El sonido de las vuvuzelas -las famosas trompetas del Mundial de Fútbol de Sudáfrica- es tan molesto que impide incluso concentrarse en lo importante. Lo importante en ese caso es poder ver las jugadas que trenzan Messi y Agüero, por ejemplo, sin tener que taparse los oídos. Las trompetas que utilizan las aficiones de unos y otros equipos generan un zumbido tal que algunos futboleros se preguntan ¿por qué no me habría hecho aficionado a los partidos de brilé? En A Coruña, en paralelo a la caída con estrépito de grandes selecciones futboleras, se ha puesto en marcha un soniquete parecido al de la vuvuzela, estridente y cansino, para justificar lo injustificable. La vuvuzela coruñesa se llama párking del Parrote y su sonido estridente se ha extendido a la Marina y a la Ciudad Vieja. Invita también a ponerse tapones en los oídos...
La cosa viene de hace ocho años, cuando el Ayuntamiento pidió una subvención de 200.000 euros a Europa para peatonalizar el casco histórico. Con el dinero se compraron varios postes para regular la entrada y salida de vehículos. Cinco de ellos se pudieron contemplar hasta el año 2009, cuando fueron retirados sin haber entrado jamás en uso. Europa dio un tirón de orejas al Ayuntamiento, obligándole a devolver el dinero por no haberlo usado de la forma correcta. Sorprendentemente, varios responsables del gobierno local justificaron esta semana la chapuza: la culpa de que la peatonalización de la Ciudad Vieja no se haya ejecutado la tiene la paralización del párking del Parrote. El mismo argumento se usó con la transformación de la avenida de la Marina, también en estado permanente de buena esperanza.
La justificación municipal no pasa la prueba del algodón, pues el plan del párking llegó mucho después del plan de la peatonalización. Los gobernantes son humanos y, por lo tanto, se pueden equivocar una, dos, tres o cuatro veces (basta, en este caso, ver qué sucedió con la plaza de Pontevedra) pero no caer en la tentación de justificar lo injustificable. Por errores políticos la peatonalización de la Ciudad Vieja está parada, el párking del Parrote está parado y la reforma de la Marina está parada, pero relacionar unas cosas y otras puede degenerar en una peligrosa espiral. Podríamos acabar justificando con este agujero negro que ya cumple 1.241 días la lentitud con la que viajan las obras de la tercera ronda, el inexplicable freno al plan de transporte metropolitano, que aún no se haya licitado la ampliación de Alvedro e incluso el socavón que desde hace meses se puede contemplar, y sufrir, en la calle alcalde Soto González. Las administraciones deberían taponar para siempre los sonidos de estas vuvuzelas, dejando de poner disculpas de mal pagador, que solo provocan agresiones a los tímpanos. Una ciudad no es un Mundial de Fútbol. Que no nos metan más goles.