Vía muerta en San Diego


Hubo un tiempo no demasiado lejano, en plena elaboración del plan general, en el que la estación de San Diego era la piedra filosofal de casi todos los proyectos. El urbanista Joan Busquets, redactor del PGOM veía en ella una pieza de desarrollo urbanístico capaz de completar una nueva ciudad junto a los terrenos liberados en la zona portuaria. El edil Mario López Rico, entonces en el BNG, combatió esa idea y, junto a algunos de sus compañeros, reclamó la vieja estación de mercancías para crear una intermodal que sirviera para mantener esos usos de transporte ferroviario junto a un nuevo papel clave: la conexión de toda la comarca mediante un verdadero tren de cercanías capaz de articular el tramo A Coruña-Betanzos de forma más razonable. La postura de fuerza del BNG abortó el plan de edificar en buena parte de la parcela que Busquets proponía con la anuencia del PSOE, entonces en el gobierno local. Y San Diego mantuvo sus usos.

La crisis y la falta de planificación y trabajo comercial en ADIF y Renfe, una de las más viejas reivindicaciones de los trabajadores de ambas empresas, han devuelto al primer plano de la actualidad el papel de la vieja estación de San Diego que agoniza en vía muerta por el ninguneo consentido desde el Ministerio de Fomento.

Un trienio negro. A la estación coruñesa llegaban hasta el 2010 una media de cinco trenes repletos de mercancías a la semana, fundamentalmente procedentes de Zaragoza: papel, materiales diversos para Begano y las empresas del sector lácteo y mercancía general.

A partir de ese año, las diferentes gestiones de Fomento, en manos en ambos casos de ministros gallegos, como José Blanco y Ana Pastor, sucesivamente, han ido alejando a la ciudad de la red de tránsito de mercancías en un privilegio que parece reservado al corredor mediterráneo.

Así, San Diego pasó a recibir tres trenes semanales, luego dos, luego uno y, desde la pasada primavera, la estación está ya completamente inoperativa por falta de transportes de mercancía por vía férrea. Tanto que se ha cerrado la gigantesca grúa de contenedores tras la jubilación de su operario y que los empleados que restan de ADIF en la terminal coruñesa realizarán un paro esta misma semana para denunciar «el desmantelamiento» de la antes estratégica estación coruñesa.

Y es que, como los cangrejos, en esto del tren, Fomento parece andar marcha atrás. En los principales países de Europa, en torno al 20 % de las mercancías se desplazan por ferrocarril. En España, un ridículo 2 %. El caso es especialmente grave en el caso del puerto de A Coruña, que ha sido designado como nodal por parte de la Unión Europea, pero que no tiene acceso a las conexiones ferroviarias ni en el Centenario, donde se mantendrá la descarga de contenedores, ni tampoco en Langosteira, donde Ana Pastor sigue arrancando hojas del calendario con una larga lista de estudios técnicos que sirven para mantener la partida en los Presupuestos Generales del Estado y posponer sin fecha cualquier actuación.

¿Y los políticos? Toca ahora la reacción de la clase política. También de los empresarios y de la Cámara de Comercio. La comarca mueve casi el 40 % del PIB gallego y muchas de esas mercancías -Inditex, los eólicos...- podrían mejorar su competitividad con un servicio digno y acorde con las necesidades reales del área coruñesa. La lealtad partidaria no debe obstaculizar la defensa del interés común por parte del Ayuntamiento.

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