Los últimos repatriados de la guerra de Cuba

En 1899 retornaron al puerto de A Coruña los últimos combatientes procedentes de Cienfuegos


La ceremonia fue breve. En la plaza de armas del Palacio de la Capitanía General en La Habana formaban las tropas españolas y norteamericanas. En el salón estaban los generales de ambos bandos. Con la primera campanada de las 12 se oyó el primero de los 21 cañonazos. Después, en medio del silencio, el general Jiménez Castellanos, último capitán general y gobernador español de Cuba, con lágrimas y voz enérgica, ante el general norteamericano Brooke, dijo: «Caballeros, en cumplimiento del Tratado de París, del convenio con las comisiones militares de la isla y las órdenes de mi rey, en este momento, mediodía de primero de enero de 1899, cesa en Cuba la soberanía española y empieza la de Estados Unidos».

Tras la contestación de Brooke, los españoles se retiraron a los muelles para embarcar. A esa misma hora la última bandera española que ondeaba en América, en el Morro de La Habana, fue arriada y sustituida por la norteamericana.

Entregada La Habana, en los días siguientes, el general Castellanos continuó de forma ordenada con la repatriación de las fuerzas españolas reconcentradas en Matanzas y en Cienfuegos.

Al mismo tiempo, tras reorganizar las finanzas y vender pertrechos, consiguió pagar los atrasos a los soldados y al personal civil: llevaban meses sin cobrar su sueldo íntegro, que solo recibían los altos cargos; también consiguió traer en oro más de dos millones de pesos para el Tesoro. El último reembarco se hizo desde Cienfuegos en el vapor Cataluña. Partió de Cuba el 6 de febrero con el general Castellanos y 1.294 militares, fondeando en A Coruña a las siete de la mañana del 20.

Las tropas regresaron diezmadas por las bajas y las enfermedades 

417 hombres

Numeroso público acudió a recibirlo, ya que en él regresaba casi todo el batallón de cazadores de Reus, compuesto en su mayoría por gallegos y perteneciente a la guarnición coruñesa desde 1878. Venían 417 hombres de la primera, tercera, quinta y sexta compañía, además de la charanga; las otras dos compañías ya habían regresado antes por Vigo. Habían partido para Cuba el 21 de agosto de 1895, en medio del entusiasmo popular, y ahora retornaban diezmados por las bajas de guerra y enfermedades en un ambiente pesimista sobre la esencia y el futuro de España.

Según La Voz de Galicia regresaban «escasamente la mitad de los soldados que fueron»; hasta su banda, muy querida en la ciudad, venía deshecha. Su desembarco comenzó a las 10, terminando una hora y media más tarde. Después, en formación marcharon hacia su cuartel, el de Alfonso XII (hoy Atocha). Partieron con su uniforme y equipo militar y ahora desfilaban vestidos con traje y gorra de paisano. Por las calles Real, Rego de Auga y plaza de María Pita, sus filas se deshacían a menudo por los que presenciaban su paso y se abalanzaban, tras reconocerlos, para abrazar emocionados a parientes, amigos o conocidos. Estaban sanos y salvos.

El Cataluña continuaría su viaje hasta Santander donde llegó el 22, desembarcando el general Castellanos y 697 hombres, la mayoría del batallón de cazadores de Llerena de servicio en Vitoria. Finalizaba la repatriación y la sangría de Cuba.

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