Las obras maestras de Van Gogh, la casa en la que Anna Frank escribió su diario y animados mercados callejeros son algunos de los atractivos de una ciudad de cuento
30 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Para manejarse en Ámsterdam hay que pensar en círculo, y saber siempre en qué canal estás, lo que es sencillo, porque en todas las esquinas hay un rótulo que lo indica. Los vuelos salen y llegan los lunes, miércoles y sábados, por lo que las combinaciones permiten viajes de dos, tres, cuatro, cinco o siete noches. Tres son suficientes para ver lo fundamental. Para los que estén hartos de lluvia, el mejor mes es abril, el de menos pluviosidad según la serie histórica. En cuanto a temperatura, es el sexto más frío, con una media de 7 grados centígrados.
DÍA 1
Los dos principales museos
El vuelo llega a las 11.50 a Ámsterdam. Desde el aeropuerto, la opción más barata es el tren, que te deja con rapidez en la estación central. A su salida, se puede tomar un metro ligero, donde, por cierto, está prohibido hablar por el móvil, lo que dice mucho del carácter civilizado de los holandeses, que son tolerantes (véase Barrio Rojo o coffee-shops), pero siempre respetando al prójimo (que no tiene porque aguantar musiquitas o conversaciones eternas mientras viaja). La red de metro ligero es amplia y cubre todo el centro de la ciudad. Todo un ejemplo para la Xunta, que lleva décadas saboteando el proyecto de tranvía moderno coruñés.
Tras dejar las maletas, hay que buscar con urgencia un sitio donde comer. Los restaurantes italianos son los que suelen prolongar más la hora del almuerzo o la cena. En guías locales gratuitas que se pueden conseguir en hoteles y locales de hostelería, como Entertainment Amsterdam, hay buenas recomendaciones.
Por la tarde se puede ir al barrio de los museos. Juntos están el Rijksmuseum y el Van Gogh. El primero, que alberga la mejor colección de arte holandés del mundo, está en remodelación, pero se pueden contemplar obras maestras como La ronda de noche, de Rembrandt, La lechera, de Vermeer, o los cuadros de género invernal de Avercamp. En el segundo se pueden admirar 550 dibujos y 200 cuadros (entre ellos, Los Girasoles), y ahora hay montada una temporal de Gauguin. Conviene comprar las entradas antes por Internet para evitar las colas. También es muy útil la tarjeta I amsterdam, que ofrece descuentos, y no solo para museos.
La tarde se irá en estas dos visitas, así que lo mejor será ir a descansar al hotel o al cercano Vondelpark, el gran pulmón verde de la ciudad. Antes o después se puede cenar en la cafetería Cobra, que está situada entre los dos recintos culturales.
DÍA 2
Barrio-jardín, tiendas y flores variadas, comida holandesa y, para acabar, horror nazi
La mañana se puede iniciar respirando la tranquilidad del Begijnhof, un pequeño barrio con coquetas iglesias y casas de madera, entre ellas la más antigua de la ciudad (rotulada con el número 34 y que data de 1420). Se accede por dos únicas puertas, que no son fáciles de localizar. También en la Nieuwe Zidje (Nueva Zona) se sitúa la calle Kalverstraat, muy comercial y repleta de tiendas en las que echar la mañana. Tras hacer las compras una opción pintoresca es acudir al Bloemenmarkt, una sucesión de puestos que forman el mercado de flores. Ya es un poco tarde para comprar tulipanes y traerlos a Galicia, informarán allí. Para comer por esta zona se recomienda la calle Spui, donde hay restaurantes de variadas cocinas del mundo (si se quiere sumergir en la gastronomía local, se recomienda el Haesje Claes). Por la tarde toca una de las visitas imprescindibles: la casa en la que Anna Frank escribió su famoso diario. Toda una vacuna contra la intolerancia y la xenofobia. Al salir se recomienda pasear por los canales del entorno (como el Egelantiersgracht) y cenar en algunos de los animados locales de la zona.
DÍA 3
Mercados, Barrio Rojo y marcha nocturna
El día se inicia con un recorrido por la llamada parte vieja. El Waterlooplein es un mercado pintoresco y muy cercano a la casa-museo de Rembrandt, que deberían visitar los políticos locales para darse cuenta del rendimiento que le podrían sacar a la casa Picasso de Payo Gómez. Un paseo entre canales te llevará hasta el Barrio Rojo y sus legendarios escaparates (que no se pueden fotografiar).
Desde ahí se puede coger un metro ligero el mercado al aire libre de Albert Cuypmarkt (abre de 9.30 a 17 horas), donde se concentran más de 300 puestos, y comer los típicos arenques.
Tras el ajetreo, conviene descansar porque llega la marcha nocturna, que se puede disfrutar en Leidseplein, la plaza con más ambiente de la ciudad, o en Rembrandtplein.