Mirabal, la luz al final del túnel

A CORUÑA

CESAR DELGADO

Ana Saavedra fundó la asociación con el objetivo de acompañar durante todo el proceso, emocional y judicial, a aquellas mujeres que son víctimas de malos tratos

05 abr 2018 . Actualizado a las 11:33 h.

«Yo la llamo mi luz. Ella me salvó cuando estaba sola y muerta de miedo», afirma una de las muchas chicas que han encontrado en Ana Saavedra, fundadora de la asociación Mirabal, una puerta de salida al infierno. Ella, como tantas, ha sido víctima de violencia de género. Una violencia que no solo deja marcas en la piel, si no en el alma. Por eso, ahora, en la sede de la agrupación en Betanzos no puede contener las lágrimas. Son varias las que han querido acompañar a Ana en un acontecimiento que para ella significa mucho. Se trata de la visita de Alfonso Rueda, vicepresidente de la Xunta, que acudió hasta Betanzos el pasado mes para conocer de primera mano a una entidad con la que el ejecutivo colabora y que desarrolla desde el año 2016 programas de vulnerabilidad y reinserción laboral con mujeres maltratadas.

«¿Le puedo dar dos besos?», preguntó Ana al vicepresidente en un encuentro en el que el nerviosismo y la emoción reinaban en el ambiente. «É unha honra que visite a nosa pequena casa. Unha casa á que se pode acudir en caso de necesidade», dice Ana. Porque desde un pequeño bajo de un edificio de la localidad betanceira, la asociación trabaja de forma incansable para asistir a unas mujeres que no saben qué hacer para escapar del infierno. «E que eu fun vítima de violencia de xénero», le aclara Saavedra a Rueda. Ese es el motivo fundamental por el que decidió crear la asociación. «Levamos 8 anos traballando, eu empecei no 2001 e 4 anos máis tarde formalicei a asociación», explica. Para ella el principal problema de la violencia de género es que «as vítimas séntense soas. Mirabal é como un oasis, un refuxio onde poden vir despois da denuncia, porque para o que pasa despois ninguén te orienta», expone Saavedra. Ante esta afirmación, Rueda matiza que «por desgracia as institucións nunca imos chegar onde chegades vós. Por iso e moi importante o traballo que facedes».

Y es que Ana llega hasta donde no llega nadie. Ni jueces, ni policía, ni gobierno. Su nivel de implicación no se puede calcular. «Si está enferma, y aún así no para. Dedica las 24 horas a esto», afirma entre lágrimas otra de las mujeres a las que Ana ayuda. Tiene 39 años y tres hijos. La acaban de despedir de su empleo como camarera después de presentar una baja causada por la paliza de su marido. «Sin Ana no sabría qué hacer», comenta. «Elas tímbranme ás tantas da madrugada porque teñen medo e eu sempre estou dispoñible», explica. Algo que corroboran las mujeres que han acudido hasta Mirabal para recibir al vicepresidente de la Xunta. Todas se emocionan al hablar de Ana. «Ella me ayudó muchísimo», afirma otra víctima cuyo marido intentó matarla hace seis años. «Prendió fuego a la casa conmigo dentro y cortó las persianas para que no pudiera escapar, salió todo en la prensa», relata con un tono de normalidad que asusta. Un tono que demuestra como por desgracia para ellas el vivir con la muerte persiguiéndolas es su día a día. Ante esa palabras la fundadora sonríe, como dice ella, «sempre cun sorriso, pero coa alma rota». Una sonrisa, que no solo es bonita, también salva vidas.