Galileo: «Y sin embargo... no lo dije»

Rodri García A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

La exposición sobre el primer divulgador científico rompe mitos como su famosa frase «Eppur si muove», que el director del Muncyt niega que pronunciara nunca

09 jun 2010 . Actualizado a las 11:44 h.

«¡Triste época a nosa! É mais doado desintegrar un átomo que un prexuízo». La frase de Einstein sonaba hace unos días ante el monolito de piedra de Traba de Laxe que en el parque de Santa Margarita, cerca del Planetario, evoca a uno de los grandes científicos gallegos: Isidro Parga Pondal. El comentario es aplicable a Galileo, el primer divulgador científico que en plena celebración de los 25 años de la Casa de las Ciencias llegó a la ciudad para protagonizar la primera exposición del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, Muncyt.

«Ni se mueve, ni se deja de mover. Con 70 años y de rodillas ante el tribunal más severo de la Iglesia Católica Galileo se limitó a salvar el pescuezo», enfatizaba Moncho Núñez en el acto académico previo a la apertura de la exposición y aludiendo al famoso Eppur si muove . El padre de los Museos Científicos Coruñeses argumentaba: «La ciencia no necesita mártires, no es una cuestión de fe. Gracias a Dios, Galileo dijo lo que la Inquisición quería escuchar y el resto es leyenda». Y para romper mitos está abierta en la Fundación Barrié (la futura sede del Muncyt está en construcción) la muestra Galileo y la Astronomía, con textos y publicaciones de primera mano, «piezas singulares de la bibliofilia», dicen los organizadores, que son el Muncyt y la Biblioteca de la Accademia dei Lincei e Corsiniana di Roma.

La entrada es gratuita y tras un primer apartado dedicado a la fundación de dicha Academia, la primera asociación científica de la historia, fundada en 1603 y de la que Galileo fue su sexto integrante, la exposición permite ver un ejemplar de la primera edición de Sidereus Nuncius (Venecia, 1610), un ejemplar en el que el científico anuncia sus descubrimientos: la invención del telescopio y sus primeras observaciones del cielo. «lo ho contemplato moltissimi anialucci cn infinita ammirazione: tra i quali la pulce é orribilissitna, la zanzara e la tignola son bellisimi...», puede leerse en la carta autógrafa que Galileo envió a Federico Cesi (fundador de la Academia Lincei) el 23 de septiembre de 1624 y que está expuesta.

El pensamiento de Galileo y la «nueva ciencia galileana» ocupan el tercer apartado de la exposición, en el que se pueden ver notas autógrafas y el primer texto científico que se escribía no en la lengua habitual hasta entonces, el latín, sino en italiano; se trata de una primera edición de Ill Saggiatore. Además, también puede verse una extensa carta dirigida a Cristina de Lorena, la Gran Duquesa de Toscana, en la cual Galileo explica cómo deben entenderse las Sagradas Escrituras tras los nuevos descubrimientos científicos.

El manuscrito con el texto de la abjuración de Galileo, pronunciada el 22 de junio de 1633 en el convento de Santa María Sora Minerva, es el documento más importante del cuarto apartado de la muestra. Algunos visitantes, arrodillados ante dicho texto, renuevan dicha abjuración, elogiada por Moncho Núñez: «Hizo lo que tenía que hacer, lo más pragmático, lo más sensato, lo más cabal, lo que uno aconsejaría a su padre o a su hijo; porque, ¿cómo vas a morir por algo que a lo mejor dentro de un tiempo resulta que no es cierto?».

Sobre la relación con la Iglesia, William R. Shea, titular de la cátedra Galileo en la Universidad de Padua, apuntaba, en el mencionado acto académico, que en Santa María la Mayor, «una de las cuatro principales iglesias de Roma», hay una representación de la Inmaculada a cuyos pies, en lugar de la habitual serpiente, hay una luna, «pero no una luna cualquiera, es la luna de Galileo, porque entonces era lo moderno».

Cierran la exposición los últimos libros y las ediciones póstumas de las obras completas de un científico que 400 años después sigue siendo un referente y su ciencia Eppur si muove , aunque él no dijera esa frase.