La casa de acogida para mujeres maltratadas no tiene plazas libres

El alojamiento de emergencia para las víctimas solo dispone de 15 camas y 4 cunas


a CORUÑA / la voz

Los fondos para atender a las víctimas de violencia machista no llegan ni para ofrecer una plaza en una casa de acogida a las mujeres obligadas a abandonar su hogar huyendo del maltratador. Algunas acaban volviendo, obligadas por la falta de respuesta de las instituciones, según denunció esta semana una policía de la Unidad de Familia y Mujer de la Policía Nacional en una jornada de formación celebrada en A Maestranza. Y en A Coruña podía haberse evitado. La directora del Centro de Información á Muller (CIM) confirmó ayer que la casa de acogida municipal, una de las cinco abiertas en Galicia, está efectivamente saturada: las 15 camas (7 financiadas por la Diputación) y 4 cunas de las que dispone están ocupadas desde hace tiempo y no hay capacidad para hacer sitio a una sola víctima. Pero al menos sobre el papel hay alternativas.

A los alojamientos de emergencia, donde pueden estar hasta seis meses, pero de donde nadie las expulsará, llegan las mujeres y sus hijos sin nada, «y nada es nada», y allí empieza un proceso de construcción desde cero en el que la psicóloga, la abogada y las trabajadoras sociales cubren todas las necesidades, tramitan ayudas, prestaciones, risga, Rai, Salario da Liberdade -en algunos casos acreditando administrativamente la violencia machista a pesar de la que no hay sentencia judicial u orden de alejamiento-, altas en la Seguridad Social, escolarización de los niños, asistencia médica o búsqueda de empleo. La meta es que las mujeres conquisten autonomía y en unos meses puedan trasladarse, si es preciso, a uno de los dos pisos de transición a la vida autónoma (Pitva) que el gobierno local ha abierto para ir cubriendo etapas. Seis camas en uno y cinco en otro, que se suman a las 15 plazas de acogida, 26 en total, en una ciudad donde 481 mujeres reciben algún tipo de protección policial por el riesgo que corren de sufrir episodios de violencia, y alrededor de 500 casos nuevos llegan cada año al CIM, donde se han reforzado los equipos. 

Dos pisos

En uno de estos pisos queda libre una habitación con dos camas. La carestía más aguda, por tanto, se encuentra en las plazas de acogida, el nivel cero de la atención y el primer lugar seguro al que se dirigen los equipos ante una emergencia. «No es la primera vez que una brigada del 091 o el 092 lleva a una víctima directamente a la casa de acogida. Lo mejor es que llamen para saber si hay sitio y evitar andar con la mujer de un lado al otro como un fardo», aconseja la directora. En A Coruña, en todo caso, ninguna tendría que verse forzada a regresar al domicilio familiar donde la espera el agresor por falta de alojamiento, como denunció la agente de la UFAM.

«Si no se encuentra plaza y por las razones que sea fallan las comunicaciones con la red gallega, con una llamada a la Policía Local se puede activar un Semus [Servicio Municipal de Urgencias Sociales] para gestionar un lugar donde la víctima pueda pasar la noche o el fin de semana hasta el lunes, ya con los equipos sociales, jurídicos y psicológicos en el CIM -afirma la directora- para hacerse cargo del caso».

El teléfono del centro autonómico que coordina las urgencias funciona solo 12 horas al día

La casa para víctimas de violencia machista de A Coruña está integrada en una red autonómica de acogida que integra a otros cuatro centros y pisos municipales en Ferrol, Culleredo, Lugo y Ourense, y un centro de emergencias en Vigo dependiente de la Xunta. Es toda la infraestructura que existe en Galicia para dar cobijo a las mujeres obligadas a salir de su casa para huir del maltrato, y ofrece la ventaja de que «se nun momento dado non hai praza na casa de acollida da cidade búscaselle outra nalgún dos outros puntos da rede», explica Rocío Fraga, concejala de Igualdade y Diversidade de A Coruña.

Por lo mismo, el sistema permite también traslados forzosos de mujeres que tienen que abandonar su lugar de residencia para preservar su seguridad, o que ellas mismas elijan zonas de preferencia.

En la práctica, sin embargo, fallos en la gestión han frustrado el alojamiento y abocado a las víctimas a volver con el agresor, según señaló esta semana una policía nacional. El teléfono del Centro de Recuperación Integral (CRI) que coordina la red y al que se dirigen comisarías, juzgados o hospitales para pedir una cama solo está operativo de lunes a viernes, de 9.00 a 19.00 horas. Fuera de ese horario, las llamadas se desvían al Teléfono da Muller, una línea 900 abierta por la Xunta en la que, según una agente, «a las dos de la madrugada de un sábado nadie contesta». Y el silencio deja a los equipos de protección y a la mujer ante pocas alternativas; las más de las veces, una amiga que la acoja o el regreso con su maltratador.

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