El hotel de Santa Cruz asume la gestión directa de las camareras de piso y encarga al diseñador de alta costura Javier Quintela un uniforme más funcional y bonito
18 dic 2019 . Actualizado a las 19:16 h.El hotel Noa pretende extender su singularidad más allá de su ubicación privilegiada frente al castillo de Santa Cruz y ha decidido, a los seis meses de su apertura, asumir el servicio de camareras de piso, que hasta el momento tenía externalizado y darle un punto de distinción uniformando a las tres trabajadoras de la mano del diseñador de alta costura Javier Quintela.
«Tienes picos de ocupación y es difícil mantener una plantilla estable, pero nos hemos dado cuenta de que de temporada alta a baja no tenemos mucha diferencia de ocupación, la hay, pero no como para que sea determinante externalizar», explica el director Yago López Cabanas. «Es un sector que está bastante explotado y maltratado, es recurrente la noticia de las kellys (nombre que popularizó una asociación asumiendo el popular juego de palabras: 'la kelly, la que limpia') que están en huelga porque cobran 1,2 o 1,5 euros por habitación hecha y el intermediario es el que se lleva el dinero», puntualiza el director de este hotel de Santa Cruz. Afirma que «como uno de nuestros pilares es el servicio al cliente y uno bueno es teniendo los empleados comprometidos y contentos en su lugar de trabajo hemos llegado a la idea de que las camareras de piso sean empleadas nuestras, hemos tomado la decisión de integrarlas en el equipo», informa López Cabanas. Cifra en nueve los trabajadores con los que cuenta el hotel hasta el momento, sin contar el servicio de restauración. El director reconoce además que con el contrato que se hace efectivo en enero se busca reconocer su implicación en el trabajo.
«Para darles la bienvenida por la puerta grande es la colaboración con Javier Quintela», puntualiza y avanza que pretende ofrecerles un uniforme funcional y bonito. Este miércoles el diseñador ha hablado con ellas en una de las habitaciones del hotel boutique. «Hago vestidos a medida y a cada clienta le hago una entrevista para saber qué traje quiere y se hace el diseño ajustado al cuerpo de esa persona y a sus necesidades, y con ellas será lo mismo», comenta antes de recibir sus sugerencias que fueron, como primeras peticiones, que se ajustase a su talla y tuviera bolsillos. Quintela llevó un muestrario de telas y discutieron los colores. Tras ese primer contacto, las trabajadoras irán a que les tomen las medidas a su atelier en la calle Compostela.
Los perfiles de las tres trabajadoras son distintos.
«Vieron en nosotras la posibilidad de no externalizar»
Mabel Rodríguez (Narón, 1983) es la gobernanta del equipo, aprendió a trabajar en el Carrís Almirante de Ferrol, donde aún trabaja su madre y donde lo hizo su abuela. Sus inicios no eran seguir la tradición familiar, sino que había iniciado un ciclo de gestión de empresas y trabajó en el sector inmobiliario hasta que la crisis la recondujo hacia los hoteles. «He tenido la suerte de que nunca he sido kelly, no había trabajado para una empresa externa hasta llegar aquí y ahora nos coge el hotel», explica. «Ellos vieron con nosotras la necesidad de no tener que externalizar y somos un equipo que se complementa», indica Mabel, que agradece el contar con un uniforme cómodo, porque, dice, hacen mucho trabajo físico. «La cama tiene 2 metros y esos colchones pesan y necesitamos que transpire bien», apunta esta gobernanta que resume su labor como la de una «directora de orquesta» para que no haya desajustes. Cree que el contrato les ofrece «más seguridad». «Yo ahora tengo que responder delante de muchas personas, de la empresa y del hotel, también de ellas, pero la empresa exige unas cosas que no se corresponden con lo que quiere el hotel, porque sobre todo quiere que quede muy bien y prefieren sacrificar tiempo para que quede mejor». Madre de un niño de 15, reconoce que lo complicado hoy en día es conciliar, por lo que agradece la implicación de su pareja.
«Agradezco un trabajo fijo a tiempo completo»
Elena Bitca (Moldavia, 1992) es la políglota del grupo. Se expresa en un buen castellano, pero también habla moldavo, ruso y rumano. Había estudiado en su país creación de moda y una FP de peluquería. Llegó en el 2015 con su pareja y un pequeño de 4 meses, siguiendo a su padre, un hombre que llegó andando en el 2000 a España para buscar trabajo y que poco a poco logró la reagrupación familiar en Culleredo. Cuando llegó solo tenía la experiencia laboral de haber trabajado como cajera en San Petersburgo e hizo un curso de montar escaparates y personal de tiendas, para aprovechar lo que había estudiado. Quiso realizar aquí las competencias clave de lo estudiado en su país, pero el azar administrativo la derivó para otra rama, la de servicio a domicilio que le permitió entrar en la empresa que se encargaba de la limpieza del Noa.
Elena desconoce el término kellys, pero respecto a la propuesta desde el hotel Noa agradece un «trabajo fijo a jornada completa, porque así no tienes que buscar otro trabajo de tarde».
Está contenta con el trabajo y reconoce que el no poder convalidad los estudios le restringe las posibilidades, aunque no renuncia a retomar los estudios de nuevo para poder aprovechar lo aprendido.
«Espero que el cambio sea positivo»
Tamara Morales (Nicaragua, 1980) podría escribir su propio reportaje. Estudió Periodismo en su país, ejerció durante 8 años y llegó hace 12 años a Galicia con la idea de complementar su formación con un máster, pero un problema con su permiso migratorio complicó esa posibilidad, aunque se mantiene activa con el blog ciudalatina, que realiza con otra compatriota y que está centrado en los migrantes de América Latina. Un gallego le hizo quedarse aquí, consiguió hace cuatro años la nacionalidad y ha estado trabajando en distintos sectores hasta llegar al de camarera de piso. Sus compañeras alaban su polivalencia en el trabajo y el director del Noa su potencial.
«Espero que el cambio del contrato sea positivo. No me considero Kelly, tengo otro oficio, aquí he aprendido otras cosas que no tenía pensado, pero que no me dan vergüenza, no seré la única ni seré la última», admite relatando los distintos sectores en los que ha trabajado desde su llegada, desde hostelería, empresas de telemárketing o tiendas de moda. Explica lo duro que supone compatibilizar empleos para llevar un salario a casa y cree que el nuevo contrato le dará estabilidad. Ahora, intenta conseguir asilo para su hermana tras complicarse la vida en su país de origen, al que añora y en donde desea envejecer. «La tierra tira», reconoce.