Palabras, hechos y omisiones en la tercera ronda

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira CRÓNICAS DESDE LA TORRE

A CORUÑA

Ana Pastor, la ministra de Fomento, conserva una excelente amistad con el alcalde, Carlos Negreira, de hace varios lustros. Ambos coincidieron en distintos destinos políticos y, tras el paso del regidor a la política municipal, la ministra siempre fue uno de sus apoyos en cada una de las citas electorales. Esa cercanía y complicidad permite un trato directo, aunque a veces las pretensiones del alcalde se resuelvan con un «a este le ha hecho la boca un fraile», como cuando el pasado viernes Negreira le solicitaba, entre otras cuestiones, más fondos de Fomento para conectar los polígonos de Pocomaco y Vío con el puerto exterior o para agilizar la construcción del Vial 18, que tendrá que pasar la repesca del segundo estudio y buscar soluciones imaginativas desde el punto de vista financiero para intentar sortear las políticas de tijera y austeridad instauradas en todas las administraciones.

Viene esto a cuento por la guerra de cifras y fechas que rodea los plazos de finalización de la tercera ronda. Mientras los Presupuestos Generales del Estado, que entran en fase de debate de enmiendas en los próximos días, hablan del 2015 como fecha de finalización de la circunvalación, la ministra confía en que se pueda rematar «en el primer trimestre del 2014» y el regidor aboga por verla en servicio, a falta de pequeños retoques, en el último trimestre del 2013.

La planificación de fecha variable, por tanto, nos deja a los coruñeses la duda de cuándo se acabará de verdad la tercera ronda, un sueño dibujado en Powerpoint por la Xunta en el 2003 y que, en el mejor de los supuestos, se construirá al trepidante, valga la ironía, ritmo de un kilómetro por año.

Más relevante que los buenos deseos de la ministra serán por tanto los hechos. Y acabar con las omisiones presupuestarias que han cercenado una obra que «habría que hacer aunque no hubiera dinero», como subrayó la propia Pastor en otra visita anterior a la ciudad.

Quizá sería la hora para que Negreira empezara a usar sus dotes de persuasión para compensar el agravio de tantos años esperando por una obra clave con la consecución de otros dos proyectos estratégicos, cada uno en su nivel: la conexión ferroviaria del puerto exterior y la ampliación de Alfonso Molina. Pero mejor que nos lo prometan después de las elecciones autonómicas. Será más creíble.

Llenos y vacíos. Hablando de elecciones, la circunscripción de A Coruña vive una de las campañas más emocionantes de los últimos años. Las encuestas dejan claro que el tripartidismo ha tocado a su fin y que habrá una cuarta fuerza en el Parlamento gallego. Si los resultados se hicieran en función de las ocupaciones de los recintos y actos electorales, los grandes vencedores serían el PP y la coalición de Alternativa Galega de Esquerda del resucitado Xosé Manuel Beiras. En el PSOE, ni siquiera el desembarco de Alfredo Pérez Rubalcaba sirvió para restañar la moral de los socialistas coruñeses. Queda una semana.

Tras las huellas de Pokemon

Contaba Manuel Blanco en V Televisión que el nombre de la operación Pokémon tiene que ver directamente con la serie de dibujos animados japonesa, cuyo subtítulo es «hazte con todos». Ese sería el secreto de la idea que bautiza la operación anticorrupción en varios ayuntamientos gallegos y que esta semana ha alcanzado al Ayuntamiento coruñés. De momento, la jueza Pilar de Lara solo ha recabado información y no hay detenidos, aunque el runrún sobre posibles implicados se ha multiplicado en las últimas semanas.

La operación Pokémon ha puesto en solfa el sistema de adjudicaciones de diversos ayuntamientos y lo que más asusta al ciudadano son frases como las del propietario del grupo Vendex en su declaración ante la jueza, cuando le preguntó: «Señoría, ¿pero cómo cree que se consiguen las adjudicaciones en Galicia y en cualquier lado?».

La versión oficial de todos los políticos es su predisposición a llegar al fondo del caso y resolver cualquier atisbo de duda. De puertas para adentro, hay más inquietud. El gobierno local tiene una buena ocasión de depurar cualquier incertidumbre y aumentar la transparencia en las adjudicaciones.