Un puente de categoría

Carlos Fernández

A CORUÑA

El viaducto bergondés de O Pedrido, del que estos días se desprendieron varios cascotes, acaba de cumplir 66 años

19 oct 2009 . Actualizado a las 11:58 h.

A siete columnas y en primera página dio cuenta La Voz, el 16 de abril del año 1943, de la inauguración por Franco del puente de O Pedrido. El vocabulario empleado (órdenes de la censura) era triunfalista: «Gran entusiasmo popular», «Enardecido fervor patriótico», «Delirantes aclamaciones al Generalísimo», «Decenas de embarcaciones llegaron por el río para testimoniar su adhesión y gratitud al Caudillo». A ello se unía un comentario donde se decía, entre otras cosas: «España se ha revalorizado a sí misma y tiene voluntad de Imperio».

El día antes, 14 de abril (aniversario de la proclamación de la República), Franco había inaugurado el ferrocarril A Coruña-Santiago y la estación de San Cristóbal, como principio del trayecto. Entonces, el tren tardaba en hacer el recorrido dos horas, un poco menos que la antigua diligencia llamada La Ferrocarrilana .

La Voz definía al puente como «una formidable obra de ingeniería y un gran exponente de la ingeniería nacional», cuya parte principal tenía una longitud de 520 metros, constando de trece arcos de hormigón armado, de piso superior, de 32 metros de luz de cálculo cada uno, de rebajamiento y directriz parabólica de cuarto grado, situados tres en la margen derecha y 10 en la izquierda.

El tramo principal tenía 75 metros de luz, constando de un arco atirantado de hormigón armado de 12,50 metros de flecha con dos articulaciones y tablero inferior, suspendido mediante péndulas espaciadas 3,65 metros. Los ingenieros autores del proyecto y director de las obras eran César Villalba Granda y Eduardo Torroja Miret.

Inversión

El coste total de las obras (cuya primera subasta pública había salido en el año 1933) fue de 3.742.525 pesetas. Se añadía que el tramo central era el tercero del mundo, siendo el primero el del Lucien Saint, en Túnez, de 92 metros, y segundo el Khel, en Alemania, de 80 metros.

La inauguración tuvo lugar a las seis de la tarde y junto con el Caudillo estaban el ministro de Obras Públicas, señor Peña Boeuf; el capitán general de Galicia, Luis Solans; el gobernador civil, Emilio de Aspe; los jefes de las Casas Militar y Civil de Franco, general Muñoz Grandes y Muñoz de Aguilar; los alcaldes de A Coruña y Betanzos, señores Diego Delicado (interino) y Beccaría, respectivamente, así como la hermana de Francisco Franco, doña Pilar (entonces muy influyente, tanto que se decía popularmente: «El Ferrol es del Caudillo, Puentedeume de su hermana»).

Para dar mayor realce al acto, se había acordado el cierre del comercio en Betanzos y otras villas cercanas, que estaban todas engalanadas.