La delgada línea roja del iris


Hay un muchacho extraordinario en Oleiros. Su vida, un duro round, es un alentador caso de superación personal, pero también un ejemplo de la delgada línea roja que separa el éxito del fracaso. No el suyo; el nuestro. Se llama Fran Amor Llopis y nació sin iris. Tiene solo un 24 % de visión, va a los exámenes con lupa y le lleva tres horas leer lo que a los demás una. Pero su aniridia, como reveló en La Voz de Galicia la periodista Rosa Domínguez, no le ha impedido destacar en sus estudios de secundaria con una media de ocho, o acumular 57 trofeos en disciplinas atléticas, pues participa en carreras desde los 6 años.

Fran, hoy en 2.º de bachillerato, tiene un sueño: ir a la universidad. Pero le ha surgido un impedimento, la Administración. Algunos funcionarios determinaron que sufre «un trastorno común en el iris», en ese iris que no tiene. En cualquier caso, le asignan un grado de discapacidad del 58 %, muy por debajo del que de verdad le corresponde, y esa catalogación le impide acceder a las ayudas que necesita. Por ejemplo, comprarse unos prismáticos especiales para estudiar.

Ironías de la vida, Fran quiere ser psicólogo para poder ayudar a gente como la que no le ayuda a él, y su elegante filantropía hace saltar por los aires los resortes de un sistema tan rígido que se resquebraja y fractura ante casos como el suyo porque carece de la flexibilidad necesaria para darles respuesta.

Dicen las mentes pensantes de la Administración que la discapacidad de Fran «es objetivable en campo y agudeza visual». De ahí procede ese insuficiente 58 % que se le asigna. Y ahí radica precisamente el problema: esto no va de cifras, tampoco de baremos técnicos o estadísticos. Va de la calidad, la ductilidad y la eficacia de nuestro sistema educativo.

Tal y como yo lo veo, si no somos capaces de conseguir que un muchacho como Fran, con aptitudes académicas notables, un altruismo emocionante y una capacidad ejemplar para sobreponerse a su discapacidad, consiga progresar en sus estudios, nos estamos pegando un tiro en el pie. Si el argumento para que Fran Amor no pueda ir a la universidad es un frío 58 %, me pregunto qué demonios estamos haciendo con la enseñanza, cimiento de nuestra sociedad. Y si este oleirense no acaba estudiando (en el caso de que consiga la media necesaria para ello) en la universidad, habrá fracasado al completo nuestro sistema formativo, no él. Y por favor, entonces que nadie venga esgrimiendo como justificación la estadística del campo de agudeza visual, porque es un argumento perverso y ciego como un topo.

Parece que el caso de Fran está pendiente de revisión en octubre. Pues que se revise a fondo. Por el bien de nuestra Educación.

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