La odisea de aparcar entre fecales

A CORUÑA

Las cloacas de Betanzos afloran en los garajes de una céntrica calle. Los vecinos del número 6 y 8 de Rosalía de Castro viven una odisea cada vez que, en épocas de lluvia, tienen que sumergirse en el aparcamiento para recoger o dejar sus vehículos. El motivo es que la deficiente instalación en la red de saneamiento de la acera colindante provoca filtraciones de aguas fecales desde hace aproximadamente un año. El anterior equipo de gobierno tuvo preparadas las tuberías nuevas, pero finalmente, según relatan los vecinos, «optaron por seguir con las que había». Pero aquellas obras de reasfaltado dañaron varias arquetas y agravaron las filtraciones.

El equipo de Protección Civil de Betanzos realiza labores de evacuación casi todos los días. El pasado sábado, con motivo de las últimas lluvias, dedicaron toda la mañana y buena parte de la tarde a retirar el agua maloliente. De hecho, la máquina con la que trabaja el servicio de Protección Civil descansa por las noches en este garaje.

Las quejas y denuncias se han sucedido desde diciembre del 2008 y los presidentes de la comunidad estiman que se acumulan alrededor de medio centenar de escritos entre denuncias dirigidas al Ayuntamiento de Betanzos e incluso al Seprona. «Y ahora van a tener un contencioso», señala Ana Loureda, administradora de la finca.

Pero este garaje es punto de confluencia de cinco portales repartidos por tres calles de Betanzos que forman un triángulo en el callejero brigantino. Así, además de Rosalía de Castro también están afectados vecinos del camino de Cal das Barras y Alexandre Bóveda, en total 82 viviendas.

Son muchos los que se ven obligados a usar botas para acceder a sus vehículos, y los resbalones se suceden, especialmente entre la gente mayor. Además, el agua ha llegado a filtrarse en las cajas de electricidad, dejando sin suministro temporalmente todo el garaje. Pero sin duda la mayor filtración con aguas fecales se produjo en diciembre del 2008, cuando se anegó el hueco de uno de los ascensores.

El problema, además de las molestias nasales y la insalubridad, ha incrementado los gastos de los vecinos. Las comunidades afectadas optaron por recurrir a una pintura especial para adecentar el suelo. Por otro lado, la extracción (con tres motores) entra tres veces al día, sumando un tiempo aproximado de dos horas en cada jornada, lo que incrementa el recibo colectivo del consumo de la electricidad. «Pero lo peor es ver toda esta podredumbre saliendo de las paredes», señala José Crespo, uno de los residentes.