Experto en alergias, Moreno Benítez aboga por volver a la alimentación más próxima para evitar reacciones
11 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.El alergólogo Francisco Moreno, de la Clínica Lobatón de Cádiz, es una autoridad en inmunología. Parte de su magisterio lo impartió ayer en el Chuac a los especialistas que tratan de hacer frente a las cada vez más frecuentes reacciones al ambiente, a la comida, a los medicamentos....
-¿Cada vez somos más alérgicos?
-En 35 años que llevo trabajando se han multiplicado por dos o tres todo tipo de alergias y algunas alimentarias, aún más. Del 15 al 20 % de la población las sufre y dependiendo de la zonas, a distintos elementos. Aquí, a los ácaros; en Jaén, al polen de la oliva...
-¿Por qué?
-Hay varias hipótesis. La alergia es una epidemia en aumento, pero solo en las sociedades desarrolladas. Una es la de la higiene: la ausencia de una serie de elementos que el sistema inmunológico necesita para desarrollarse normalmente, hace que tome conductas aberrantes ante los ácaros, el polen, los alimentos... Cada vez que el ser humano se distancia de la naturaleza y trata de doblegarla, de domarla, metemos la pata.
-Es decir, los niños tienen que revolcarse en el barro.
-Naturalmente. Y a partir de los seis meses, deberían a empezar a comer de todo. Como hacían nuestras bisabuelas. ¿O es que ellas tenían esas leches de farmacia a mano? No hay que sobrealimentarlos de lácteos. Es verdad que yogures, potitos y helados están muy ricos, pero conllevan una sobreexposición a alimentos que en condiciones naturales no recibirían. Nuestra bisabuela salía al huerto para hacer la comida del día. La paradoja hoy, además, es que empezamos a introducir alimentos externos antes que los propios de su entorno. Si damos kiwi al bebé antes que grelos, estamos haciendo el ridículo. Así, a veces el sistema reacciona frente a esos elementos ajenos que causan daño al huésped. Esto no sucede en África, allí no los tienen, están más preocupados de que no se los coma un león.
-O sea, que el primer consejo para evitar alergias es comer de todo y de lo de siempre.
-Es recomendable una lactancia materna prolongada, pero sin excluir los alimentos a partir de los seis meses. No se pone límite al pecho, pero así, probablemente al año la madre ya no tendrá leche porque el niño come otras cosas, y deja la lactancia de forma espontánea, no traumática.
-¿Y qué más se puede hacer?
-Desde el punto de vista ambiental, huir del exceso de celo con elementos enérgicos de limpieza. Y se abusa de los medicamentos, antibióticos o analgésicos. Todos los niños toman ibuprofeno y la bisabuela ni lo conocía. Hay que hacer un uso racional. Se evita no solamente la alergia al propio fármaco, sino que sea un factor cogenerador de otras alergias.
-¿Y cuándo ya se es alérgico?
-Primero hay que recurrir al especialista, al alergólogo, para saber qué cosas hacen daño. A veces solo evitándolas, se soluciona. Si para la alergia que se padece hay vacuna, mantenerla el tiempo que indica el médico para evitar recaídas, aunque uno se encuentre mejor y piense que puede dejarla. Y todo esto con posibilidades de medicaciones específicas, adaptadas e individualizadas. No todos los pacientes se pueden beneficiar de una vacuna, pero cada vez contamos con un programa farmacológico más amplio para el asma, la rinitis, la urticaria, el eccema...
-¿Los avances en inmunoterapia serán la solución?
-La inmunoterapia es un tratamiento inmunomodulador para curar la alergia empleando extractos, que son vacunas. No hay para todos los alérgenos, pero sí para tratar los respiratorios y algunos alimentarios. Hay vacuna para los ácaros, con muy buenos resultados, y para la LTP, para alérgicos a proteínas de frutas y frutos secos. Al margen, están las pautas de desensibilización a la leche y el huevo. Lo que se trata es de optimizar qué extractos y cómo tenemos que utilizarlos en beneficio del paciente, dada la gran variabilidad individual.
-¿El sistema público está sabiendo reaccionar a esta epidemia?
-Tenemos un sistema que nos cuesta mucho y que se podría optimizar poniendo en valor a los alergólogos. Son de los más cualificados de Europa, donde solo un tercio de los países cuentan con esta especialidad. Mirar para otro lado con una patología tan prevalente es un error. Es esperar a que haya el accidente en vez de arreglar el bache que lo provoca.