Cada madrugada, desde hace diez años, cambia hoja por hoja el día del calendario floral de Méndez Núñez. El Ayuntamiento ha decidido prescindir de sus servicios
17 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.En las últimas fechas, la labor de Segismundo Feijoo Sández y sus compañeros ha llenado páginas de diarios y no por el delicado trabajo que realizan cada madrugada sobre el calendario floral de los jardines de Méndez Núñez, ni por el sacrificado esfuerzo con el que se enfrentan a los restos de esa guerra llamada botellón que toma los céntricos jardines como campo de batalla. Estos jardineros municipales son noticia por protagonizar un conflicto laboral que parece inevitable que desemboque con la externalización del servicio que prestan.
Segismundo y sus dos compañeros son los últimos de una estirpe de jardineros municipales que, sin pretenderlo, se vieron obligados a especializarse en ornamentación floral. Una tarea delicada, la de mantener al día y en sus sitio el que sin duda es uno de los rincones más fotografiados de la ciudad. No en vano resistía esta parte del jardín como el último reducto verde de la ciudad cuidado todavía por los empleados municipales: «El resto de jardines, e incluso la parte del relleno de este, lo llevan empresas ajenas», apunta Mundo, como le nombran sus compañeros y él mismo se presenta. A él le enseñaron a hacerlo los que estaban antes, y así desde hace décadas, a pulso, sin plantilla ni mayor guía para colocar las hojas que la certeza que da la costumbre: «La primera vez no fue fácil. Es solo práctica. Cogemos las hojas de aquel árbol -dice señalando hacia el interior del jardín-, que ya no lo podamos para que tenga donde coger. Ahora están un poco blandas, en primavera. Es mejor cuando están algo más tiesas», explica metiendo una hoja dentro de otra para darles consistencia y colocándolas, doblado sobre el parterre, con un punzón con el que hace los agujeros para los adornos en la otra mano. «Los meses ya son más complicados, tienen raíz. Son de ese boje de la rosaleda, o los traemos de los viveros municipales. Y como hay meses con nombre muy corto, pues a esos les ponemos rosetones a cada lado», cuenta de madrugada, mientras enmarca la tierra con una vara.
Mundo trabajó como albañil, estuvo emigrado en Alemania, pero cuando llegó a la ciudad y surgió este trabajo encontró una nueva vocación: «A mi lo de la albañilería nunca me gustó. Trabajaba con mi padre, pero hace 31 años entré como jardinero municipal y ya nunca más. Esto es como ser un labrador curioso, una maravilla», asegura con cierta tristeza.
Sin acuerdo
Lamenta que el conflicto laboral haya terminado sin acuerdo: «Fue por medio día. Pedíamos cuatro días libres por fin de semana trabajado, y nos daban tres y medio. Y es que el fin de semana con el botellón esto es terrible. Están matando el parque, ahogando los árboles con la orina, hemos tenido incidentes con los chavales y no es la primera vez que tengo que ir a recoger las hojas del calendario a la fuente».
Desconfía de que la externalización del servicio vaya a abaratar costes al Ayuntamiento. Pero dentro de su tristeza se reconoce afortunado: «No nos vamos a la calle, simplemente nos cambiarán de destino según nuestra categoría», aclara.
«Es una pena. La gente te felicita cuando te ve poniendo el día, le sacan fotos a algo que has hecho tú... Pero es que no podía ser», sentencia mientras termina de poner las últimas hojas de la madrugada de ayer. Unas hojas que duraron poco, ya que a las 14 horas las retiraron, dejando el calendario sin número: «Es lo que nos han mandado. Hasta el lunes, no hay día».