Ferreiro se juega la alcaldía en los barrios

El PP es la primera fuerza en todo el centro, donde el PSOE le pisa los talones a la Marea


A Coruña

Se decidirá en Elviña y el Castrillón, en Eirís y Bens, en Mesoiro y Os Castros. En los barrios se disputará la contienda clave de las próximas municipales y se decidirá la continuidad de Xulio Ferreiro en la alcaldía. Así lo indica la última encuesta de Sondaxe, que apunta a una victoria insuficiente del PP y a un probable bipartito de la Marea y el PSOE, empatados a siete concejales.

Aunque lejos de sus mejores resultados, los que le dieron la alcaldía en el 2011, los populares volverían a ser la fuerza más votada en el centro, su feudo tradicional con la excepción de Monte Alto, y los ensanches. Desde la Ciudad Vieja hasta el Agra del Orzán dispondrían de una ventaja superior a los cinco puntos sobre su perseguidor inmediato.

Esa diferencia no bastaría para que Beatriz Mato tocase la mayoría.. Sin descartar que uno de los dos flaquee, y el apoyo del BNG de Francisco Jorquera se convierta en imprescindible, la alcaldía se disputará por unos miles de votos entre la Marea y el PSOE. Los primeros se impusieron con claridad en el 2015, pero el partido de Inés Rey está a punto de devolverles el sorpasso.

Según la encuesta ya han adelantado en el casco histórico y Monte Alto, donde son la segunda fuerza. Están a dos pasos -puntos- de los de Ferreiro en el Ensanche, Cuatro Caminos, Sagrada Familia y Os Mallos; y en los Rosales, Riazor y el Agra del Orzán les pisan los talones a tan solo una décima de distancia.

Esa zona, con un 44,5 % de indecisos y el barrio más poblado de la ciudad -los cerca de 29.000 vecinos del Agra del Orzán- será clave en la pelea de las dos formaciones de izquierdas, pero también lo es para el PP, que parte con ventaja en ella y podría dar pasos hacia la mayoría si logra movilizar a los que dudan.

En los barrios la situación es similar, pero es la Marea la que parte con ventaja y el PP el que amenaza su primer puesto. La diferencia a favor de los primeros es más pronunciada en Mesoiro, Castro de Elviña y A Grela-Bens, donde superan a los populares por dos puntos y medio y multiplican por más de tres el resultado de los socialistas.

Con esos datos, Ferreiro logrará revalidar la alcaldía si su partido contiene la tendencia a la baja en el centro y consolida su resultado en los barrios, donde los socialistas tenían sus feudos

Los indecisos tienen la llave

Todo está por decidir aún. En esas zonas se supera el 40 % de indecisos y opacos, y en el caso de Mesoiro, Castro de Elviña y A Grela-Bens se roza el 49 %.

En esa zona será clave el barrio de Novo Mesoiro, el más joven de la ciudad. Sus 8.000 habitantes fueron el martillo electoral de los últimos alcaldes, primero del socialista Javier Losada y después del popular Carlos Negreira, a los que castigaron en las urnas con un respaldo bajísimo.

La volatilidad electoral de esa zona se refleja en el ya citado alto porcentaje de indecisos y opacos, en la bajísima abstención -5,6 %- y también en las cifras de las formaciones alternativas. Es el caso de Ciudadanos, que lograría su mejor resultado, un 5,6 %; y también el de los partidos pequeños -Alternativa dos Veciños, Pacma, Democracia Coruñesa- que se repartirían el 8,2 % de los votos, cuatro veces más que el BNG, el doble que el PSOE.

Con la mayoría absoluta del PP muy lejos y una irrupción insuficiente de Ciudadanos, cualquier posibilidad de un gobierno alternativo al que podrían formar Marea y PSOE -o viceversa- pasa porque el centro-derecha y la derecha movilicen a los indecisos en los barrios. En el centro, donde obtendrían sus mejores resultados, la intención de voto está más decantada. De hecho, la zona de Monte Alto, Ciudad Vieja y Pescadería es la única con menos de un 30 % de indecisos.

Potencial aún desmovilizado

La base está ahí, el PP logró en el 2011 más de 51.000 votos. Pero en el 2015, cerca de 18.000 se esos electores se quedaron en casa u optaron por otra opción política. Según la encuesta, por el momento no ha logrado reactivarlos y tampoco lo ha hecho Ciudadanos, que está lastrado por la falta de un candidato firme y una frágil infraestructura.

En las andaluzas, el empujón final lo dio VOX, pero según la encuesta de Sondaxe el efecto de la formación de Abascal no se deja sentir en A Coruña. Obtendría el 1,7 % de los votos en la zona de Mesoiro, Castro de Elviña y A Grela-Bens, su segundo mejor resultado en la ciudad por detrás del 2,4 % que sacaría en el centro. Con esas cifras, se quedaría muy lejos de irrumpir y obtener representación, aunque una vez más, el alto porcentaje de voto indeciso y opaco, impide que los resultados se puedan considerar definitivos.

Hacia una corporación más fragmentada

Tras cuatro años marcados por la inestabilidad de un gobierno en minoría, el de la Marea Atlántica, que rechazó cualquier acuerdo estable con los partidos, PSOE y BNG, que facilitaron la investidura de su candidato, Xulio Ferreiro, A Coruña se dirige hacia un escenario en potencia aún más inestable. Los resultados a día de hoy, según la encuesta de Sondaxe, darán paso a la corporación más fragmentada desde 1983. El primer mandato de la democracia estuvo marcado por la presencia de seis partidos en el pleno y el gobierno de la tercera fuerza política, Unidade Galega, cuyo alcalde, Domingos Merino fue objeto de una moción de censura en pleno mandato. Para el 2019 se prevé la presencia de cinco partidos, con un bloque PP-Ciudadanos a tres ediles de distancia de la mayoría absoluta, y otro bloque Marea-PSOE-BNG sin un líder claro. Las opciones con ese escenario político son las siguientes. 

La coalición

Socios con pasado. La solución más probable pasa por un gobierno bipartito entre la Marea y el PSOE, que con siete ediles cada uno alcanzarían la cifra mágica de 14, mayoría absoluta. El BNG solo sería imprescindible si no se alcanzase ese horizonte, pero en ese caso podría plantear exigencias de calado ya que tendría la llave de la gobernabilidad. 

En todo caso, la relación entre los posibles socios ha estado marcada por múltiples desencuentros. El PSOE y la Marea se han acusado mutuamente de mentir y romper acuerdos, de bloquear la ciudad, o de dificultar las inversiones y mejoras.

Ambos partidos compiten por el mismo espacio electoral. Durante los últimos días la Marea ha centrado sus críticas en el PSOE, al que está presionando para que apruebe sus presupuestos y al que responsabiliza una y otra vez de los problemas urbanísticos con la antigua sede de Fenosa. Los ataques de ese tipo no son nuevos, pero según la encuesta el PSOE ha resistido y está incluso en posición de adelantar a la Marea y volver a ser la fuerza hegemónica de la izquierda.

El ejemplo a no seguir. Las relaciones tormentosas entre ambos partidos ya frustraron otras coaliciones. El caso más cercano es el de Ferrol en Común y el PSOE, cuyo acuerdo saltó por los aires en medio del mandato

En A Coruña no se llegó a tanto, la Marea rechazó las ofertas de pacto del PSOE, aunque la relación ha sido tanto o más complicada. Los de Ferreiro llegaron a vetar a la anterior secretaria general y candidata de los socialistas, Mar Barcón, para que coordinase un proyecto bajo supervisión de uno de sus concejales.

Los socialistas retiraron la confianza al alcalde, Xulio Ferreiro, reprobaron en el pleno a su jefe de gabinete Iago Martínez -que salvo sorpresa irá de número 7 en la próxima lista de la Marea-, y votaron a favor del cese de los concejales Xiao Varela y Alberto Lema por el caso de la compra irregular de dos pisos a un firmante del manifiesto de la Marea.

Una difícil investidura. Salvo que Ferreiro y su partido les dejasen caer, una coalición obligaría al PSOE a desdecirse y facilitar competencias de gobierno a los tres ediles mencionados, que fueron reprobados con su voto.

También les obligaría a facilitar competencias de gobierno a una concejala investigada por un presunto delito de prevaricación. Se trata de la titular de Participación, Claudia Delso, a la que Xulio Ferreiro ha mantenido en la lista pese al compromiso de la Marea de que los investigados -antes imputados- por esos delitos cesarían en el acto.

En el 2014, el edil socialista José Nogueira -un histórico del partido- dio un paso atrás y renunció a ir en la lista por estar imputado en la Pikachu. Su decisión buscaba en parte facilitar un posible gobierno de coalición con la Marea, que basó su campaña del 2015 en la mano dura con los políticos imputados por la Justicia.

Hay precedentes de investiduras frustradas por asuntos judiciales. El caso más sonado lo protagonizó el PSOE en Lugo, cuando dejó caer a su alcalde, José Clemente López Orozco, imputado en la Pokémon, por exigencia de Lugonovo. La Marea lucense advirtió que o se iba o no apoyaría la investidura de un socialista, lo que dejaba el bastón de alcalde en manos del PP.

Al contrario que la Marea o Lugonovo, que anunciaron desde el principio que no pactarían con imputados, el PSOE no se ha pronunciado sobre ese tema, que es uno de los posibles problemas que tendría que superar un bipartito que, según la encuesta y a día de hoy, es la opción de gobierno más probable para A Coruña. 

El gobierno en minoría

Más solos que nunca. Con los resultados que prevé la encuesta, y después de que la candidata del PSOE Inés Rey descartase cualquier acuerdo con el PP, la formación de un ejecutivo en minoría es la única y muy remota posibilidad de gobernar de Beatriz Mato. Para llegar hasta ahí, la ruptura de la relación entre los socialistas y la Marea tendría que llegar a un punto de no retorno, de lo que no hay ningún precedente en este mandato.

Mato podría apoyarse en Ciudadanos, pero aún así su situación en el pleno sería muy frágil y la posibilidad de una moción de censura planearía en todo momento sobre el gobierno local.

El «déjà vu» del 2015. Otra posibilidad, también muy remota, es que se repita un gobierno en minoría de la Marea o, si se sitúa como segunda fuerza, del Partido Socialista. Esa opción requeriría el apoyo de una de las formaciones de izquierda a la otra en la investidura, con el fin de superar al Partido Popular.

Es un escenario muy improbable porque supondría prolongar la situación política de los últimos cuatro años -con la que ningún partido se ha mostrado demasiado satisfecho- pero en una situación de todavía mayor debilidad en el pleno para el posible gobierno.

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