Una decena de establecimientos superan los 50 años de antigüedad. No ceden a las ofertas de las grandes firmas y continúan comerciando generación tras generación
30 jun 2010 . Actualizado a las 13:19 h.«Hay que tener voluntad de continuar, no hay otra». Lo dice María Presa, que acredita 30 años tras el mostrador de Guante Varadé. Abierta entre 1910 y 1920, representa el arquetipo de lo que un cliente busca en el comercio tradicional: una tienda especializada, dependientes que siguen año tras año acumulando sabiduría y, sobre todo, el siempre reivindicado trato personalizado. «Esta tienda es una referencia -explica la dependienta-, cuando alguien busca un guante de cuero sabe que aquí probablemente esté lo que está buscando».
El anuncio del adiós de la zapatería Astoria, que actualmente está liquidando género ante su cierre inminente, ha sonado en la calle como otra ficha que se cae en un dominó impulsado por las multinacionales y las grandes firmas. «Me da muchísima pena cada vez que un negocio de los de siempre termina», explica Ataúlfo Domínguez, el fundador de la joyería que lleva su nombre. «Han caído muchos en los últimos años -continúa-. La gente más joven no se puede imaginar cómo era esto hace 40 años, cuando a las doce cerraban los cines y se llenaba de gente. Ningún centro comercial es mejor que aquello».
Este año su negocio cumple medio siglo de trayectoria, y él, con 89 años a sus espaldas, es el vivo ejemplo del emprendedor novelesco, el que desde lo más bajo llegó a lo más alto: «Empecé de mozo de los recados -recuerda- y, al final, terminé comprando este local, empeñándome hasta las cejas y saliendo adelante». La resistencia, de cualquier modo, no es cuestión solo de trabajo. Hay mucho de actitud, de asumir el comercio como una forma de vida y resistirse a la tentación del vivir de rentas. Se habla de ofertas que pueden llegar a las 700.000 u 800.000 de las antiguas pesetas. «Sí, han venido, pero yo no les he hecho caso. Mis hijos siguen con el negocio y a mí me gusta que así sea», asegura.
Otro clásico de la joyería es la familia Salamanca, que regenta un negocio homónimo. «Esto necesita trabajo y constancia. Si lo llevas en el alma, si eres serio y formal, no tienes por qué renunciar a tu proyecto y ceder a una multinacional», sostiene Rosa María Salamanca, heredera del negocio que abrieron sus abuelos en 1939. Su marido Carlos Lorenzo, dice que el problema no es tanto el rodillo de las cadenas poderosas: «No, aquí el principal obstáculo que tenemos es el aparcamiento».
«Llevo aquí desde los 13 años»
La puerta interior de Bazar Pepe lo deja claro: «Fundado en 1929». Carlos López lo dirige en la actualidad, representando la tercera generación de la saga familiar que se ha dedicado más de 80 años a la decoración. «Te hacen ofertas para alquilar el local, pero no, yo no renuncio a esto. Esto es mi vida», asegura apoyado a uno de los amplios escaparates que dan paso a su local. «Llevo desde los 13 años vendiendo. Ya entonces me encantaba este trabajo y pretendo hacerme viejo aquí».
La zapatería Vogue, a la que contemplan 55 años de historia, se mudó de local, pero permaneció fiel a la calle Real. Jorge López, hijo del fundador, Antonio López, piensa que la clave radica en «seguir siendo una empresa familiar pero sin renunciar a adaptarse a los tiempos. Nosotros, por ejemplo, dejábamos llevar a la gente varios pares de zapatos para probar a casa».
Cerca de Vogue se encuentra la tienda For, inaugurada en 1946. Pedro Maison, su dueño, reincide en las claves de siempre: «Mucha gente sigue prefiriendo este tipo de negocios por la familiaridad y el trato personalizado. Nosotros vestimos a los nietos de clientes nuestros del principio».