Obras de arte contra artes de pesca

Artistas callejeros toman las capitales europeas contra el arrastre de fondo. Madrid es el único lugar que prohíbe estas acciones simultáneas


Madrid, Redacción / La Voz

Es un «todos contra la pesca de arrastre», una propuesta que se planta en el asfalto del centro de Madrid en el día más caluroso del año. Se pretendió organizar el acto delante del Ministerio de Agricultura, pero fue prohibido por las autoridades. Es también Madrid el único lugar de estas acciones simultáneas llevadas a cabo (en Biarritz, Londres, Bruselas...) en donde no se permite. Pero el artista callejero pinta y pinta, y un fondo negro marino aparece frente a los transeúntes de la calle Colegiata 9, a escasos metros de Tirso de Molina, donde se ubica el siempre hospitalario Utopic_Us, un espacio de coworking que se ha hecho célebre en la capital.

La acción de crear una obra que «exprese la belleza de los fondos marinos y el peligro que representa la pesca de arrastre», tal cual fue el encargo, según cuentan los responsables de la parte española de la protesta, se lleva a cabo en el umbral del local. «Teníamos miedo a ponernos en medio de la calle, al saber que nos prohibían hacerlo frente al ministerio. Casi nos han animado más los demás a que estemos aquí a la vista», añaden.

La idea se concretó y finalizó en cada ciudad durante la mañana de ayer, y se remató a última hora de la tarde desde París, cuando, con todo el material fotográfico y videográfico captado, se creó un reportaje al que se intentará dar la máxima difusión a través de las redes sociales.

Álex Bartolí, coordinador de la DSCC (Coalición para la Conservación de los Fondos Marinos) en España, presente en Madrid, destaca que, al margen de la eficacia de la acción, en cuanto a que las autoridades escuchen, «se trata de que se vea que hay colectivos y personas en contra de la pesca de arrastre. Y muy conscientes de que el daño que se hace es de una gravedad enorme para los ecosistemas y para todos». También asegura que «en Galicia, sobre todo los profesionales de la pesca artesanal, son los más conscientes del daño irreparable». Bartolí destaca que «no se trata de intentar defender una parte del medio marino por una u otra razón, sino que hay que tener en cuenta que es el 90 % del medio marino», lo que da buena prueba de la trascendencia de no lastimar tan delicada fuente de vida (de peces, corales y fondos de esponja).

Mientras el artista pinta, el fondo negro va cobrando vitalismo y color, y de manera abstracta, en medio del calor madrileño, alguno piensa en el mar como fuente de vida. Pero es también tema de conversación la burocracia y los intereses ambiguos de España o de Francia o las dudas de si la UE estará a la altura de los fondos marinos.

De todo eso se habla cuando de repente aparece el monotema de la capital, así, de imprevisto: una señora mayor, como otros muchos que pasan y se detienen, se acerca al mural. «Qué cuadro más bonito. Anda, y ese es el chico de Podemos, ¿no?». El mar estaba antes, señora.

Los profesionales replican

Mientras, en su despacho de la calle Doctor Fleming, Javier Garat, secretario general de la patronal Cepesca, rechina los dientes y se ofrece a explicar a todo aquel que quiera escuchar qué es la pesca de arrastre, dónde se realiza y qué especies captura. Porque según subraya, es muy fácil arremeter así, sin más, con poco o ningún fundamento científico y sí mucho «espectáculo mediático», contra una actividad que, insiste, no se realiza sobre corales, posidonias o esponjas, sino «sobre fondos de limo, arena, gravilla o fango».

Garat sabe que los medioambientalistas le llevan ventaja. La sensibilidad verde de la población capta mejor la metáfora de la «excavadora gigante» o de la «pesca de arrase» que lo de «congelar la huella del arrastre» o la plegaria de que «no hay arte de pesca malo, sino malos usos de las artes de pesca». Y subraya que en el buen uso está el camino. Los pescadores no creen preciso prohibir el arrastre y abogan por regularlo, identificando zonas vulnerables, delimitando áreas protegidas, imponiendo topes de capturas muy estrictos cuando un barco opere en aguas profundas y límites espaciales duros.

Porque el ostracismo supondrá -y eso sí que cala en la población- el paro para 8.089 marineros y la extinción en el mercado de gambas, cigalas, carabineros, granadero o puntillitas... Y en grave peligro estarían el rape, el gallo, el lenguado, la acedía, chipirones, calamares, rodaballo, platija...

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