Abuelos del siglo XXI: «Quiero que mis nietos sepan diferenciar las cosas importantes»

Un encuentro reúne en A Coruña a «avoas e avós educadores» de toda Galicia

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«No tuve esa suerte. Mis padres dejaron Galicia en el año 55 y no pude criarme con mis abuelos», cuenta Lourdes Campos, hija de emigrantes gallegos en Venezuela que ha vuelto a la tierra de su familia. Vive en A Coruña y ayer fue una de las voces encargadas de contar su experiencia en la Xuntanza de Avoas e Avós Educadores, coordinada por la Cruz Roja y la Xunta.

El encuentro, que reunió a unos 150 abuelos de toda Galicia, se celebró en la Residencia de Maiores Torrente Ballester. «Mi mamá fue una buena madre y una excelente abuela», comenta Lourdes. Ella ayuda a su hija con el cuidado de sus chavales, de 3 y 14 años. «Tengo la suerte de que mi nieto mayor, ya un adolescente, me escucha bastante. Lo aconsejamos mi marido y yo mucho con la tecnología», destacó la ponente del foro en el que también intervinieron la coordinadora de Nutrición Pediátrica del CHUS Rosaura Leis o el chef con estrella Michelin Luís Veira.

No tuve la suerte de criarme con mis abuelos, hoy trato a mis nietos como lo hice con mis hijos

Un cuarto propio

Ayudar y compartir en la crianza no significa renunciar al espacio propio. «Trato a mis nietos como traté a mis hijos. Es cierto que hay una diferencia. A ellos los atiendo por ratos, puedo no ser tan estricta y complacerlos más con lo que quieren comer, pero siempre insisto en el respeto. Se está perdiendo, y es algo que depende de padres y abuelos que no desaparezca», desliza.

«Cuando quiero tener tiempo libre, tengo tiempo libre. Todo se basa en un equilibrio. Mi hija ya lo sabe», remarca.

Manuel Paz, de Rois aunque vecino de Vigo desde hace años, fue otra de las voces invitadas a compartir su vivencia. Él tiene 69 años y ocho nietos. El más pequeño no llega al mes y la mayor está a punto de cumplir los 23 años. «Este año me han tocado dos de ellos. El que tiene 2 y el de 7», avanza Manuel.

«Cubro los huecos que los padres no pueden. Llevarlos al colegio, darles de comer. Suelo estar unas tres horas al día con ellos. Alguna vez, también duermen conmigo. Aprendemos mutuamente. Trato de inculcarles lo que me enseñaron. El respeto a los demás y a que distingan las cosas importantes de la vida de las secundarias. Le dan mucho valor a las nuevas tecnologías, y no dejan de ser una herramienta», exclama este abuelo.

Sobre la sobrecarga que sufren muchos abuelos, reconoce: «Deixámonos abusar». Sentirse arropados entre ellos, además de por los hijos, es uno de los objetivos del programa.

«Una hora juntos es una hora de felicidad»

SUSANA ACOSTA

Flechazo a primera vista. Es lo que José Antonio sintió al tener a su nieto Iago en brazos. Un amor incondicional que también es correspondido por el pequeño que está encantado con su abueliño

Que nos perdonen los abuelos de otras zonas, pero los gallegos, nuestros abueliños, tienen algo especial. Son los más simpáticos, los más cariñosos, los más generosos y los más retranqueiros. Una combinación que nos lleva a decir alto y claro que son los mejores abuelos del mundo. Y no lo decimos solo desde aquí, también lo gritan sus nietos, con una caricia, una mirada o un simple beso. Pequeños gestos cotidianos que dicen mucho a nuestros velliños. Porque son muchos los nietos que están locos por ellos, por los abuelos con mayúsculas.

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