Víctimas de maltrato vuelven con sus agresores por falta de plazas de acogida

Una jornada de formación para policías destapa la precariedad con la que trabajan


a coruña / la voz

Mujeres maltratadas que consiguieron salir del ciclo de la violencia y acudieron a la policía para denunciar a su pareja tuvieron que volver al domicilio familiar donde las esperaba su agresor por falta de alojamiento para ellas y sus hijos en las casas de acogida. Una agente de la Policía Nacional desveló ayer en A Coruña la precariedad con que trabajan en las comisarías y las unidades especializadas. «En agosto pasado no teníamos adónde llevarlas, alguna con un bebé de meses, a las dos de la madrugada, sola. Les preguntas si no tienen una amiga que las pueda ayudar, piensas en llevarlas a tu casa, les estás diciendo que no pueden vivir con ese señor, pero al mismo tiempo, que no hay sitio para ellas. Se habla mucho de recursos y de medios, pero es mentira. No los hay. Tenemos que llamar a un 900 donde a las dos de la madrugada nadie coge y al final no les queda otra opción que volver con su maltratador. Esto es así. Esto es lo que nos llevamos a casa todos los días», expuso impotente la especialista en una jornada de formación para miembros de las fuerzas de seguridad del Estado organizada por la Delegación del Gobierno en Galicia.

La realidad y el protocolo

Esta policía, que se ocupa de la protección de las víctimas y está conectada telefónicamente con ellas las 24 horas del día, interrumpió la intervención de una de las ponentes, como habían hecho antes varios compañeros, algunos manifiestamente contrariados, para trasladar su experiencia y la realidad al margen de los protocolos de actuación. Señaló que desde hace meses no tienen tarjetas para entregar del Centro de Información a la Mujer (CIM), un órgano vital en la atención a las víctimas, cuestionó normas de procedimiento relacionadas con la lectura de los derechos y negó que preguntas como «¿por qué sigues con él?» formen parte de las entrevistas preceptivas que se realizan cuando una mujer presenta la denuncia. «No lo preguntamos porque todos sabemos por qué, por cuestiones económicas o por dependencia emocional», remarcó la policía.

¿Qué es normal?

Desde el estrado, Mónica Novas, psicológica clínica y agente de Igualdad del CIM de O Salnés, ahondó en las tres fases del ciclo de la violencia -tensión, explosión y luna de miel- y en sus rasgos característicos para explicar el proceso de naturalización de conductas anómalas que la víctima del machismo experimenta de forma progresiva y que acaba por modificar su pensamiento. «La normalidad no es su normalidad. Por eso es importante que nos digan qué es normal para ellas», indicó la psicóloga, que cifró en 7 años el tiempo medio de malos tratos que sufre una mujer antes de denunciar.

Unos 150 policías y guardias civiles asistieron a la exposición, centrada en buenas y malas prácticas y herramientas psicosociales para mejorar la atención a la víctima en el trance de la denuncia, y a otras dos ponencias sobre las causas sociales y políticas de la violencia y la relación estrecha entre la confección del atestado policial y la respuesta judicial. El delegado del Gobierno, Javier Losada, incidió, entre otras medidas, en «el mantenimiento de los protocolos y la presencia inmediata de los abogados en las denuncias».

Mónica Novas: «El 90 % de las mujeres dicen que no se sintieron amparadas y que no volverían a denunciar»

m. carneiro

La psicóloga y criminóloga aboga por buenas prácticas en comisaría y por formación para entender la manera de pensar de la víctima

La psicóloga y criminóloga Mónica Novas ha elaborado un código de buenas prácticas para atender a las víctimas de violencia machista en la comisaría durante el momento capital de la denuncia. Entiende que algo falla cuando la mayoría de las mujeres afirman que no volverían a denunciar y alerta sobre la persistencia de conductas paternalistas y de culpabilización de la víctima en la fase policial.

-¿Cómo valoran las víctimas el tratamiento en la comisaría?

-El 90 % de las mujeres de mi grupo de apoyo, que se reúne una vez por semana, dicen que no se sintieron escuchadas, amparadas, que no dijeron lo que realmente había pasado, y que no volverían a denunciar. Habrían pedido el divorcio o pensado en otra opción. Entonces, aquí algo falla. Yo creo que hay que hacer formación específica en psicología para saber cómo preguntar las cosas, para entender los silencios de las mujeres y revisar los cuestionarios. El impreso que se pasa para evaluar el riesgo y saber si necesita una orden de alejamiento o lo que sea contiene preguntas que no tienen en cuenta el estado postraumático en el que se encuentra la mujer si acaba de sufrir una agresión. Por ejemplo, ¿se siente usted atemorizada? Habrá que adaptarlas.

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