El Cachumbo, un 600 de A Coruña que se resiste a dejar la carretera

Elena Silveira
Elena Silveira A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

La propietaria del vehículo, que heredó de su padre, sigue utilizándolo casi a diario para hacer recados, despertando miradas, historias y nostalgia a su paso

03 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El Cachumbo no es una reliquia del pasado o un objeto de exposición. Este Seat 600 con matrícula M-640550, del año 1968, aunque parezca sorprendente, es un turismo en activo. Su propietaria, Marta Otero, lo sigue utilizando casi a diario «para hacer recados, para ir a la compra, para andar por la ciudad...». Y aparece por las calles de la ciudad con la misma convencionalidad que lo hacía en los años del La, la, la de Massiel o cuando Julio Iglesias inició su carrera musical con La vida sigue igual. Eso sí, allá donde va, el coche llama la atención. Marta lo resume con una anécdota que se repite, de una forma u otra, cada vez que sale con él. «Un día, cuando mi hija iba en el asiento del copiloto, me preguntó: "¿Por qué todo el mundo me está mirando, mamá?"». Ella, con una mezcla de ternura y sinceridad, le aclaró: «No, cariño. No te miran a ti. Lo que miran es el coche». Porque ver un Seat 600 circulando por las calles de A Coruña en pleno 2026 no es algo habitual. Y, como dice su propietaria, siempre hay alguien que se queda embelesado, contando con nostalgia que tenía uno igual, del mismo color o muy parecido. «Incluso me hablan cuando estoy parada en un semáforo en rojo», cuenta.

Marta explica que su padre le puso el sobrenombre del Cachumbo al coche en cuanto entró en casa. «Mi marido tenía un Mini de color azul con el techo blanco y lo llamábamos El Pitufo... debe de ser ya una tradición esto de poner nombre a los coches», dice sonriendo. El caso es que su 600 sigue funcionando casi como el primer día, aunque ahora es difícil encontrar recambios originales. «Suelen ser de segunda mano, eso sí, a precio de oro. Mantener un 600 es un agujero sin fondo. Yo lo conservo porque es un recuerdo de mi padre, que me enseñó a conducir en él. Y, de hecho, fue el que usé, heredado, cuando me saqué el carné», comenta.

«Si vas en llano o cuesta abajo, puedes alcanzar los 80 kilómetros por hora, pero te arriesgas a una avería»

Dado que el mecanismo y el motor del coche son mucho más sencillos que los actuales, Marta puede arreglar algunas cosas básicas. Pero cuando se complica o aparece un problema muy específico, lo lleva a su «mecánico de confianza. Porque no valen todos los talleres. Es un sistema y un motor sencillo, pero hay que conocerlo y saber hacer reparaciones; no basta con cambiar las piezas», indica.

Su Cachumbo no tiene todas las piezas originales y, según dice, eso le resta valor. «Pero sí, hay gente que me ha ofrecido mucho dinero por él. Sin embargo, por ahora, no lo quiero vender».

Intentos de robos

La bigotera —la parte frontal con la marca del coche— no es la que venía de fábrica; de hecho, la construyó su padre de forma artesanal. Le incorporó los cinturones de seguridad y también los espejos retrovisores. Además, los asientos están retapizados y ahora el coche lleva unas ruedas antirrobo. «Sí, sí. Es que lo intentaron robar varias veces. Nosotros vivíamos en Monte Alto y un día mi padre estaba fumando en la ventana y, de casualidad, vio cómo dos chavales intentaban forzar las puertas. Desde entonces, el 600 nunca más durmió en la calle. Ahora siempre lo hace en un garaje», dice Marta.

En todo caso, cuenta con cierta ironía que los ladrones no llegarían muy lejos, porque el Cachumbo se recalienta cuando pasa de los 60 kilómetros por hora. «Por autopista, evidentemente, ya no lo puedes meter», confirma. Y cuando hace salidas con el club que aúna a los amantes de este modelo de vehículo, realizan paradas cada 100 kilómetros para darle un respiro a los motores. «Si vas en llano o cuesta abajo, puedes alcanzar los 80 kilómetros por hora, pero te arriesgas a una avería». Pero el coche tampoco puede estar parado y su mecánico le recomienda que le dé garbeos asiduamente. «Porque si no circula también se estropea. Ya me dice que hay que cuidarlo y que en cualquier momento habrá que ir despidiéndose de él. Así que... lo que dure», dice Marta con resignación.

«Un día en Melide, como el bus para tardaba muchísimo, nos metimos siete personas dentro»

Le duele pensarlo, porque es el coche de su juventud. En él cabía toda su cuadrilla de amigos. «Me convertí en la taxista del grupo. Un día nos fuimos de fiesta a Melide y, como el bus para volver a casa tardaba muchísimo, nos metimos siete personas dentro. ¿Que cómo? Pues cuatro atrás, yo de piloto, otra en el asiento del copiloto y otro más en el medio. Y cuando necesitaba usar el cambio de marchas, tenía que levantarse», recuerda, consciente de que eso hoy sería imposible y, probablemente, sancionable. «Eran otros tiempos...», certifica.

El Cachumbo no tiene cierre centralizado, ni una sola pieza digital y cuenta con un micromaletero, pero también tiene ventajas. «Con 30 ó 35 euros lleno el depósito. Consume muy poca gasolina, y aparco en cualquier hueco. Eso es lo bueno. Y también que, al ser un vehículo histórico, está exento del impuesto de circulación». Eso sí, alguna multa también se llevó. «¡Por exceso de velocidad! No fue hace mucho, en la zona de Burgos. Iba a 70 en un tramo de 60».