por nuestros móviles en el que Paco Lodeiro se hace pasar por Paco Vázquez para contarnos los síntomas del Coruñavirus. Él habla de que te obliga a consumir determinadas sustancias como los churros del Timón, las patatas de Bonilla y el roscón de Flory (le vale el de Glaccé). Y se autodiagnostica, en su caso, como una enfermedad crónica que te lleva a vivir bien.

No sé si el Coruñavirus se convertirá pronto en una epidemia que pueda cruzar el puente de A Pasaxe para empezar a contagiar al resto de gallegos, pero por si acaso les voy a ir indicando algunos de los síntomas que se padecen en cuanto la enfermedad empieza e evolucionar. Es fácil, por ejemplo, que noten cierta asfixia si al cruzar por una calle no ven cerca un SanBrandán, es un indicador que rápidamente el cuerpo percibe, por eso aquellos que tienen desarrollado el Coruñavirus pueden notar una terrible falta de aire en cuanto se alejan de la ciudad. Si el viento amaina, y no corre nada de brisa, si de pronto no sienten ese biruje que penetra en los huesos, es posible que todavía no hayan entrado en contacto con nadie que sea portador, porque una de las claves de la enfermedad es que se transmite los días fuertes de temporal en que en lugar de andar, en esta ciudad se vuela. Esas jornadas son intensas para los pacientes con Coruñavirus, así que un gran portador puede provocar que varias personas se contagien a la vez. Se darán cuenta enseguida, porque a 15 grados, en cuanto luzca el cielo azul, querrán ir a la playa, les entrará una necesidad imperiosa de hacerlo y se irán arrimando poco a poco en busca de un paredón de calor. Verán que hay pacientes con Coruñavirus que se meten en el agua de Riazor en invierno, pero son los que ya están inmunizados, y no sufren consecuencias. Si notan que sale un rayo de sol y de repente se empiezan a escurrir en la silla de una terraza, les va bajando el culo, se quedan inmóviles, cierran los ojos e inclinan levemente la cara para mirar al cielo, entonces, no duden de que el mal ya está dentro. En ese momento los pacientes más graves mutan sus cuerdas vocales, empezarán a hacer sonidos raros y les saldrán frases del tipo: «No abes, chorbo, el virus este te deja apalachao». En ese caso, si el enfermo se acerca a su barrio, se irá sintiendo mejor y entrará en contacto con otros pacientes con los mismos síntomas para frenar la epidemia. Hay gente con el Coruñavirus que es capaz de llorar, si alguien nombra espontáneamente a Bebeto, y por favor, es conveniente no citar el penalti de Djukic si hay gente mayor delante. Les afecta gravemente. Este es solo un aviso escueto, pero hay otros síntomas que les pueden servir de guía. Yo, por ejemplo, he notado que mi hijo pequeño está contagiado porque ayer le pregunté: «¿Qué es lo que más te gusta de Coruña?». Y a sus 11 años respondió: «Todo». Tiene ya el Coruñavirus en la sangre.

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