Ocho supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki recalaron en A Coruña en el «Peace Boat» para desterrar las guerras recordando aquel horror
27 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Todo. Lo recuerdo todo». Habla Mitsuo Kodama y lo que no olvida sucedió hace casi 65 años. Era 6 de agosto, él tenía 12 años y ni siquiera podía imaginar que lo que les había caído encima era la primera bomba atómica. «Estábamos en el colegio, perdí amigos, recuerdo a mis compañeros bajo el edificio», comentaba ayer el hibakutsha ( así llaman en Japón a los supervivientes de las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki) a bordo del Oceanic, fletado por la organización no gubernamental Peace Boat, en el puerto de A Coruña.
Con él, en el barco de la paz viajan otras siete víctimas vivas de aquellos hongos mortíferos. Son los auténticos protagonistas de la 69.ª vuelta al mundo del trasatlántico Oceanic , crucero que transporta a 800 pasajeros y 300 tripulantes en un curioso turismo educativo y pacifista. Su misión es llevar por los puertos de la Tierra el testimonio del horror. «Algunos sobrevivieron hasta los 60 años -continuaba Mitsuo-, pero tuvieron cáncer, muchos cánceres distintos». La marca de lo ocurrido, incluso la física, con las cicatrices de 16 cirugías, fue para toda la vida, de ahí que ayer insistía en su interés por «difundir el mensaje del mal que causan las armas nucleares».
«La paz todavía no está cerca», repitió en su alerta ante el rearme nuclear. «La gente no está sensibilizada, no es consciente de los efectos de las armas nucleares, son distintas a las convencionales y causan males mayores».
Uno de sus compañeros de tragedia y superación, en perfecto portugués, ponía número a la capacidad de destrucción masiva: «Hoy hay 20.000 bombas atómicas como las de Hiroshima y Nagasaki en el mundo».
A punto de iniciar una conferencia, los ocho supervivientes se retrataban ante una gigantesca grulla de origami repleta de mensajes de pasajeros. Dos de ellos, en español: «Queremos paz» y «Por un mundo en paz». Así de simple.
A bordo del crucero, el trabajo consiste en no dejar que se olvide, en conocer lo sucedido ayer para que no se repita mañana, y analizar lo que está pasando hoy en Irán, en Corea, con el conflicto palestino... En el barco, tres meses de contacto con las secuelas de la guerra total son la vacuna. Y la esperanza, lo dijeron ayer los testigos directos, está en los que solo han conocido la Segunda Guerra Mundial en los libros de historia: «Estoy muy orgulloso, muy feliz de ver cómo se implican los jóvenes», concluía el
hibakutsha.