Heredó de su padre el apodo y un negocio que el paso del tiempo ha convertido en un oficio artesanal
05 jul 2015 . Actualizado a las 21:17 h.Cruzar la puerta de la sastrería Tano es entrar en otra dimensión. Aquí el tiempo se desacelera, al cliente le imbuye un clima de sosiego, como si se introdujese en un templo religioso. Tano es el último sastre de Betanzos, el último de los once que él llegó a conocer. Quizá el último de una especie en extinción condenada por un mundo acelerado que ha convertido la ropa en objeto de usar y tirar. Pero Tano resiste. Él no cede a las modas efímeras ni a los ritmos estresantes. «O meu converteuse nun traballo de artesán, o mundo non está xa para estas cousas». Lo dice, cómo no, con un ritmo pausado.
Trabaja sobre una mesa robusta rematada por una losa de mármol. Es el altar del templo de Tano, una herencia de su padre, quien abrió esta sastrería cerca del santuario de Os Remedios en 1953. No mantiene el mármol por capricho. «Así a tesoira esvara, non patina». Aquí todo tiene una explicación. Hasta la ropa que viste el propio Tano, un suéter con cuello de pico. «Como traballo coa cabeza cara abaixo?».
Como un telón de fondo se alzan las grandes piezas de tela, la materia prima de sus creaciones, principalmente para ropa de hombre. Una plancha profesional asoma al lado del mármol, centro de operaciones. Y en una esquina, bajo una escalera que conduce a la vivienda, se descubre una máquina de coser nutrida de bobinas Gütermann, una marca nacida en Viena a mediados del siglo XIX, cuando los sastres eran legión. En un pequeño estante conviven unos voluminosos libros: Historia del vestido, As imaxes do traxe en Galicia, El traje gallego, O traxe muradán? Porque del templo de Tano, apodo de Fernando Martínez López, también salen numerosos trajes folclóricos. En una esquina, una radio susurra las noticias del día. Lo hace tan bajito que una respiración fuerte impediría oírla.
-¿Cal é o cliente máis famoso que tivo?
-En canto cruzan esa porta para min son todos igual de famosos. Aí son comunista pechado.
La réplica de la Virgen de Os Remedios que corona la pared no se inmuta. Junto a ella cuelgan dos fotografías de Tano trabajando en una especie de sfumato. La cinta métrica alrededor de la nuca y su sempiterno jersey de cuello de pico.
Además de la mesa de mármol, también heredó el apodo de su padre, Alejandro Martínez, Tano. «Era de León. El tiña unha prima a que lle chamaban a Tana, entón a el chamáronlle así». Fernando se inició a los 14 años junto a Tano I, y en 1980 inauguró un anexo para la venta de ropa. Dice que en moda cualquier tiempo pasado fue mejor, al menos en cuanto a la calidad del textil. «Hai moita xente que vai ao roupeiro e trae as prendas para arranxar, en parte é pola crise, pero tamén porque a roupa vella dá máis garantía».
Abandonamos la Xastrería Tano. Con voz baja, casi compitiendo con la pequeña emisora que sigue lanzando noticias, el último sastre se despide sin prisa. Al pisar la acera, la vida vuelve a acelerarse.