«Kursk», angustia en tres actos

La película dirigida por Thomas Vinterberg mezcla el drama bélico con el cine de denuncia


El interior del submarino, el exterior con las familias y el alto mando con sus tejemanejes. Son los tres actos que engarza el guion de Robert Rodat al que se sumó el avispado Luc Besson para coproducirla desde su Europa Corp. Aquel trágico agosto del año 2000, el submarino ruso K-141 se iba al fondo en el mar de Barents por un accidente en su sala de torpedos. Fueron días de angustia porque una mínima parte del pasaje, veintitantos marineros, lograron salvarse al menos durante unas horas -se especula que hasta seis días- en un extremo de la nave. El recién llegado a la presidencia Putin y su Estado Mayor hicieron caso omiso de los ofrecimientos de la OTAN para descender al fondo e intentar el rescate. Más tarde su supo con detalle la negligencia encadenada del aparato militar ruso, temeroso de que Occidente se hiciera con los secretos de su joya naval submarina y descubriera sus graves carencias de mantenimiento. Es así como la película de Vinterberg oscila entre el drama bélico de género y el cine de denuncia.

Sabido con antelación lo que nos cuenta, quedaba por certificar el cómo afrontaba el director danés un producto que en principio estaba llamado a quedarse en un académico ejemplar de género. Lo hace sin traicionar sus principios del Dogma, con un tono casi documental (las escenas protagonizadas por las familias, sus hogares incluidos) que hasta reduce el cuadro al formato estándar, que en el submarino se torna más espectacular, fiel a las marcas del drama bélico, con un grupo humano al límite. Las escenas con los altos mandos, tanto aliados como rusos, se ajustan más al cliché para sacar a relucir las vergüenzas de una casta anclada en los valores del pasado, los de esa URSS previa a la caída del muro. El rol del niño, único hijo del oficial ruso a bordo, va ganando en interés hasta el clímax final. Por supuesto que no renuncia a los tópicos, pero son prudentes, no resultan cargantes en su obviedad. Queda para el final el magnético registro del casi nonagenario Max von Sydow como máxima autoridad militar rusa. No necesita actuar, le basta con su rostro.

«KURSK»

Bélgica, Luxemburgo, 2018.

Director: Thomas Vinterberg.

Intérpretes: Mathias Schoenaerts, Léa Seydoux, Colin Firth, Max von Sydow, Guido de Graene, Geoffer Newland.

Drama.

117 minutos.

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